10.6.12

El principal objetivo del Gobierno Rajoy consistía en evitar la intervención exterior de la economía española. Fracasó... veamos ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

"El principal objetivo del Gobierno Rajoy consistía en evitar la intervención exterior de la economía española. Fracasado ese intento, ahora se entra en una nueva fase política  (...)

En primer lugar, el Ministerio de Economía (Luis de Guindos), que por primera vez en la historia de las crisis contemporáneas...  El principal objetivo del Gobierno Rajoy consistía en evitar la intervención exterior de la economía española. Fracasado ese intento, ahora se entra en una nueva fase política...  Y lo ha hecho rodeado por los grandes banqueros (Botín, González, Fainé…) que le han servido de asesores: la zorra en el gallinero. (...)

... el Banco de España, hasta ahora con gran prestigio institucional, que ha sido marginado, desacreditado y silenciado, sobre todo en la última y más importante fase de la crisis bancaria: la nacionalización de Bankia. Con un gobernador (Miguel Ángel Fernández Ordóñez) demediado por el ministro de Economía en la solución de las dificultades de la cuarta entidad financiera del país, y estigmatizado por los dirigentes del PP como el mejor culpable posible para intentar difuminar la responsabilidad de los gestores de Bankia, tan ligados a la historia del partido que gobierna (Rodrigo Rato, el autor del milagro económico de la era Aznar, y Miguel Blesa, el amigo del anterior presidente, que llegó a la cúpula de Bankia sólo por esa amistad, virgen de anteriores responsabilidades financieras) y de las comunidades autónomas más intervencionistas en algunas de las tropelías urbanísticas que han puesto contra las cuerdas a las dos mayores cajas de ahorro que conformaron el banco (Madrid, con Esperanza Aguirre, y la Comunidad Valenciana de Francisco Camps). (...)

De todos estos factores, el que hasta ahora ha jugado un papel más determinante ha sido la explosión de una burbuja inmobiliaria que al menos duró una década: entre los años 1997 y 2007 la construcción creció al ritmo de un 5% anual. En esos años el parque de viviendas aumentó en 5,7 millones de casas, casi el 30% del total existente, y la revalorización del precio alcanzó un 191%. 

En 1998 la construcción suponía casi el 14% del empleo global en España, el doble que en Alemania y cinco puntos más que en el Reino Unido. Ese año, el Gobierno Aznar aprueba una ley del Suelo que multiplica la exuberancia irracional del sector de la edificación: todo el suelo se declara urbanizable salvo que esté expresamente prohibido. 

Se favorece un boom extraordinario de la construcción y de las compraventas relacionadas con la misma. Pero no en el sentido en que defendió el PP (aumentará el número de pisos y, por tanto, bajarán los precios de los mismos) sino en el especulativo: se adquirían viviendas no porque fuesen baratas sino porque eran caras y en el futuro lo iban a ser más. 

La especulación desencadenó la continua recalificación municipal de los terrenos, los ayuntamientos engordaron sus arcas, y algunos ediles encontraron el modo de llenar con facilidad y escaso control sus bolsillos particulares, como luego se ha comprobado. La responsabilidad del PSOE fue no pinchar esa burbuja y cabalgar —sobre todo en su primera legislatura— a lomos de la opulencia.

Los efectos de esa política económica y del modelo económico del ladrillo han llegado con retraso, pero con especial intensidad al corazón del sistema financiero. (...)
 La diferencia en este caso respecto a los anteriores es que la explosión de la burbuja ha dado lugar a una crisis global y sistemática, que está afectando a los sistemas financieros y a las economías reales de todo el mundo. Conviene recordar estos orígenes en el tiempo del rescate."        (El País, 09/06/2012, Joaquín Estefanía)

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