"Si es pobre, por algo será. Si le van mal las cosas, es que no se ha
esforzado suficiente. Como una lluvia fina, el pensamiento que
culpabiliza al pobre por ser pobre y al parado por no encontrar trabajo
va calando en el discurso político. Es en realidad el reverso del
ideario del liberalismo económico, que entroniza la figura del
emprendedor como modelo social y sitúa la competitividad como motor de
cualquier progreso.(...)
Aunque pocas veces se expresa abiertamente, el desprecio por quienes
necesitan ayudas públicas acaba aflorando. A veces de forma inoportuna,
como le ha ocurrido al candidato republicano Mitt Romney. Sugerir que casi la mitad de los norteamericanos son parásitos sociales
ha arruinado su carrera a la presidencia de Estados Unidos.
Otras, de
forma estridente, como cuando la diputada Andrea Fabra lanzó en el
Congreso de los Diputados aquel burdo “que se jodan”
en el momento en que se debatía recortar prestaciones a los parados. Y a
veces sibilinamente, como cuando el diputado Josep Antoni Duran i
Lleida afirmó que mientras los payeses catalanes lo pasan mal, en otras
partes de España “hay campesinos que pueden quedarse en el bar de la plaza y continúan cobrando”.
Estas palabras no son inocentes. “El relato que se hace de lo que
ocurre es determinante porque contribuye a construir el marco conceptual
que servirá de referencia a la hora de valorar lo que ocurre”, explica
Montserrat Ribas, profesora de la Universidad Pompeu Fabra
y coordinadora del grupo de investigación sobre Estudios del Discurso.
Si en ese relato se introduce la idea de que los parados y los pobres
son parásitos, es presumible que cuando se decidan recortes en las
prestaciones, estos no encuentren resistencia entre quienes no sufren
esa situación." (El País, 05/10/2012)
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