"Será clave asimismo que el Gobierno no reincida en los errores cometidos durante el proceso previo. El principal fue la improvisación y la grandilocuencia a la hora de encauzar la crisis de Bankia. La pólvora del rey que Luis de Guindos ofreció a José Ignacio Goirigolzarri en forma de “todo el dinero que haga falta”, fue alegremente recibida por este, que lógicamente pidió el oro y el moro.
Solo ese fútil episodio multiplicó el coste de la resolución de la crisis bancaria —muchos se aprestan a pedir lo mismo que el banquero de Bankia— y deberá figurar en el medallero eterno del ministro. (...)
La más socorrida es la responsabilidad de la herencia recibida: en su formulación más graciosa, la de Mariano Rajoy el 5 de junio, “el desaguisado que nos hemos encontrado”, como si Bankia o la CAM las hubiera dirigido el príncipe Kropotkin. Pero cuando no es la herencia, o el Banco de España, o quién sabe quién, la flecha va hacia Europa: se la responsabiliza de todo, porque aquí ya se ha cumplido con todo, y se macera así a Bruselas como gran candidata a chivo expiatorio si las cosas salen mal. Ahí es donde surgen los funambulistas “hombres negros” de Cristóbal Montoro.
No insistan mucho por esta vía, que a lo peor los vigilantes, paganos y socios se incomodan. Ni aventuren que el formato del rescate es una “victoria” de los tercios de Rajoy sobre Bruselas, porque se trata de un rescate suave: estaba previsto y configurado en la normativa comunitaria del Fondo desde la cumbre del 21 de julio pasado. (...)
El gran drama de la economía española consiste en que la demanda interna difícilmente despegará durante varios años, porque antes debe resolver dos problemas. Uno es la evaporación de 5,1 puntos del PIB, y del 6% de los empleos totales, a causa del adelgazamiento de la construcción residencial entre 2007 y 2011, como indica el trabajo preparatorio del profesor Josep OIiver para un documento del nuevo think tank EuropeG (próximamente en www.europeg.com). Y es un sector de empleo intensivo al que no se ha encontrado sustituto, ni siquiera voluntarista.
El otro es el exceso de endeudamiento, de 1,47 billones, y la consiguiente urgencia de desapalancarse, según algunos, en 500.000 millones de euros, según otros en unos 300.000 millones: el desapalancamiento privado se ha reducido en el último cuatrienio solo a un ritmo muy moderado, del 172% al 166% del PIB.
Difícilmente fluirá pues más crédito o aumentará mucho la demanda solvente del mismo, pues a quien adeuda mucho, le queda menos para gastar o invertir. El único alivio frente a la atonía del consumo público y de las empresas y las familias es el sector exterior. La exportación aguanta, y ha aportado en los últimos años una media de dos puntos de crecimiento al PIB.
Si todo eso es así, se abren dos escenarios. Uno es un calvario para digerir la fiesta gastadora —sobre todo privada—: una larga recesión o estancamiento, en un entorno de atonía europea y de fracaso en romper la exclusividad de la consolidación/austeridad fiscal en la UE, que desembocaría en más ajustes, y más radicales, tanto públicos como privados. El dilema en ese horizonte es el carácter rápido o pausado del ajuste, y su aceptabilidad social.
El otro escenario es el del milagro: la economía europea se relanza gracias a la combinación del saneamiento de las finanzas públicas con una agenda de estímulo al crecimiento que facilite disparar las exportaciones. Y ese mecanismo despertaría las energías apagadas de la economía y la sociedad españolas. " (El País, 09/06/2012, XAVIER VIDAL-FOLCH)
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