17.3.13

Alemania y sus elecciones, de nuevo, imponen duras condiciones: a cambio del rescate, los depositantes chipriotas deben correr con parte de la factura

"Todas las crisis financieras agudas desprenden el mismo olor, un característico aroma nauseabundo que se cuela por todas partes. (...)

La economía más pequeña del euro —apenas el 0,2% del PIB de la eurozona— creció un rotundo 4% anual durante la década anterior a la crisis. Tenía un desempleo bajo y una deuda pública moderada. 

Pero durante esa época amasó gigantescos desequilibrios: un enorme déficit exterior (solo superado por el de España), un rápido crecimiento del crédito (que remite de nuevo a España), una burbuja inmobiliaria gigantesca (¿España?) y un sector financiero hipertrofiado, manchado con dinero sucio, y muy expuesto a Grecia. 

Cuando Lehman Brothers se llevó por delante los días de vino y rosas, los activos de los bancos suponían ocho veces el PIB de Chipre y la vivienda acumulaba un encarecimiento del 60% desde 2006. (...)

 Hasta que, en fin, la burbuja internacional pinchó aquel otoño de 2008. Y Grecia se hundió en mayo de 2010. En ese momento comenzaron de veras los problemas de Chipre, con robustos vínculos económicos y políticos con Atenas. (...)

Las cosas ya iban de mal en peor: en diciembre de 2011, Chipre solicitó un primer rescate a Rusia, de 2.500 millones. Nicosia y Moscú tienen extraños nexos: el anterior Gobierno era comunista, buena parte del sector turístico de la isla depende de Rusia y, sobre todo, de los casi 70.000 millones en depósitos que hay en los bancos chipriotas, en torno a 20.000 millones son de extranjeros, mayoritariamente rusos; Rusia ha usado la isla como lavandería de dinero negro durante años.

 Pese al crédito ruso, la economía ya estaba en caída libre y los bancos seguían sufriendo los rigores del pinchazo inmobiliario, de la crisis financiera y del hundimiento de Grecia. (...)

A mediados del año pasado, Chipre solicitó ayuda a la UE.  (...)

El acuerdo se precipitó ayer y deja alguna sorpresa mayúscula. Y el temor a que se reproduzca el mal de Grecia: una huida de capitales de la isla —que lleva meses produciéndose: empezó con los primeros rumores de una posible quita a los depositantes, mil veces negada— y el efecto contagio hacia la banca de la periferia. 

Alemania y sus elecciones, de nuevo, imponen duras condiciones: a cambio del rescate, los depositantes deben correr con parte de la factura, incluso los que tienen menos de 100.000 euros en la cuenta.

Se busca que el contribuyente europeo se rasque menos el bolsillo y que Rusia costee una parte. Pero esto es terra incognita: la zona euro se dotó de un sistema de garantía de depósitos cuando estalló la crisis para evitar ver esas típicas colas de la Gran Depresión en las sucursales. 

Ese escudo salta ahora por los aires, en lo que supone un peligroso precedente para futuras crisis. Y puede que en un detonador para reavivar los problemas actuales en el Sur.

Lo bueno es que esta vez no se han impuesto quitas a la deuda: la UE refuerza la idea de que Grecia es un caso único. Lo malo es que Chipre se convierte en otra excepción: se abre la veda para que en futuras crisis la factura la paguen los depositantes."        (El País, 17/03/2013)

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