"De repente suena el timbre de la puerta y el mundo se acaba. O se
extingue la vida cuando la humillación y el desespero se hacen
insoportables. Como le ocurrió a Juan en l'Hospitalet en noviembre del
2010. O a Isabel, minusválida, en Málaga en julio pasado. O al joven en
Las Palmas hace un mes.
O a José Miguel en Granada dos días después. O a
Amaia Egana en Barakaldo hace una semana, el suicidio que más impacto,
tal vez porque era amiga de Patxi López. Retahíla individual que hace un
drama colectivo, de vidas destrozadas y niños en la calle. (...)
Pero además se trata de culpar a las víctimas: ¿por qué firmaron?,
dícese. El libro de Ada Colau y Adrià Alemany, Vidas hipotecadas, que se
encuentra en la red, proporciona datos y explica el mecanismo. La
burbuja inmobiliaria se cebó con una política económica irresponsable
favoreciendo la construcción sin mesura y el crédito con intereses
variables y sin controles de solvencia.
Aznar inició la burbuja con la
ley del suelo de 1996 y Zapatero no cambió nada porque compartían el
modelo de crecer y crear empleo sin crecimiento de productividad. Y como
los alquileres eran caros y escasos, la gente fue receptiva a la
seducción de los financieros en quienes confiaban y que les fueron
colocando, siguiendo órdenes de arriba, hipotecas de alto riesgo,
acciones preferentes y otras lindezas cercanas a la estafa.
Todo se
sostenía sobre la hipótesis infundada de crecimiento eterno, los precios
de vivienda subirían siempre y la gente tendría trabajo para pagar. La
mitad de los desahuciados está en paro hoy día, y aunque el 36% tiene
contrato laboral, un 30% no pudo asumir el pago por el aumento de la
cuota, y otro 20% atribuye el problema a una separación: daños
colaterales de vidas que se programan financieramente olvidándose de la
vida.
La iniquidad de un modelo financiero-inmobiliario que succiona a sus clientes y luego los desahucia se acentúa en España en contraste con Europa y EE.UU. por una ley de 1909 que no se cambió y que es una ley de préstamo, no de hipoteca en el sentido internacional.
La iniquidad de un modelo financiero-inmobiliario que succiona a sus clientes y luego los desahucia se acentúa en España en contraste con Europa y EE.UU. por una ley de 1909 que no se cambió y que es una ley de préstamo, no de hipoteca en el sentido internacional.
En
otros países, cuando no puedes pagar pierdes la casa y punto. Pero aquí
te quitan la casa, la valoran en un 60% del precio, aumentan gastos
legales y te endeudas para siempre. Y se hace difícil encontrar trabajo,
alquilar un piso o pedir crédito. Se crea una subclase social y una
subhumanidad psicológicamente dañada.
La intransigencia de entidades financieras para condonar deudas y aceptar la dación como pago definitivo tiene explicación: la devaluación de sus activos inmobiliarios en una situación en que están siendo rescatados por las instituciones europeas.
La intransigencia de entidades financieras para condonar deudas y aceptar la dación como pago definitivo tiene explicación: la devaluación de sus activos inmobiliarios en una situación en que están siendo rescatados por las instituciones europeas.
Escándalo: la quiebra de parte del sistema
financiero exige el rescatar a los bancos de sus deudas a condición de
no perdonar las de sus clientes que ellos hicieron quebrar. (...)
Soluciones legales y técnicas existen, aunque todas pasan por una
modificación de la ley Hipotecaria, con medidas especificas de carácter
retroactivo. Lo que no soluciona el problema en ningún caso es la
moratoria extremadamente restrictiva que ha promulgado el Gobierno.
Pero la reforma de la vivienda dependerá en último término de lo que
pase en la sociedad, porque sólo la presión ejercida desde la calle y
desde los suicidios ha obligado a los políticos a hacer algo, aún
cosmético.
Las plataformas de afectados no sólo son movilizaciones
defensivas, están empoderando a la gente, tomando conciencia de sus
derechos y compartiendo sus experiencias. Y el conjunto de la sociedad
está entrando en liza: jueces, abogados, financieros éticos,
farmacéuticos, médicos, cerrajeros, policías están negándose a colaborar
en los desahucios, mientras ofrecen ayuda legal.
El Sindicato Unificado
de Policía ha ofrecido apoyo legal a aquellos policías que se nieguen a
intervenir en los desalojos. El alcalde de Zaragoza ha ordenado a la
policía local que no actúe en desahucios. El alcalde de Vigo cancela
contratos con bancos que ejecuten desahucios.
Tal vez esta indignación
social pueda llegar hasta aquellos financieros con valores éticos, que
los hay. Que entiendan que este es el momento de decidir si quieren
recuperar confianza de la sociedad o acabar en el basurero moral de la
historia." (Manuel Castells, La Vanguardia, 17/11/2012)
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