Una estatuilla de San Precario durante el desfile del Euromayday en Milán, el uno de mayo de 2007
"¿Conocen la parroquia de San Precario? Incluso sin ayuda serían
capaces de encontrarla y el día que así sea, tendrán motivos de sobra
para caer en la desesperanza.
En la parroquia de San Precario no tiene cabida la esperanza. La
mayoría de sus feligreses trabaja por un salario mísero para garantizar
que el alto clero mantenga sus privilegios. Ese alto clero que ha
cambiado la teología por la economía.
Las cifras de crecimiento se veneran en la parroquia de San Precario.
De hecho, siempre hay excedente de presupuesto. ¿Cómo es posible? Es
simple, bajen los salarios. Y sobre todo, prohíban la solidaridad.
Acaben con todas las cargas sociales que había que pagar en el pasado a
los jubilados egoístas, a los parados vagos y a los enfermos
imaginarios. Larga vida a esa minoría privilegiada. (...)
Pero no crean que la parroquia de San Precario es fruto de la
imaginación desbordante de un poeta melancólico. Existe de verdad. En
Milán, en 2004 se produjo la primera procesión que ensalzó la imagen de San Precario.
Lo sorprendente fue que el cortejo estaba compuesto únicamente por
jóvenes, recién licenciados, nuevos miembros de la sociedad activa,
nuevos parados. Jóvenes que imploraban clemencia a los pies de San
Precario. (...)
Mi tesis es la siguiente. La crisis económica y financiera que desde
hace ya cuatro años sufre Europa se utiliza para destruir los
fundamentos de la civilización europea, el Estado de bienestar y la
democracia.
¿Pero quién lo hace? La Comisión Europea y el Banco Central Europeo,
pero también el Consejo de Ministros y, fuera de Europa, el Fondo
Monetario Internacional, aunque se puede percibir que existe una lucha
feroz sobre qué orientación adoptar en el seno de esta última
institución. Además, en un gran número de Estados miembros de la Unión,
los políticos se comportan como misioneros que difunden el mensaje
destructor obcecados por su celo religioso.
El número de fieles aumenta. Día a día. En España, en Portugal, en
Grecia y en Italia se comprueba cómo el tipo de economía que dejamos
crecer ahoga a la juventud. (...)
Las élites gobernantes han rechazado unilateralmente su gran pacto
tácito con el ciudadano. Y consistía en lo siguiente: la clase dominante
puede amasar tantas riquezas como quiera, mientras el ciudadano lambda
se gane su pan y se beneficie también de una razonable seguridad social.
Este pacto se ha roto. (...)
Los mercados financieros ya no parecen tan feroces desde que Draghi
consiguió que el consejo de administración del banco aprobase comprar títulos de deuda de los Estados
en dificultad a través del Mecanismo Europeo de Solidaridad (MEDE) para
hacer bajar los intereses que pesan sobre las obligaciones de dichos
Estados. ¿Quién se sorprende todavía de que los países que necesitan
este apoyo se vean obligados a arrastrarse, de que la democracia ceda su
puesto a la tecnocracia?
Pero hay otro elemento a tener en cuenta. La decisión del BCE supone
la creación de dinero. Resulta casi cómico que Mario Draghi, si llegamos
a eso, pondrá en funcionamiento la plancha de imprimir billetes. Y yo
que siempre había pensado que ese tipo de cosas eran para gente como Mobutu. (...)
También los ciudadanos pacíficos y trabajadores sienten que su
corazón se encoge de angustia, ciudadanos que no desean otra cosa que un
modesto lugar en que vivir, tener hijos y un salario que les permita
vivir decentemente con su familia. Pero ni siquiera nos conceden eso,
tratan de robarnos esa pequeña felicidad, nos encaminan a golpe de
látigo hacia la iglesia de San Precario.
Un trabajo pagado a un precio equitativo, una pequeña casa, una
familia. Es lo que yo denomino deseos racionales. Pero parece que
únicamente tiene derecho a la existencia una racionalidad, la
racionalidad económica que impone que la gente busque siempre sacar el
máximo beneficio en su provecho. (...)
Que haya paz en el hogar, en el jardín y en la cocina, esa ambición
contenida pero mantenida democráticamente sólo ha sido posible gracias a
uno de los mayores logros de la civilización europea. Y me refiero al
estado de bienestar o, simplemente, a la seguridad social.
Debemos calificar sin duda alguna de joya de la corona europea a la seguridad social que Bélgica, Suecia, Francia,
Países Bajos y, hasta hace poco, Alemania han venido construyendo
desde el siglo XIX y especialmente durante los años de la posguerra.(...)
Si como dice Draghi en el Wall Street Journal
el modelo social de Europa ya ha desaparecido y el tradicional contrato
social del continente se ha visto superado, la cabeza visible del BCE
se autodenomina a sí mismo como enemigo de la civilización europea.
Draghi pertenece al alto clero de la parroquia de San Precario." (Geert van Istendael, Presseurop, 15 enero 2013,NRC Handelsblad
Amsterdam)
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