"Las ambulancias cobran 0,75 euros por kilómetro.
El copago en el transporte sanitario no urgente es uno de los puntos que
recoge el nuevo real decreto sobre sanidad. Hasta que se reúna el
consejo interterritorial de salud no se sabrá cuánto tendrán que pagar
los usuarios del servicio, que suelen ser pacientes de hemodiálisis,
quimio y radioterapia y los de rehabilitación, como grupos más
importantes.(...)
Actualmente, el transporte en una misma ciudad tiene un precio único que
ronda los 50 euros. La factura del transporte interurbano tiene dos
partes, una especie de «bajada de bandera» de unos 50 euros, más un
coste de 0,75 euros el kilómetro, pero solo se cobra la ida; por
ejemplo, el trayecto entre Lugo y A Coruña ida y vuelta cuesta 50 euros
por el viaje interurbano y 75 (es decir, 0,75 por los 100 kilómetros de
distancia) de kilometraje, lo que hace un total de 125 euros.
Aunque los costes finales que se apliquen al usuario no sean los precios
de mercado, el esfuerzo económico que tendrán que hacer los gallegos
será importante porque las rentas son en general muy bajas." (La Voz de Galicia, 26/04/2012)
«Moitos doentes renais non van poder permitirse pagar o taxi»
Fermín Fernández Losada acude a diálisis desde hace 20 años. Se desplaza
en taxi desde Vilalba junto con otros pacientes a la clínica Braun, con
la que tiene concierto el Sergas. Cree que si bien él puede permitirse
asumir ese gasto, muchos de los enfermos que acuden a las sesiones no
tendrán esa capacidad. «Non é só o taxi, senón tamén as medicinas, que
todos tomamos varias». «Vexo peor -añadió- o que queren facer coas
medicinas que co transporte». (La Voz de Galicia, 26/04/2012)
"Permanecer en las puertas del hospital de Barbanza, en
el municipio coruñés de Ribeira, cuando entran o salen los usuarios de
diálisis -personas que tienen que acudir tres veces por semana al
centro- es encontrarse con una realidad cruda.
Llegan y se van en
ambulancia, en eso que se llama transporte sanitario no urgente.
Generosa, Josefa o Francisca, que peinan canas, necesitan silla de
ruedas para acceder al transporte. Lo mismo que Antonio.
Más suerte
tiene Javier Alonso, que a sus treinta y pico años es de los pocos que
se defienden a pie. Ayer, era el único que estaba bien al tanto de lo
del pago del transporte al que apunta el Gobierno. No le daban las
cuentas: «¿Que fago, se cobro unha pensión e dela vive a miña familia [tiene dos críos y su mujer está en paro], e eu cando saio ás veces estou mareado e non podo conducir?».
Sus palabras, aunque tremendas, no suenan tan
agónicas como las que pronunciaron sus compañeros de viaje en cuanto las
conversaciones en el hospital los pusieron al tanto del recorte que
acaba con la gratuidad de su ambulancia.
Generosa, de Boiro, y con
ochenta años, decía: «¿Que máis querería eu que non vir
aquí? Non se pode depender dos familiares para que te traian, isto é moi
duro. Mellor morrer que pagar a ambulancia». Así de contundente.
Estas palabras sonaban casi idénticas en la
ambulancia aparcada justo detrás, que al mediodía se disponía a llevar a
varias usuarias de diálisis a Porto do Son y distintas aldeas de
Ribeira:
«Que nos dean cunha legoña na cabeza. Así o digo, que nos dean e acaben con nós, que case é mellor», indicaba una mujer. Otra contaba que cobra 500 euros y que no puede pagar «nada, nada máis». Y, así, una lista de quejas. O más bien palabras de impotencia. Y desesperación. De mucha desesperación." (La Voz de Galicia, 26/04/2012)
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