"–¿Cuáles son las consecuencias de que el ajuste que se está
llevando a cabo en países periféricos de la Unión Europea represente un
porcentaje tan alto del PBI?
–Los programas de ajuste duros, blandos y moderados que están
aplicando los países periféricos más Bélgica, Holanda y Francia afectan
más del 60 por ciento de la economía europea. Es decir que tenemos dos
tercios de la economía europea con políticas prorrecesivas, que no
estimulan el crecimiento.
Sólo queda un tercio de la economía europea
tratando de tirar de toda la locomotora europea. En economías como la
española, el déficit por cuenta corriente no se está resolviendo porque
estemos exportando más –aunque un poco más estamos exportando–, sino
porque la actividad económica interna está prácticamente en estado de
encefalograma... con lo que las importaciones caen brutalmente.
Lo que
se estaba importando de Alemania, Holanda u otros sitios ya no se
importa porque no hay actividad productiva. Esto genera que los dos
tercios de la Eurozona profundicen la crisis y necesariamente terminen
arrastrando a todas las economías, porque estamos todas conectadas en un
mismo proyecto pero sin los instrumentos que nos permitirían compensar
los desequilibrios de una y de otra.
–¿Cree que la insistencia en políticas “prorrecesivas” parte
de una convicción de los gobernantes o en realidad hay otros intereses a
nivel de la Unión Europea que impiden –más o menos explícitamente–
modificar el sentido de estas políticas?
–Yo no creo que la austeridad tenga motivos políticos, me parecería
grave encontrarme a mí mismo pensando que las políticas del Norte son
para castigar nuestro “excesivo gusto por la fiesta” (el feriado) frente
a su ética protestante y calvinista del trabajo, por decirlo de alguna
manera.
Creo que la austeridad se impone como un mecanismo para cumplir
dos objetivos encubiertos.
El primero es que, al aplicar programas de
austeridad donde se va imponiendo progresivamente la privatización de lo
público, hay capitales privados que encuentran en la privatización de
esos servicios públicos un nicho de rentabilidad en un entorno en el que
las tasas del capital en Europa están cayendo de forma importante.
En
el desmantelamiento del Estado de Bienestar –jubilación, educación y
pensiones– encuentran una fuente de rentabilidad. Y eso ayuda a que los
planes de austeridad se llamen “privatización”.
Porque lo que se
privatiza son los bloques rentables, nadie compraría una empresa pública
quebrada, ésa te la quedas y ves qué haces con los trabajadores.
–¿Por qué en España finalmente decidieron no privatizar el servicio de agua?
–No es que (esa decisión) haya sido una victoria de la movilización
popular, sino que no encontraron a nadie que lo viera rentable. Sólo se
privatizan educación, sanidad, prevenciones y aeropuertos.
El segundo
objetivo encubierto es que las políticas de austeridad están orientadas
a... por ejemplo, la reforma del artículo 135 de la Constitución es un
claro ejemplo.
–¿En qué sentido?
–En el sentido de que se nos dice: “El Estado puede hacer con los
presupuestos lo que les dé la gana, pero lo primero es pagar los
intereses de la deuda”. Es una política orientada a desmantelar el área
del Estado de Bienestar social y mantener, al mismo tiempo, los pagos de
los intereses y la deuda.
En los presupuestos generales del Estado de
este año se destina más presupuesto al pago de los intereses de la deuda
que al pago de funcionarios públicos. No se imponen políticas de
austeridad para decir: “Vamos a establecer un tope al pago de la deuda
porque entendemos que eso supone una transferencia de renta desde los
ingresos de los ciudadanos hacia el sector financiero”.
La austeridad se
impone siempre sobre determinadas partidas y no sobre otras.
–¿Como cuáles?
–Por ejemplo, sobre las pensiones tenemos una ofensiva, con el
argumento de que “la sociedad española está envejeciendo y por tanto hay
que reformar el sistema de pensiones porque es insostenible”.
Y uno
piensa: como el ingreso de las pensiones depende de los ingresos de las
cotizaciones de la seguridad social de los trabajadores, por un lado, y
de la partida de gastos de los pensionistas, por el otro; y si hay mucho
desempleo y las cotizaciones bajan y, al mismo tiempo se sigue
manteniendo la tendencia de la jubilación, pues claro, hay que corregir
esto porque hay un desequilibrio presupuestario. Entonces uno cree que
es razonable.
Pero cuando se miran otras partidas presupuestarias, como
el ejército, allí no hay cálculo de ingreso y beneficio, porque se
plantea que hay que tener un ejército y lo tenemos que pagar entre
todos, sea el gasto que fuere. Es una lógica perversa que aplicamos en
función del resultado que queremos tener, porque la lógica de la
austeridad también podríamos llevarla a la partida de deuda pública." (Alberto Montero Soler, Página12/28/01/2013)
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