25.4.12

La recesión en algunos países de la eurozona puede convertirse en una depresión, lo mismo que sucedió en los años treinta

" Los mensajes de los participantes en el Foro Ambrosetti resultaban tremendamente sombríos sobre el futuro de la eurozona. En especial, el del economista jefe de Nomura, Richard Koo, que alertaba del riesgo de que Europa acabe como Japón y de la necesidad de dar marcha atrás con la actual oleada de ajustes.(...)
 
Su argumento es que el diagnóstico de la crisis económica por parte de las autoridades europeas es erróneo.

 “Asistimos a una crisis de balances que está forzando un desendeudamiento masivo del sector privado. La clave es que si el sector privado está en un proceso de desapalancamiento, lo último que necesitas es que el Gobierno reduzca su déficit presupuestario”, alertaba Koo.

Así sucedió con Japón en 1997, desde luego. En su opinión, “si el Banco Central tiene los tipos de interés próximos a cero y nada pasa, es que has dejado de estar en un mundo normal”.

En esas conferencias, el más agorero de los economistas, Nouriel Roubini, asentía. “Europa puede ser peor que Japón”, aseguraba. “Japón tuvo una gran recesión y un gran estancamiento, pero nunca tuvo una Gran Depresión. Y la recesión en algunos países de la eurozona puede convertirse en una depresión, lo mismo que sucedió en los años treinta”.

Lo cierto es que las similitudes entre la Europa de la crisis soberana de nunca acabar y el Japón que acumula dos décadas perdidas tras la crisis inmobiliaria en los años noventa son crecientes. En un informe de finales de 2011, los economistas de Nomura ya apuntaban esos paralelismos.

 “En el manejo de la segunda fase de su crisis es cuando Europa se está asemejando mucho a Japón: actúa demasiado tarde, con demasiadas reticencias, de forma demasiado tímida, y sus líderes son lo opuesto a un dechado de confianza y decisión”, subrayaba en ese informe Paul Sheard. Pero hay más.

La crisis japonesa se prolongó más allá de lo razonable por la persistencia de bancos zombis y la incapacidad de las autoridades para llevar a cabo un saneamiento de los balances del sector financiero como vía para garantizar la fluidez del crédito.

Y a eso, como recordaba Koo, no contribuye precisamente el pacto de disciplina fiscal que impone una política de austeridad sincronizada en la eurozona y deja sin recursos a los Gobiernos para sanear definitivamente el sistema financiero.  (...)

“La clave está en combinar tres factores: conseguir que los bancos pongan a valor de mercado sus activos, recapitalizarlos en caso de que fuera necesario y, con ello, lograr que vuelva a fluir el crédito; una política monetaria suficientemente laxa hasta que la economía muestre síntomas claros de solidez, y una política fiscal que reconduzca el déficit estructural al equilibrio, pero en un plazo suficientemente largo para no ahogar la economía. Una política excesivamente miope puede dar lugar a una situación estructuralmente complicada”             (El País, 08/04/2012)

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