"... leemos que el Fondo Monetario Internacional (FMI) lleva unos meses
advirtiendo de que las políticas de austeridad generan contracción
económica y aumento del desempleo.
Una afirmación de esta naturaleza se
basa en la observación de lo que está sucediendo en la Unión Europea,
pero sobre todo en un estudio, al que hace referencia Krugman en su
libro ‘¡Acabad ya con esta crisis!’ (Crítica, 2012), de investigadores
del FMI en el que han identificado no menos de 173 casos de austeridad
fiscal, en los países avanzados, durante el periodo comprendido entre
1978 y 2009.
La constatación fue que las políticas de austeridad
conducían a lo que ya hemos dicho, esto es, a la contracción económica y
el aumento del desempleo.
Lo más grave, sin embargo, se produce cuando el prestigioso
macroeconomista y economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, tiene que
reconocer que se han equivocado en el cálculo del multiplicador fiscal a
la hora de estimar las consecuencias que una reducción del gasto
público tiene sobre la actividad económica.
Los efectos son mucho más
negativos que los que habían establecido en un principio, lo que explica
la fuerte contracción económica que está teniendo lugar y que afecta en
gran medida a países como España. ¿Y ahora qué? Cabría preguntarse
cuando gran parte de los daños causados ya están hechos.
Resulta escandaloso y vergonzoso que un organismo como el FMI, que
tiene gran legión de economistas muy bien retribuidos, se equivoque en
una estimación de estas características, lo que lógicamente tiene que
llevar a pedir responsabilidades, sobre todo cuando una de las fuentes
de financiación del FMI proviene de las cuotas de los países miembros, y
que en definitiva pagamos los ciudadanos.
Esto sin haber mencionado los
elevados sueldos y pensiones que se embolsan los principales
responsables de esta institución, fundamentalmente el director gerente.
¿Por qué se les paga tanto? cabe preguntarse, ¿por equivocarse en la
mayor parte de las ocasiones?
No deja de ser una paradoja que sean los
ciudadanos que con sus impuestos financian en gran parte a esta
institución, los que a su vez sean las víctimas de sus recomendaciones
de política económica. De esto saben, y mucho, las gentes de los países
subdesarrollados.
Un error de esta naturaleza pone en cuestión, además, el prestigio de
la profesión de los economistas, que ya se encuentra en gran parte
desacreditada. No sería justo considerar, en todo caso, que este
desprestigio debe afectar a todos los economistas, pues como saben muy
bien los seguidores de esta publicación los que intervenimos en ella
hemos sido críticos con las políticas de ajuste puestas en marcha por la
Unión Europea y avaladas por el FMI.
No todos los economistas se
encuentran en el error, aunque sus opiniones no sean tenidas en cuenta
por los que toman las decisiones.
A los que, no obstante, se dejan seducir por determinados perfiles
académicos de economistas españoles que publican en medios de
comunicación influyentes, sobre todo cuando son profesores de
universidades extranjeras y de prestigio, hay que decirles que no se
obnubilen por ello, sino que atiendan al rigor de sus explicaciones.
En
la mayor parte de los casos, lo que se evidencia, a medida que
transcurre la crisis, es su incapacidad para comprenderla por ser,
además, prisioneros de unas ideas económicas erróneas que no son capaces
de vencer.
Así nos va, de error en error, propiciados por los grandes
dirigentes políticos, las élites empresariales, y por economistas
influyentes en el poder. Todo esto conduce al desastre y a una situación
que resulta a todas luces escandalosa." (Sistema Digital, Attac España, 15/01/2013, Carlos Berzosa)
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