4.11.12

¿Cuál será la capacidad de resistencia de las familias que son la red última de seguridad para evitar la caída de millones de personas en la exclusión social?

"Cuando uno contempla la realidad económica y social española y de ahí amplía su mirada y la dirige hacia la de los pueblos portugueses o griegos no puede dejar de hacerse algunas preguntas incómodas:

 ¿hasta cuándo serán capaces de aguantar tanto sufrimiento?

 ¿Cuál será la capacidad de resistencia de las estructuras familiares que, en estos momentos, son la red última de seguridad para evitar la caída de millones de personas en la exclusión social? 

¿Merecen acaso dichos pueblos la tragedia que están sufriendo cuando han vivido y siguen viviendo en un entorno marcado, precisamente, por su grado de desarrollo y la amplitud de sus estructuras de bienestar social? 

¿En qué momento entenderán que esta crisis solo admite soluciones de ruptura y que toda propuesta reformista que no entre de lleno a las razones de la crisis está abocada a prolongar el sufrimiento? 

Y en el momento en el que entiendan esto último, ¿cuál será su reacción frente a una clase política que ha borrado de su vocabulario, y no digamos de sus políticas, el concepto de dignidad? (...)

De repente, la crisis económica erosionaba el principal pilar de la legitimidad de la clase política española: el acceso al consumo.

 Mientras que la renta y los niveles de vida de la población fueron en aumento y éstos se asociaron tanto al advenimiento de la democracia como a la incorporación a la Unión Europea y, posteriormente, en la Unión Monetaria nadie quiso cuestionar la pantomima democrática que, desde los tiempos de la Transición, se ha vivido en España. 

La mejora de las condiciones económicas, aún a pesar de su desigual distribución, alejaba cualquier posibilidad de cuestionamiento del orden político y ha tenido que ser el deterioro de las mismas el que ha abierto la caja de Pandora.

De repente, una ciudadanía desideologizada y despolitizada, adormecida por la condición de nuevos ricos generada al calor de la burbuja inmobiliaria, descubría, con su estallido, que había entregado la soberanía popular a una clase política que actuaba en connivencia con los poderes económicos y en contra de sus representados; descubría que sus condiciones de vida dependían, en última instancia, de la política y no, como les habían hecho creer, de las leyes del mercado y su capacidad de posicionarse en el mismo; descubría, paulatinamente, la distinción entre la Política en mayúsculas y la clase política en minúsculas.

El proceso no ha sido ni fácil ni ágil. Para muchos fue el descubrimiento de las asambleas, del respeto a la palabra ajena, de la importancia de la argumentación, de lo complicado que resulta la propuesta en positivo frente a la crítica en negativo.
 En gran medida, para la gran mayoría ha supuesto el nacimiento a su condición de seres políticos que, aún en pañales, contemplan con ingenuidad el mundo que les rodea y las formas de transformarlo."           (Alberto Montero, 25/10/2012)

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