" Desde enero hasta comienzos de mayo de 2012, el mensaje repetido hasta
la saciedad era más o menos este: “Gracias al billón de euros que
recibieron en préstamos en dos etapas (diciembre de 2011 y febrero de
2012) por tres años, al 1 % de interés de parte del BCE, las
instituciones financieras privadas son capaces de hacer frente a las
dificultades de los Estados en materia de deuda soberana, por lo tanto,
los mercados financieros reencontraron la calma y las Bolsas están en
alza después de un año particularmente deprimente. (...)
El mes de mayo de 2012 nos trajo un feroz desmentido. Efectivamente, se
vio muy claro que los bancos privados no habían saneado sus cuentas
totalmente, que no cambiaron un comportamiento de alto riesgo ni sus
dirigentes no perdieron el apetito de bonus y primas. Los banqueros
consideran que los poderes públicos siempre estarán allí para
rescatarlos.
Los rescates bancarios con el dinero público continúan. La
depresión se prolonga. La deuda pública aumenta debido al efecto
combinado de los rescates y de la depresión. El chantaje de los mercados
financieros respecto a los eslabones más débiles de la zona euro vuelve
con nuevos bríos. (...)
El caso español es emblemático ya que demuestra que la crisis no tiene
su origen en la deuda pública generada por un Estado social demasiado
gastador. En 2007, en el momento en que la crisis estalló en Estados
Unidos y antes de que España fuera arrastrada, la deuda pública española
sólo representaba el 36 % del Producto Interior Bruto.
España era una
de las mejores alumnas de la zona euro con un nivel de endeudamiento
público netamente inferior al 60 % prescrito por el Tratado de
Maastricht, su saldo presupuestario era positivo (+1,9 % del PIB
mientras que Maastricht imponía un saldo negativo máximo del 3 %).
La
deuda pública española representaba sólo el 18 % de la deuda total del
país. Por consiguiente, no hay que buscar la responsabilidad en la deuda
pública puesto que la crisis que afecta a España ha sido directamente
provocada por el sector privado: el inmobiliario y el de crédito. (...)
Entre los 800 bancos europeos que se endeudaron con el BCE por un
billón de euros (1 000 000 000 000 €), numerosas entidades (entre las
que están los bancos más grandes) tiene de nuevo problemas de liquidez o
los tendrán dentro de poco tiempo, y presionan al BCE para reproducir
el mismo tipo de operación con préstamos a tipos de interés bajos
(inferiores a la inflación) y por un plazo bastante largo.
Mientras que toda la atención de la opinión pública está dirigida
hacia la deuda pública acumulada en los Estados, la fuente principal de
la crisis está constituida por el estado de los balances de los bancos
privados (y de las grades aseguradoras). Acumularon enormes cantidades
de deuda |2|, con el fin de financiar las operaciones de alto riesgo que
producen pérdidas descomunales. Dichas pérdidas se originan a medida
que los contratos sobre productos estructurados y otros activos tóxicos
llegan a su vencimiento.
La lección que podemos sacar es que, ahora más que nunca, es
necesario reivindicar la expropiación de los bancos y su transferencia
al sector público bajo control ciudadano. Se debe rechazar los costosos
rescates que aumentan principalmente la deuda pública sin resolver de
manera duradera la crisis bancaria.
No sólo la expropiación debe hacerse
sin indemnizar a los grandes accionistas (pero sí a los pequeños) sino
que el coste del saneamiento de las cuentas de las instituciones
expropiadas debe ser recuperado mediante sus patrimonios totales (ya que
en general tienen patrimonios que van mucho más allá de los bancos)." (Attac Madrid 28/06/2012, Eric Toussaint)
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