"La imagen de promociones enteras de viviendas nuevas sin ocupar o de
grandes infraestructuras como aeropuertos y autopistas sin aviones o sin
apenas tráfico se ha fijado en la retina de los ciudadanos como el
resultado de los excesos cometidos en el pasado.
Pero además, ha acabado
de un plumazo con decenas de miles de empresas dedicadas a la
edificación y la construcción y ha abocado al paro a miles de
arquitectos e ingenieros, cuyo know how ha sido tradicionalmente
apreciado en todo el mundo. (...)
“Tenemos que aprender de los errores del pasado y aunque es cierto que
no hay mucho más que construir, sí hay mucho que arreglar”, (...)
Además, 13 millones de casas superan los 30 años de antigüedad y casi
la mitad tiene más de 50 años, por lo que muchas de sus condiciones
térmicas, por ejemplo, no son ya las adecuadas.
Por tanto, con un marco regulatorio más adecuado y financiación
suficiente hay mucho campo sobre el que actuar, según defienden los
arquitectos. Valga como ejemplo que si se lograsen reformar unas 300.000
casas anuales, los arquitectos calculan que la actividad y el empleo
que generaría acabaría con la crisis del sector en breve plazo. (...)
¿Qué medidas deberían implantarse? Desde el Colegio aseguran que primero
se debe cambiar el actual marco regulatorio. “Para gestionar bien
cualquier rehabilitación en un edificio se debe tener en cuenta qué
hacer con quienes residen en él. Otra de las cuestiones clave es
facilitar el acceso a la financiación.
Establecer normas claras,
transparentes porque existen empresas dispuestas a invertir en estos
procesos, ya que son capaces de generar altas rentabilidades, pero la
legislación debe ser muy sencilla y determinar, entre otras cosas, cómo
se debe repercutir el IVA”, explican desde el COAM.
Por este motivo, las
mismas fuentes subrayan que la nueva ley debería ir acompañada de
medidas de tipo económico y fiscal, capaces de promover de una vez por
todas la colaboración público-privada. “Y no pensemos solo en grandes
operaciones, sino en actuaciones pequeñas sobre viviendas, por supuesto,
pero también sobre hoteles, oficinas, locales, y cualquier clase de
espacio que una vez reformado puede ser recuperado para nuevos usos.
No
podemos permitirnos seguir con espacios en los centros de las ciudades
vacíos, sobre los que sería mucho más barato y rentable actuar que
construir otros nuevos”, explica José Antonio Granero." (Cinco Días, 27/02/2013)
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