"Para el profesor Manuel Villoria "el problema no es el número", argumenta para EcoDiario.es.
"El problema del político español, especialmente ahora con la crisis,
es cómo mantener a los suyos". "En el fondo -mantiene-, lo que sobran
son políticos pagados con los fondos públicos.
La gran mayoría de los representantes de las tres administraciones españolas cobran del erario púlbico. "Apenas hay unos pocos, concejales de pueblo que trabajan desinteresadamente y que incluso les cuesta dinero
desempeñar sus cargos", recuerda el catedrático de Ciencia Política de
la Universidad Juan Carlos I, uno de los mayores expertos en corrupción
política.
En España, distingue, "hay dos clases de dirigentes. Unos que trabajan por la política; otros que lo hacen para la política". (...)
Las críticas a la preparación de nuestros políticos están al orden del día. Para el profesor Villoria, miembro de la organización no gubernamental Transparencia Internacional,
nuestros dirigentes "tienen cada vez mejor formación, pero es verdad
que muchos de ellos no han hecho otra cosa que hacer política.
Y lo veo mal -insiste-. Sería bueno que antes de llegar a la cosa pública hubieran cotizado en la Seguridad Social y demostraran una experiencia profesional", matiza. (...)
Decepcionado quizás, Villoria está convencido -como recientemente afirmaba el sociólogo José Luis Sanchís-
de que aquí "existen mecanismos causales que se han consolidado, de
manera que los actores implicados, políticos, solo encuentran
incentivos".
Así pues, "perviven estructuras
clientelares -denuncia este conocedor de la calidad de los servicios y
políticas públicas-. Especialmente en las locales y autonómicas, que son
menos profesionales que las del Estado. En el fondo -rescata las tesis
sociedad-ciudadanía-, somos nosotros los que esperamos que sea así.
Queremos que ganen los nuestros para esperar recompensas como un puesto
de trabajo", manifiesta. "Y aunque ahora es más difícil contratar a
alguien por razones económicas, asistimos al verdadero problema del
político español, que es, cómo no echar a los suyos", puntualiza. (...)
Por desgracia, "en nuestro país no existe rendición de cuentas. De ahí
las corruptelas. Solo cabe esperar que la Ley de Transparencia limita a
los políticos y que la excepción no se haga regla, si bien las
responsabilidades -remacha- se dirimen en las urnas". (El Economista, 13/06/2012)
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