"La Renta Básica, la creación de empleo público y el fin de los
desahucios son las tres reclamas de las decenas de personas acampadas
frente al servicio público de empleo.
El 20 de febrero tras una protesta contra el paro y por Renta Básica
frente al Servicio Extremeño Público de Empleo de Mérida, varios
manifestantes se plantaron con tiendas de campaña alrededor del
edificio. Ya llevan 29 días en lo que se conoce como Acampada Dignidad.
Las exigencias de la acampada son tres: la Renta Básica de las Iguales,
entendida como un derecho para todas las personas en paro que no
reciben ninguna ayuda (unas 70.000 en Extremadura), la creación de
25.000 empleos públicos para reactivar los servicios públicos y el cese
de los desahucios con carácter retroactivo.
El actual presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago
(PP), ha rechazado reunirse con los acampados, que así se lo habían
solicitado, para hablar de la situación de la comunidad. (...)
También se acercó el expresidente Fernández Vara, a “pedir perdón por no haber hecho nada cuando estaba en el gobierno” (textualmente) y “a ver qué le pedían los acampados”. Alguno le pidió “la disolución del PSOE y menos hipocresía”.
Muchos vecinos participan en las asambleas que se realizan cada tarde,
en las que se tratan los asuntos internos de la acampada y las próximas
acciones. También se realizan talleres y ha surgido un proyecto de
instalación de una red libre, abierta y neutra en Mérida, con intención
de dar cobertura de servicios básicos de internet y promover el acceso
al conocimiento de las nuevas tecnologías, sumándose a la iniciativa guifi.net Abel,
uno de los acampados, explica que “en la acampada se estableció desde
el primer momento un grupo que se dedica a la búsqueda de economías
alternativas por internet.
Hemos llegado a la propuesta de establecer
una red inalámbrica para los ciudadanos en Mérida saltándonos directamente el monopolio de las operadoras,
porque la infraestructura de la red pertenece a todos los usuarios y la
estamos pagando con los impuestos”.
En cuanto mejore el tiempo, las
acampadas quieren hacer un ciclo de proyecciones al aire libre y un
concierto. También están grabando su documental sobre el campamento y
quieren crear un comedor social en el barrio. (...)
Muchos vecinos participan en las asambleas que se realizan cada tarde,
en las que se tratan los asuntos internos de la acampada y las próximas
acciones. También se realizan talleres y ha surgido un proyecto de
instalación de una red libre, abierta y neutra en Mérida, con intención
de dar cobertura de servicios básicos de internet y promover el acceso
al conocimiento de las nuevas tecnologías, sumándose a la iniciativa guifi.net Abel,
uno de los acampados, explica que “en la acampada se estableció desde
el primer momento un grupo que se dedica a la búsqueda de economías
alternativas por internet. (...)
A nivel local, la Acampada Dignidad ha abierto diversos frentes. Dos
días después de que comenzara, se creó una plataforma ciudadana para
evitar desahucios, con motivo de una charla de la PAH de Badajoz. Así, a
finales de febrero se paró el primer desalojo de una familia
hipotecada.
Hasta entonces, el BBVA se había negado a negociar con el cliente.
A la semana siguiente los integrantes de la acampada llevaron a cabo
una “ruta de la estafa inmobiliaria” –en la ciudad hay cerca de 5.000
pisos vacíos– y fueron a varios bancos para negociar distintos casos.
Otro de los conflictos en los que se trabaja busca solucionar la
situación de más de 600 familias a las que Aqualia, gestora del
suministro municipal, les ha cortado el agua. La ONU estipula que el
coste del agua no puede superar el 3% de los ingresos del hogar, por
ser un derecho básico, pero el Ayuntamiento se niega a implantar una
tarifa social.
La falta de agua ha llegado a causar
enfermedades a una mujer y a varios niños por la situación de
insalubridad. Por eso, desde la acampada se prepara una denuncia para
presentar a Sanidad.(...)
“Ya que el gobierno no está en disposición de ayudarnos, nosotros nos tendremos que ayudar a nosotros mismos” nos
dice uno de los acampados, José Jiménez Lorente. “Soy pensionista.
Entre lo que tengo que pasarle a mis hijos y lo que tengo que pagar en
asuntos de bancos, me quedan 70 u 80 euros al mes. Me estoy encargando
de hacer la comida para la acampada, porque yo trabajaba de cocinero”.
Álvaro Rodríguez, estudiante, cuenta que “en cuanto me enteré de la
acampada me vine. Veo un montón de gente que converge, se descubren, se
conoce, inicia proyectos... están saliendo muchos proyectos de gente que
se está conociendo aquí”, resume.
Diego Felicísimo, estudiante de
bachillerato, que también se ha unido a la acampada cree que “en estos
tiempos en los que estás siendo continuamente bombardeado por noticias
en las que te cuentan los trapicheos de los bancos, de los políticos… tú
sientes impotencia. Pero el hecho de estar en esta acampada, hablando
con la gente, haciendo cosas, soluciona esa sensación de impotencia”. (Diagonal Global, 21/03/2013)
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