"Usted ha evocado con François Hollande las enseñanzas de la recuperación islandesa. ¿Cuáles son?
Si
la compara con lo que está ocurriendo en otros países de Europa, la
experiencia exitosa de Islandia es claramente distinta en dos aspectos
fundamentales:
El primero es que nosotros no hemos seguido las
políticas ortodoxas que se han impuesto desde hace 30 años en Europa y
en el mundo occidental. Hemos dejado que los bancos quiebren, no los
hemos rescatado, los tratamos como a las demás empresas. Hemos
instaurado controles sobre los cambios. Hemos intentado proteger el
Estado del bienestar rechazando aplicar la austeridad de forma brutal.
La
segunda gran diferencia es que enseguida tomamos conciencia de que esta
crisis no solo es económica y financiera. También es una profunda
crisis política, democrática e incluso jurídica.
Por lo tanto
emprendimos reformas políticas, reformas democráticas e incluso reformas
jurídicas (un fiscal especial, dotado de un equipo, se ha encargado de
investigar las responsabilidades de la crisis). Lo que ha permitido a la
nación afrontar el reto de una forma amplia, más global que la simple
ejecución de políticas financieras o presupuestarias. (...)
¿El hecho de no rescatar a los bancos fue realmente una elección? ¿Es posible dejar que se hundan los grandes bancos europeos?
Nuestros
bancos eran importantes. Suponían diez veces el tamaño de nuestra
economía. No digo que el tamaño no importe. Pero si quiere hablar en
términos de tamaño plantéese lo siguiente, ¿Portugal es un país grande o
pequeño? ¿Grecia es un país grande o pequeño?
¿Podíamos hacer
otra cosa que dejar que se hundieran nuestros bancos? Es un debate
abierto. Pero en cualquier caso fue una elección. Eran bancos privados,
¿por qué las empresas del sector bancario deberían tener un tratamiento
diferente que las empresas privadas de otros sectores como la
tecnología, internet o las compañías aéreas?
Éstas también son
imprescindibles en nuestras sociedades, pero dejamos que se hundan.
Incluso las compañías aéreas. ¿Por qué hay que tratar a los bancos como
si fueran sagrados?
La respuesta habitual es que la quiebra
bancaria conllevaría otras quiebras y hundiría el sistema financiero,
existe un «riesgo sistémico»
Ese es el argumento de entrada. Pero mire lo que pasó en Islandia con el asunto «Icesave».
El gobierno británico y el gobierno holandés, apoyados por la Unión
Europea, querían que el contribuyente islandés reembolsara las deudas de
ese banco privado en vez de dejar la responsabilidad al síndico
liquidador.
Entonces me encontré frente a una elección, ¿había que
someter la cuestión a referéndum? Un ejército de expertos y autoridades
financieras me dijeron: si deja que la gente se exprese aislará
financieramente a Islandia durante decenios. El escenario catastrófico
no acabará nunca…
Me hallaba en medio de una elección fundamental entre
los intereses financieros por un lado y la voluntad democrática del
pueblo por otro. Y me dije: la parte más importante de nuestras
sociedades –y se lo digo a mis amigos europeos- no son los mercados
financieros. Es la democracia, los derechos humanos y el Estado de
derecho.
Cuando nos encontramos frente a una cris profunda, sea la
crisis islandesa o la crisis europea, ¿por qué no dejamos que el
elemento más importante de nuestras sociedades marque el camino a
seguir?
Es lo que hice. Hemos organizado dos referéndums. Desde el
primer trimestre después del referéndum la economía se reinició. Y desde
entonces sigue la recuperación. Ahora tenemos un 3% de crecimiento, uno
de los más altos de Europa, y un 5% de desempleo, una de las tasas más
bajas. Todas las predicciones de entonces de una quiebra del sistema han
resultado falsas.
El epílogo tuvo lugar el mes pasado: el
tribunal del AELE nos dio la razón. No solamente nuestra decisión fue
justa y democrática sino que además tenía fundamento jurídico. Mis
amigos europeos deberían reflexionar sobre todo esto con la mente
abierta:
¿Por qué se equivocaron, tanto desde el punto de vista político
como desde el económico y el jurídico? El interés de este
cuestionamiento es más importante para ellos que para nosotros, ya que
ellos continúan luchando contra la crisis y además se aplican a sí
mismos algunos de los principios y argumentos que utilizaron contra
nosotros.
