"La naturaleza de este proceso es de una gravedad y una profundidad que
nadie preveía. La esperanza de que pudiese haber algún tipo de cambio de
trayectoria no era una esperanza que hubiese desaparecido.
En estos
momentos, la profundidad del desastre y la evidencia de que se trata de
un cambio de larguísima duración, que puede continuar y tener unas
consecuencias catastróficas, es una evidencia muy clara.
–Un proceso que empezó en Estados Unidos pero que acaba llegando a Europa, sostiene.
–Quería explicar los procesos por los que esto ha ido avanzando, la ocupación de la política por los intereses económicos, que es cada vez más visible. Solo hace falta ver cuál ha sido la reacción de los estados europeos ante la crisis bancaria. Excepto en Islandia, se ha optado por preservar todo lo posible el sistema.
–Un proceso que empezó en Estados Unidos pero que acaba llegando a Europa, sostiene.
–Quería explicar los procesos por los que esto ha ido avanzando, la ocupación de la política por los intereses económicos, que es cada vez más visible. Solo hace falta ver cuál ha sido la reacción de los estados europeos ante la crisis bancaria. Excepto en Islandia, se ha optado por preservar todo lo posible el sistema.
Está claro que aquí no había
ningún problema de deuda pública hasta que no han asumido la deuda
bancaria. El siguiente paso es la privatización del Estado mismo, el
proceso de vender a los ciudadanos, y el establecimiento de un sistema
represivo eficaz. Debemos darnos cuenta de que esta no es una situación
temporal de la que se saldrá.
A lo mejor habrá ciertos elementos de
crisis que se paren, aunque de momento los síntomas, por ejemplo en
Inglaterra, no son estos. Pero incluso si saliéramos de la crisis, el
mundo en el que usted vivirá no será el mundo en el que habrá vivido
antes de ella, sino que habrá cambiado profundamente.
–Empieza diciendo que en ningún lugar está escrito que las cosas tengan que ir mejor. Pero acaba citando a dos autores que mantienen que la única oportunidad es que el sistema no resista que las cosas vayan aún peor.
–Para mí, la reflexión como historiador va más lejos. Fuimos educados en la idea de que la historia era una narración de progreso continuado, pero comienzas a ver que esta historia no era verdad, que hay progresos y descensos y que todo está vinculado básicamente a la capacidad de lucha que hay en cada momento determinado para exigir unos derechos sociales.
–Empieza diciendo que en ningún lugar está escrito que las cosas tengan que ir mejor. Pero acaba citando a dos autores que mantienen que la única oportunidad es que el sistema no resista que las cosas vayan aún peor.
–Para mí, la reflexión como historiador va más lejos. Fuimos educados en la idea de que la historia era una narración de progreso continuado, pero comienzas a ver que esta historia no era verdad, que hay progresos y descensos y que todo está vinculado básicamente a la capacidad de lucha que hay en cada momento determinado para exigir unos derechos sociales.
Que las cosas vayan a peor no es imposible. La única cosa que podría
dinamitar esto es que se llegara a un momento en el que se tuviera miedo
a que un estallido social profundo pudiera poner en peligro las reglas
del juego, como en los años 70 y 80 desempeñó el papel de la amenaza de
la URSS a la hora de hacer posible la subversión del sistema.
Lo que
pasa es que este está bien preparado para evitarlo. Tiene unos recursos
crecientes de información y capacidad para atacar y desmontar el tipo de
protesta que se puede producir.
–¿Y ese miedo no existe ya hoy?
–Se ha acabado una época, la de la vieja política más o menos socialdemócrata, en la que las cosas se negociaban. Es difícil darse cuenta de hasta qué punto durante 200 años ha habido efectivamente unos miedos que han justificado que quienes tenían los recursos en sus manos se aviniesen a negociar. Eran unos miedos irracionales. Pero eran miedos.
–¿Y ese miedo no existe ya hoy?
–Se ha acabado una época, la de la vieja política más o menos socialdemócrata, en la que las cosas se negociaban. Es difícil darse cuenta de hasta qué punto durante 200 años ha habido efectivamente unos miedos que han justificado que quienes tenían los recursos en sus manos se aviniesen a negociar. Eran unos miedos irracionales. Pero eran miedos.
Ahora, la exigencia a la gente para que se baje los sueldos se
está convirtiendo en una cosa sistemática. Se ha acabado negociar. Han
decido que las cosas tienen que cambiar y que vamos a un proceso de
crecimiento de la desigualdad." (Entrevista al historiador Josep Fontana, Ernest Alós, El Periódico, Rebelión, 04/03/2013)
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