"P. La inyección de fondos que requiere Bankia ha
desbordado las previsiones del Gobierno sobre las necesidades de la
banca. ¿Tiene capacidad España para asumir esa cantidad o debe acudir al
fondo de rescate europeo?
R. En Irlanda, pero también en Estados Unidos cuando
cayeron Fannie Mae y Freddie Mac, hemos visto cómo una crisis bancaria
se convierte en una crisis de deuda pública, porque las deudas que
estaban en manos del sector privado pasan al público. Lo que me preocupa
mucho es que España quiere hacer el saneamiento sin realizar quitas.
Hay que tener en cuenta que la posibilidad de repago de la mayoría de
deudas no es del 100%, sino de una fracción por la caída en los precios
de los bienes raíces. España, como otros países avanzados, tiene un
problema serio: todavía no acaba de reconocer abiertamente la magnitud
de las quitas que se deben hacer en la deuda de las instituciones
financieras.
P. ¿Sugiere una reestructuración de la deuda privada?
R. En la resolución de varias crisis de deuda de
países emergentes hubo ventas por liquidación, con descuentos enormes en
los activos. No es un proceso bonito, pero sí eficaz para reducir la
deuda privada. En España todavía estamos muy cautelosos, demasiado
tentativos en admitir la necesidad de este tipo de recortes en la deuda
privada para reflejar el valor de mercado de los activos.
P. El Gobierno ha exigido solo este año unos saneamientos por 84.000 millones a la banca española. ¿Eso es insuficiente?
R. Yo hablo de la necesidad de cortar y revaluar los
niveles de deuda que existen. Todavía hay mucha resistencia, y cuando
eso ocurre, el Gobierno va asumiendo poco a poco las deudas privadas a
precios sobrevalorados, es decir, a precio de libro y no de mercado. Y
así no resuelve el problema privado, sino que lo transfiere al sector
público.
P. ¿Esa reestructuración no aceleraría la salida de capitales?
R. La van a tener de todos modos. La cuestión es si
con mayor o menor rapidez. Cuando se disfraza el problema para hacerlo
menor de lo que es, la fuga tal vez no es tan rápida, pero sigue, porque
no hay un regreso de la confianza.
Desafortunadamente, en España, como
en casi todos los países avanzados, saben que las deudas son enormes y
que los precios de los activos no van a regresar a los niveles
precrisis, pero no quieren aceptar abiertamente el recorte necesario.
Cuanto más tarden en admitir esas pérdidas, más largo será el proceso de
recuperación." (El País, 04/06/2012)
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