"Las políticas de austeridad que el gobierno alemán presidido por la
canciller Angela Merkel está imponiendo a los países periféricos de la
Eurozona, llamados en el mundo anglosajón Gipsy (Grecia, Irlanda,
Portugal, España e Italia) les está llevando a un desastre (no hay otra
manera de definirlo). (...)
En realidad, un objetivo clave de las
políticas de austeridad impuestas por la administración Merkel a los
países periféricos y a sus gobiernos es forzarles a que paguen lo que
deben a los bancos alemanes.
De continuar estas políticas de austeridad, la propia banca alemana puede quedar afectada muy negativamente. Tal realidad es ignorada por aquellos columnistas de los mayores medios de difusión que, un tanto frívolamente, sostienen que el gobierno Merkel quiere “expulsar” a Grecia del euro.
De continuar estas políticas de austeridad, la propia banca alemana puede quedar afectada muy negativamente. Tal realidad es ignorada por aquellos columnistas de los mayores medios de difusión que, un tanto frívolamente, sostienen que el gobierno Merkel quiere “expulsar” a Grecia del euro.
Ahora bien, la persistencia de las
políticas de austeridad, a pesar del riesgo que ello suponga para la
banca alemana, tiene también grandes beneficios para ésta. Es decir, la
enorme crisis de los países periféricos está beneficiando a la banca
alemana y al Estado alemán que, bajo el gobierno Merkel, está muy
influenciado por, no sólo la banca, sino también por los sectores
industriales exportadores alemanes que crecientemente exportan a países
fuera de la zona euro. (...)
Existe así un flujo de capitales hacia
el sistema financiero alemán, resultado de la crisis de los países
periféricos de la Eurozona.
Un tanto semejante ocurre en el sector
industrial. Como señala el economista alemán Frank Hoffer, el deterioro
de la industria automovilística de los países periféricos, como Fiat,
afecta positivamente a la industria automovilística alemana, como
Wolkswagen.
De ahí que las políticas de austeridad contribuyen al enorme
dominio del capital financiero e industrial alemán y del Estado alemán,
lo cual, a la larga, tendrá un coste político elevado, pues tal dominio
se está estableciendo a costa de los demás países que están resistiendo
tales imposiciones.
El caso de Grecia es un ejemplo de ello. De ahí el
renacimiento de los nacionalismos, tanto alemán como anti-alemán, que
pueden romper la propia Unión Europea. (...)
De ahí que figuras alemanas que han mostrado su compromiso con el
proyecto europeo, tales como los ex cancilleres del gobierno alemán
Helmut Schmidt y Helmut Kohl, hayan criticado a la canciller alemana por
anteponer los intereses empresariales alemanes por encima del proyecto
europeo, pudiéndolo destruir.
No ocurrirá una III Guerra Mundial, pero
sí que podría ocurrir que la UE y no sólo el euro, desapareciera. Pero
no sería la desaparición del euro (en contra de lo que se dice, no está
en peligro su supervivencia) la que destruiría la Unión Europea, sino
que sería la desaparición de la UE la que crearía la desaparición del
euro." (Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 17 de mayo de 2012, en www.vnavarro.org, 17/05/2012)
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