Por lo tanto el servicio que puede brindar Islandia es
el de una especie de laboratorio que ayude a los demás países a revisar
las políticas ortodoxas que están siguiendo. Yo no voy a decir a
Francia, Grecia, España, Portugal o Italia lo que tienen que hacer. Pero
la enseñanza de los últimos cuatro años en Islandia es que las
predicciones apocalípticas, asestadas como certezas absolutas, estaban
totalmente equivocadas. (...)
¿Se arrepiente de haber alentado el desarrollo bancario en los años 2000? Entonces comparó Islandia con una nueva Venecia o una nueva Florencia.
Durante
la última década del siglo XX y los primeros años del XXI se
desarrollaron empresas farmacéuticas, de ingeniería, tecnológicas y
bancarias y por primera vez en la historia dieron a los jóvenes
islandeses preparados la posibilidad de trabajar a escala global, sin
tener que abandonar el país.
Los bancos formaron parte de esa
evolución. Lo hicieron bien. En 2006 y 2007 empezaron las críticas.
Entonces me pregunté, ¿qué dicen las agencias de calificación? Dichas
agencias concedían a los bancos islandeses un certificado de muy buena
salud. Los bancos europeos y americanos hacían negocios con nuestros
bancos ¡Y todos querían hacer más!
Las agencias de calificación,
los grandes bancos, todo el mundo se equivocó. Yo también. Fue una
experiencia costosa que nuestro país ha pagado cara, hemos vivido una
crisis profunda, disturbios… La recordaremos durante mucho tiempo.
En
la actualidad la gente sigue escuchando a las agencias de calificación.
Habría que demandarlas, si estaban tan equivocadas con respecto a los
bancos islandeses, ¿por qué van a acertar con los demás?
¿Lo
que usted denomina «disturbios» no forma parte del necesario «enfoque
político» de la crisis que ha descrito hace un momento?
Yo no
lo diría así. Islandia es una de las democracias más estables y seguras
del mundo, con una cohesión social sólida. Y sin embargo tras la
bancarrota financiera la policía tuvo que defender el Parlamento día y
noche, el Banco Central, las oficinas del primer ministro…
Si una
crisis financiera, en un lapso de tiempo muy corto, puede sumir a un
país semejante en una profunda crisis política, social y democrática,
¿cuáles pueden ser las consecuencias si la crisis surge en países con
una experiencia más corta de estabilidad democrática?
Puedo decirle que
durante las primeras semanas de 2009, cuando me despertaba, no me daba
miedo el hecho de no recuperar el camino del crecimiento, sino que
estuviéramos viviendo el hundimiento de nuestra comunidad política
estable, sólida y democrática.
Pero hemos tenido la suerte de
poder responder a todas las exigencias de los manifestantes: el gobierno
cayó, se organizaron elecciones, despedimos a los directivos del Banco
Central y a la autoridad de la supervisión bancaria, pusimos en marcha
una comisión especial para investigar las responsabilidades, etc.
La
idea ampliamente extendida en las sociedades occidentales de que los
mercados financieros deben representar la parte soberana de nuestra
economía y debemos autorizarlos a engordar sin control y a actuar como
quieran, con la única responsabilidad de conseguir beneficios y
desarrollarse…, es una visión muy peligrosa. Lo que ha demostrado
Islandia es que cuando ese sistema sufre un percance origina
consecuencias políticas y democráticas trágicas. (...)
Eliminada la banca, ¿dónde encontrarán empleo los jóvenes islandeses con estudios superiores?
Los
bancos, tanto en Islandia como en otros lugares, se convirtieron en
empresas muy tecnológicas que empleaban a muchos ingenieros,
informáticos, matemáticos. Desviaron los talentos de los sectores
innovadores como las altas tecnologías o las tecnologías de la
información.
Después de la caída de los bancos, esos talentos
volvieron al mercado laboral. En seis meses todos encontraron trabajo…,
las empresas tecnológicas o de diseño se han desarrollado muy
rápidamente desde hace tres años. Se han creado cientos de empresas. Me
siento satisfecho al comprobar que las jóvenes generaciones han
respondido a la crisis de forma muy creativa.
La moraleja de esta
historia es que si quieres que tu economía sea competitiva en el sector
de las tecnologías innovadoras, el hecho de tener un gran sector
bancario es una mala noticia, incluso aunque sea competente." (Entrevista a Ólafur Ragnar Grímsson, presidente de Islandia, Pascal Riché, Rue 69, Rebelión, 26/03/2013)
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