3.9.12

Todavía queda camino antes de que las autoridades europeas pongan fin a la destructiva ingeniería social y al daño colateral que causa a la economía mundial

"Los mercados de valores mundiales y los mercados de bonos europeos se recuperaron a fines de julio en respuesta a tres palabras de Mario Draghi, jefe del BCE: que el BCE haría “lo que fuese” para proteger el euro. (...)

¿Qué significa todo esto para la gente de la calle en la Eurozona, en España -donde la tasa de desempleo acaba de alcanzar la cifra récord del 24,6%- en Asia, África, América Latina o incluso los Estados Unidos? Significa que el BCE siempre ha tenido, y tiene, el poder de poner fin a la crisis inmediata de la Eurozona, pero se ha negado a hacerlo. 

Y no por las razones económicas generalmente aceptadas -como es la intranquilidad sobre la deuda soberana o la inflación- sino porque se ha negado a poner fin a la crisis por una razón nefaria: para forzar a las economías más débiles de Europa a aceptar una agenda política regresiva, lo que incluye recortes en los salarios mínimos y las pensiones, el debilitamiento de las leyes laborales y la negociación colectiva y la reducción de los servicios que presta el Estado.

El BCE y sus aliados temieron que si hubiesen estabilizado estos mercados de bonos, su apalancamiento sobre los países periféricos se reduciría. De modo que, durante más de seis meses, el BCE se ha negado a comprar bonos españoles, lo que haría bajar la rentabilidad, como lo hizo en las crisis similares el año pasado. 

Esto constituye un sucio juego de la gallina, porque el BCE obviamente no quiere llegar a un punto en que la crisis esté fuera de control.

Con sólo tres palabras, Mario Draghi hizo bajar la rentabilidad de los bonos españoles e italianos y la caída seguía el viernes [27 de julio] cuando Hollande y Merkel emitieron una declaración conjunta -que se interpretó como un apoyo a Draghi- de “hacer todo para proteger” el euro.

El bono a 10 años español que sirve de benchmark [técnica que mide el rendimiento] está ahora a más de un punto porcentual de su récord de la semana pasada, del 6,6%. Esto es todavía demasiado alto, pero se han disipado los temores de que el bono alcanzara los niveles en que España ya no pudiera pedir prestado en los mercados privados, como ocurrió en Grecia, Irlanda y Portugal.

Está claro que los mercados han exagerado la probabilidad de que España pudiera suspender pagos. España tiene alrededor de 94 mil millones de euros de deuda prorrogable al año próximo, de modo que incluso si tuviera que pedir prestado con los tipos de interés tan altos como hoy, no se incrementaría significativamente la carga de la deuda. También podría pedir prestado a corto plazo. 

España paga actualmente en torno al 2,4% del PIB en concepto de intereses sobre la deuda pública, lo que es bastante razonable.

En realidad, son las acciones de los especuladores en los mercados financieros las que han llevado la rentabilidad de los bonos españoles a estos niveles. Pero el BCE lo permitía para conseguir sus propósitos políticos. 

 Lo que hizo Draghi ayer fue informar a los especuladores que su apuesta contra estos bonos podría ser doble; es decir, podrían perder dinero cuando intervenga el BCE. (...)

En menos de 24 horas, el banco central alemán echó una jarra de agua fría sobre la declaración de Draghi al oponerse a la compra de bonos soberanos. Aunque es el país más poderoso de la Eurozona, el Bundesbank no puede necesariamente vetar una decisión tomada por el Consejo del BCE, de 23 miembros. 

Pero Alemania tiene mucho peso y su oposición indica que la lucha seguirá entre los dirigentes de Europa sobre cuánto hará el BCE para contener la crisis actual. (...)

Todavía queda camino antes de que las autoridades europeas pongan fin a la destructiva ingeniería social y al daño colateral que causa a la economía mundial."      (Mark Weisbrot, The Guardian,  Jaque al neoliberalismo,06/08/2012)

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