"El indicador más frecuentemente utilizado para medir tal confianza de
los mercados son los intereses que el Estado debe pagar para poder
vender su deuda pública. A mayor desconfianza, mayores los intereses, y
viceversa. A mayor confianza, menores intereses.
Pero, ¿quién define los
intereses? La respuesta conforme a la ortodoxia neoliberal es que son
los “mercados”. Pero, como toda ortodoxia, ésta se basa en fe más que en
evidencia.
Ésta muestra que, en general, son las agencias de valoración
de bonos las que, con sus evaluaciones, guían el comportamiento de
tales mercados financieros. En realidad, uno de los instrumentos más
valiosos que tienen las instituciones financieras (tales como los
bancos, las compañías de seguros y los fondos de alto riesgo) que
intervienen en el supuesto mercado, son las agencias de evaluación de
los productos financieros (en inglés Credit Rating Agencies) que, en
teoría, valoran tales productos –como los bonos públicos de los Estados-
y dicen a las instituciones financieras si vale la pena invertir en
ellos o no.
Cuando una de tales agencias valora negativamente los bonos
públicos de un Estado, éste tiene que aumentar los intereses de tales
bonos a fin de hacerlos más atractivos para las instituciones
financieras. Es lo que se llama “recuperar la confianza de los
mercados”. (...)
En teoría, tales agencias podrían justificar su existencia si su trabajo
fuera independiente, objetivo y creíble. Pero no es así, tal como lo
demuestra la evidencia acumulada.
Estas agencias son meros instrumentos
de aquellas instituciones que, en gran parte, las financian. De ahí que
siempre valoren muy positivamente los productos de las instituciones que
les financian (sean bancos, compañías de seguro, u otros) mientras que
valoran negativamente a ciertos productos si ello favorece los intereses
de tales instituciones financiadoras.
De nuevo, la evidencia de ello es
abrumadora. Esto fue reconocido por el vicepresidente de una de ellas,
la famosa Moody’s, que tras dejar la compañía, declaró a la Comisión
Federal de EEUU encargada de analizar las causas de la crisis
financiera, que lo más importante para tal agencia no era la objetividad
en sus estudios del valor de los productos financieros sino la
satisfacción de sus clientes que financiaban tales estudios (citado en
el artículo de John Ryan “Do we need Credit Rating Agencies?” en Social
Europe Journal. 16.03.12). Más claro imposible. (...)
Un tanto semejante ocurrió con la devaluación de los bonos públicos del
Estado francés, valoración que respondía a una campaña encaminada a
penalizar al gobierno francés por su petición de establecimiento de una
agencia pública europea que las sustituyera.
El gobierno español, sin embargo, raramente las criticó.(...)
La evidencia de que tales agencias son meros instrumentos de las
instituciones financieras hace que se haya estado explorando el
desarrollo de agencias públicas de valoración que sean más objetivas y
más creíbles que las actuales. El Parlamento Europeo ya ha recomendado
el establecimiento de tal agencia.
Predeciblemente, la mayor fuerza
opositora procede del capital financiero que las financia y sostiene y,
como no, del Banco Central Europeo que, como he indicado muchas veces,
no es un banco central, sino un lobby de la banca. (...)
Y ello ocurre a pesar de que la motivación política de tales agencias
es obvia si se mira cómo se creó el llamado “problema de la deuda
pública” que se inició en Grecia, cuando el Presidente socialista,
George Papandreu anunció que la deuda pública griega era mayor que la
anunciada por el gobierno conservador anterior.
En teoría, tal
declaración del Sr. Papandreu parecería “haber descubierto” que las
cuentas del Estado no eran correctas. Pero, en realidad, la falta de
credibilidad de las cuentas griegas era bien conocida antes de que el
Presidente Papandreu lo indicara. Ya en 2004, la Oficina de Estadísticas
de la UE –Eurostat-había indicado que las cuentas del Estado griego no
eran creíbles, lo cual no fue obstáculo para que las agencias de
valoración mantuvieran la evaluación positiva de la deuda pública
griega.
Fue al anunciarlo el Presidente Socialista cuando se cambió la
evaluación, pasando a ser negativa, iniciándose la cascada de
valoraciones negativas, primero Grecia, después Portugal, y más tarde
España e Italia.
¿Cómo es que las agencias habían valorado positivamente
la deuda publica de todos estos países y sólo hasta aquel momento se
cambió de valoración positiva a negativa? Y la respuesta es fácil de ver
si uno deja de creer en el dogma liberal. Fue el intento del capital
financiero de crear la crisis de la deuda pública, de cuya especulación
ganó pingües beneficios. (...)
El famoso “problema de la deuda pública” fue y continúa siendo un
problema artificial, creado, en parte, por las agencias de valoración,
para obtener los intereses de aquellas instituciones que las financian.
El hecho de que se haya creado este problema (un problema que es falso)
se debe a que a los bancos les ha ido muy bien con la existencia de tal
problema. Así de claro." (Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 5 de abril de 2012, en www.vnavarro.org, 05/04/2012)
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