"El ahorro previsto por el Gobierno en su decreto sanitario
para prestaciones como las prótesis —700 millones— puede ser escaso
comparado con el golpe que, dicen, sufrirá un colectivo, el de las
personas con discapacidad, ya acostumbrado a perder. Los responsables de
las organizaciones que los representan aseguran que la pérdida de poder
adquisitivo que entraña para ellos la reforma dará un tiro mortal a la
todavía precaria integración de estas personas: integración social y en
el mercado laboral.
Hay quien asegura que para los más vulnerables, un
nuevo ahogo económico en estas circunstancias podría devolver al
encierro en sus casas a aquellos que ya se habían atrevido a salir a la
calle con su silla de ruedas, coger un autobús, comprar el pan...
A pesar de ello, son los jóvenes los que estaban, después de muchos años
de estigma, sacando la cabeza. Una mayor formación les estaba lanzando
al mercado laboral. “Pero no, parece que tenemos que volver a la
mendicidad”, dice airado Javier Font, presidente del CERMI en Madrid.(...)
“Están desmantelando el Estado de bienestar, pero deben saber que lo
que dejen de gastar por un lado lo gastarán por otro, porque está
demostrado que a menor gasto sanitario, mayor gasto social. Algunos de
los afectados se plantearán volver con sus pensiones a casa y optar a
las ayudas a las que tendrán derecho en el área social, una vez
abandonado el trabajo”.
El colectivo, dice, es de rentas bajas, a pesar de que pueden sumar (siempre con la variedad a la que acostumbra España) un salario a sus pensiones de incapacidad. “Esto les complicará los ingresos, el terreno ganado en el ámbito laboral, pero también, que no lo olviden, la calidad de vida conquistada”. Para ejemplificar esto último baste un ejemplo, el que presta con nombre y apellidos, que no siempre es fácil, por aquello del estigma, Estela Cerezo:
“Tengo 36 años, un marido que acaba de salir del paro y dos hijos. Nací con un fémur más corto que el otro y mi pierna va metida en la ortoprótesis. Hay prótesis más baratas, pero la mía cuesta 7.000 euros; solo el pie son 3.000 porque puede meterse en un zapato plano y en uno de tacón. Echen un vistazo a los escaparates...”. El pie más caro que financia el catálogo son 300 euros y ella tiene 36 años: quiere sandalias, tacones... “Echen un vistazo a los escaparates”. (...)
El colectivo, dice, es de rentas bajas, a pesar de que pueden sumar (siempre con la variedad a la que acostumbra España) un salario a sus pensiones de incapacidad. “Esto les complicará los ingresos, el terreno ganado en el ámbito laboral, pero también, que no lo olviden, la calidad de vida conquistada”. Para ejemplificar esto último baste un ejemplo, el que presta con nombre y apellidos, que no siempre es fácil, por aquello del estigma, Estela Cerezo:
“Tengo 36 años, un marido que acaba de salir del paro y dos hijos. Nací con un fémur más corto que el otro y mi pierna va metida en la ortoprótesis. Hay prótesis más baratas, pero la mía cuesta 7.000 euros; solo el pie son 3.000 porque puede meterse en un zapato plano y en uno de tacón. Echen un vistazo a los escaparates...”. El pie más caro que financia el catálogo son 300 euros y ella tiene 36 años: quiere sandalias, tacones... “Echen un vistazo a los escaparates”. (...)
A todo esto hay que añadir que uno no compra una silla de ruedas para
siempre, mucho menos una pierna ortopédica, menos aún si se es pequeño y
hay que ir adaptándola al crecimiento... “Y hay que hacer pruebas y más
pruebas hasta que todo encaja perfectamente, ya les aseguro que no es
agradable...
En vez de ir a mejor estamos yendo a peor, con esos aparatos antiguos del catálogo y sin tener en cuenta la vida actual. Y ahora, encima, acabarán cobrándonos más. Yo exijo, es mi salud, no es solo estética”, zanja Estela Cerezo. (...)
En vez de ir a mejor estamos yendo a peor, con esos aparatos antiguos del catálogo y sin tener en cuenta la vida actual. Y ahora, encima, acabarán cobrándonos más. Yo exijo, es mi salud, no es solo estética”, zanja Estela Cerezo. (...)
Cierto. No es en absoluto descartable que el ahorro que se consiga se
pierda por los nuevos gastos en salud, porque estas personas, a poco que
abandonan sus cuidados o no dispongan de los aparatos más modernos, ven
su salud resentida. (...)
Las sillas de ruedas son, quizá, el asunto más espinoso. Son caras,
sí, pero quienes las usan necesitan también cuidados más delicados.
“Tuve polio con siete años, pero anduve hasta los 55. Ahora tengo 60 y
los brazos desgastados. Los que vamos en silla de ruedas necesitamos
ponernos en pie, aunque sea una hora al día, porque, si no, viviremos
menos, nuestros órganos necesitan que nos pongamos de pie.
Yo lo hago, con dos bitutores en las piernas, con botas especiales, y hay quien necesita un elevador. Y los corsés. Si no tenemos todo esto, viviremos menos, es así de sencillo”, dice después de haber desgranado una serie de precios de varios ceros cada uno.
Yo lo hago, con dos bitutores en las piernas, con botas especiales, y hay quien necesita un elevador. Y los corsés. Si no tenemos todo esto, viviremos menos, es así de sencillo”, dice después de haber desgranado una serie de precios de varios ceros cada uno.
Riu asegura que no atender estos requerimientos sanitarios se pagará
en diálisis, por ejemplo, cuyo transporte también está incluido en el
nuevo cajón del copago... “Confío, y no sé por qué, en que rematen todo
esto con un poco de criterio, que piensen en que hay personas detrás de
todo ese supuesto ahorro.
Esas personas necesitan esas cosas porque, si no, se morirán y eso será”, dice con dureza y sin pelos en la lengua, como siempre, “un homicidio inducido por el Estado de bienestar”. (El País, 27/04/2012)
Esas personas necesitan esas cosas porque, si no, se morirán y eso será”, dice con dureza y sin pelos en la lengua, como siempre, “un homicidio inducido por el Estado de bienestar”. (El País, 27/04/2012)
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