"Pero, dirán ustedes, los ricos pagan impuestos. Y en efecto, así es. Y
podrían -y deberían, desde el punto de vista del 99,9%- pagar una parte
considerablemente mayor, en vez de optar a todavía más exenciones
fiscales, a pesar de la supuesta crisis presupuestaria, por todas las
cosas magníficas que se supone que hacen.
Así y todo, ¿no es verdad que algunos de los muy ricos se hacen así
de ricos creando innovaciones que son mucho más valiosas para el mundo
que la renta que reciben? Claro que sí, pero si se fijan en quiénes
componen realmente ese 0,1%, es difícil no llegar a la conclusión de
que, en general, a los miembros de la superélite se les paga de más, no
de menos, por lo que hacen.
Porque, ¿quiénes son ese 0,1%? Muy pocos de ellos son innovadores a
lo Steve Jobs: la mayoría de ellos son mandamases de empresas y
embaucadores financieros. Según un análisis reciente, el 43% de la
superélite son ejecutivos de empresas no financieras; el 18% se dedica a
las finanzas, y otro 12% son abogados o están en el sector
inmobiliario.
Y estas no son, por decirlo suavemente, profesiones en las
que exista una clara relación entre los ingresos de alguien y su
aportación a la economía.
La paga de los ejecutivos, que se ha disparado durante la última
generación, la deciden unas juntas directivas nombradas por esas mismas
personas cuyo sueldo establecen; los consejeros delegados que haNo crean cen una
mala labor reciben de todas maneras nóminas espléndidas, y hasta los
ejecutivos fracasados y despedidos a menudo reciben millones según salen
por la puerta.
Mientras tanto, la crisis económica ha demostrado que gran parte del
valor aparente creado por las finanzas modernas era un espejismo. Como
lo expresaba recientemente el director de estabilidad financiera del
Banco de Inglaterra, la supuestamente alta rentabilidad antes de la
crisis sencillamente reflejaba un aumento del riesgo, un riesgo que
corrían no los propios embaucadores, sino los inversores ingenuos o los
contribuyentes, que acabaron cargando con el muerto cuando todo salió
mal.
Y como señalaba mordazmente, "si la creación de riesgo fuera una
actividad con valor añadido, los que juegan a la ruleta rusa
contribuirían desproporcionadamente al bienestar mundial".
Entonces, ¿debería el 99,9% odiar al 0,1%? No, ni mucho menos. Pero
debería hacer caso omiso de toda la propaganda sobre la "creación de
empleo" y exigir que la superélite pague muchos más impuestos." ('Somos el 99,9%', de PAUL KRUGMAN, El País, 11 DIC 2011)
No hay comentarios:
Publicar un comentario