"La ruina de Irlanda es asunto por completo distinto. Juega aquí también
la torpeza de la clase dirigente y de la clase política, pero impulsada
no sólo por la ignorancia, sino también por la petulancia.
Los
irlandeses, que jamás habían destacado por su talento económico, se
encontraron de repente con unos crecimientos exponenciales y en lugar de
sospechar que algo no casaba, lo atribuyeron al genio nacional. El
virus identitario cegó por completo a los dirigentes irlandeses.
El
primer ministro, Bertie Ahern (famoso por haber dicho aquello de que
“Lehman’s es un pulpo internacional que tiene testículos por todas
partes”), es la cabeza de turco de una sociedad que se lanzó a comprar y
vender su propio país de manera enloquecida sin dudar ni un momento en
la inspiración financiera que les iluminaba en gaélico.
Como dice Lewis,
nunca rumiaron que de ser muy pobres habían pasado a ser muy ricos sin
haber sido nunca normales. A los escasos críticos que osaban preguntar
por esta anomalía se les acusaba de odiar a la nación. Hoy el riesgo de
inversión en Irlanda es similar al de Irak." (Félix de Azúa: Las churras y las merinas, El País, 02/05/2012)
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