24.1.13

La clase media portuguesa en riesgo de extinción

"Miles de familias, desesperadas por no tener medios para pagar su alimentación y sus cuentas fijas, han debido recurrir a instituciones de caridad. Muchas veces lo hacen a escondidas ante el fenómeno cada vez más frecuente de la "pobreza avergonzada".

Las instituciones de solidaridad social como las privadas Caritas y el Banco Alimentario denuncian que el trago amargo de la pobreza incluye un alto índice de suicidios, producto de la desocupación y el endeudamiento con los bancos.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas, una quinta parte de los portugueses vivía en 2012 con menos de 478 dólares por mes, en un país donde el salario mínimo legal es de 14 sueldos por año, de 644 dólares mensuales.

En junio de 2012, un año después de la intervención del país por la troika formada por la Unión Europea (UE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo, reaparecía en Lisboa la "sopa de los pobres", que en los años 50 brindaban instituciones católicas.

Ahora, regresaron las largas filas de personas en espera de recibir en centros asistenciales la única comida caliente del día.

En muchas escuelas del país, los maestros relatan casos dramáticos, de mareos y desmayos de niñas y niños de clase media, porque no tenían nada para desayunar en sus hogares y escondían el hecho para evitar ser confundidos con los más pobres.

A todos los niveles etarios de la sociedad se registran casos de una clase media que no acepta el hecho, al parecer irreversible, de alejarse cada vez más de una clase media-alta a la que pretendieron aproximarse en las últimas dos décadas.

El efecto, estiman los expertos, es exactamente el contrario. Inmersa en una montaña de deudas que no logra pagar, la clase media está cada vez más cerca de la más baja, que ya constituye 24,4 por ciento de los 10,6 millones de portugueses, más de dos puntos por encima de 2009.

El Instituto Nacional de Estadísticas sitúa en la clase media a aquellos cuyos ingresos oscilan entre 768 y 2.660 dólares, en un país donde la mitad de la población no gana más de 932 dólares. Oficialmente, a esa clase pertenece en torno a 60 por ciento de los portugueses.

"En Portugal, la pobreza ya se está transformando en paisaje", dijo a IPS el joven João Pedro da Fonseca, un desocupado que tras una década de bonanza, regresó a casa de sus padres y vive gracias a sus miserables pensiones, "con pocas esperanzas de encontrar trabajo y regresar a su oficio de técnico electricista especializado en generadores.

Sin trabajo desde hace 11 meses y sin subsidio de desempleo, este lisboeta de 29 años estima que "este es solo el comienzo de una larga jornada de miseria, una crisis terrible de la que no soy responsable, provocada por los grandes señores de siempre".

Marina Oliveira, una psicóloga de 26 años sin trabajo desde hace 13 meses, recordó a IPS que en una crisis, en cualquier parte del mundo, "la miseria solo llama a la puerta de los más necesitados".

Ella sobrevive gracias a la ayuda de sus padres "hasta poder emigrar y tratar de cumplir los sueños que tenía, lo que lamentablemente no va a ser posible en mi país, porque toda esta pobreza va a aumentar más todavía, con nuevas medidas para pagar lo que nos prestó la troika", acotó.(...)

 En el Centro de Empleo de un barrio de Lisboa, un hombre que ronda los 40 años pasa sus días engrosando la larga fila de desempleados en busca de "cualquier trabajo que me ofrezcan, porque estamos pasando hambre con mi hija de 12 años".

Aceptó hablar con IPS bajo anonimato "porque me gustaría decirle algunas verdades y, si doy mi nombre, seguro que nunca me darán un trabajo".

Tampoco reveló su profesión, limitándose a señalar que "tuve la mala idea de licenciarme en la universidad al pensar que sería una garantía para el futuro, pero aquí estoy, dispuesto a aceptar cualquier cosa".

"En Portugal se ha instalado el miedo, que está creciendo gracias a políticas vergonzosas, donde los que aun tienen trabajo, andan agradeciéndole al patrón todos los días, ante el temor de ser despedidos y empezar a hacer parte de nuestro grupo, el de los nuevos pobres".              (Mario Queiroz, IPS, Rebelión, 24/01/2013)

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