"Aviso que son heterodoxas, que es posible que haya
algo de mala leche subyacente en ellas, que incluso atenten en última
instancia contra mis principios liberales y alarguen la agonía de un
Estado que se ha merecido morir de esta manera, pero hoy tengo el punto
pragmático, que le vamos a hacer.
¿De dónde puede extraer la Hacienda
Pública ese dinero?
Empecemos con los naming rights que, salvo que alguien me corrija podemos asimilar a patrocinio.
Recientemente ha habido murmullos por el hecho de que la estación de
metro de Sol de Madrid haya cambiado de nombre temporalmente.
Ha añadido
el del producto de un patrocinador privado cobrando sus euros por ello.
Desde aquí doy la la bienvenida a Sol Galaxy Note y estoy encantado de que esto suponga un ingreso sin sangrar al contribuyente por enésima vez.
Pero, entre nosotros, me sabe a poco. Apostaría por la vía del patrocinio para edificios oficiales, incorporaría publicidad en los sobres de las comunicaciones administrativas,
y si me apuráis hasta en los propios impresos. Se me ocurren
asociaciones marca-impresos de alto valor añadido. Si, aquí reconozco
pasarme un poco de frenada y prefiero no dar ideas más concretas.
Pero, sobre todo, aplicaría este modelo a las nuevas calles y parques (que,
desgraciadamente, no abundarán): todo vial público nuevo, todo espacio
público urbanizado sin nombre debería sacar a concurso su patrocinio.
Alguno dirá que vivir en la calle Movifone de Leganés no mola, pero así
evitábamos las peleas de los políticos por colocarnos a sus corifeos en
las placas, nos asegurábamos que no las cambiarían cada dos por tres
(con los costes que nos supone a los particulares) y quizás ingresábamos
un pelllizco considerable.
Quien quiera homenajear a alguien, general, actriz o referencia espiritual, que lo haga con dinero de su bolsillo." (El blog salmón, 21/04/2012)
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