"En octubre de 2012, el FMI proporcionó una clave que explica la
profundización de la crisis en Europa. Su gabinete de estudios afirmaba
que cada euro de reducción del gasto público causaba una caída del
producto interior bruto (PBI) de entre 0,9 y 1,7 euros.
Wolfgang
Münchau, editorialista del Financial Times, deduce de ello que
en estos tiempos de crisis un ajuste fiscal del 3 % (es decir, una
reducción del gasto público del 3 %) produce una reducción del PIBdel
4,5 %/1.
Por lo tanto, la política que siguen los
gobiernos europeos conduce a una disminución de la actividad económica e
impide reducir la carga de la deuda pública. Como dice este
editorialista no hay que confundirse con los motivos que tenía el FMI
para haber hecho esa declaración:
“El FMI no dice que la austeridad es
demasiado fuerte, injusta, que provoca demasiado sufrimiento a corto
plazo o que afecta más a los pobres que a los ricos. Lo que dice es,
simplemente, que existe el riesgo de que la austeridad no permita
alcanzar el objetivo de reducción de la deuda en un plazo razonable/2.” (...)
Otro estudio del FMI, que ha hecho correr ríos de tinta, es un capítulo de Perspectivas de la economía mundial,
publicado justo antes de su asamblea anual de octubre de 2012. En dicho
capítulo, analiza 26 episodios de crisis de la deuda pública desde
1875, tomando como criterio los casos en los que la deuda pública superó
el 100 % del PIB.
El FMI pasa revista a las políticas aplicadas para
salir de esas crisis. Uno de los episodios analizados es el que ocurrió
en el Reino Unido después de la primera guerra mundial. La deuda pública
británica llegó al 140 % del PIB. Ante eso, el gobierno británico
aplicó una política de austeridad presupuestaria radical y una política
monetaria muy estricta.
Destinó el excedente presupuestario primario
(antes del pago de intereses) de alrededor del 7 % del PIB durante toda
la década de los años 20 al objetivo de reducir la deuda, reembolsándola
a marcha forzada. Pero la deuda pública no disminuía: en 1930 se
elevaba al 170 % del PIB, y tres años más tarde, en 1933, llegaba hasta
el 190 % del PIB. (...)
Como dice Wolfang Münchau, ya citado, los dirigentes europeos quieren prolongar y profundizar esta política.
¿Por qué los dirigentes europeos radicalizan las políticas de austeridad?
Sería un error considerar que los dirigentes europeos se han quedado
ciegos. Lo que les motiva no es ni la vuelta al crecimiento económico,
ni la reducción de las asimetrías dentro de la Unión Europea a fin de
construir un conjunto más coherente que retornaría la senda de la
prosperidad.
La patronal que guía los actos de los gobiernos quiere
avanzar hacia una gran ofensiva a escala europea contra los derechos
económicos y sociales conquistados tras el final de la segunda guerra
mundial. (...)
Uno de los objetivos perseguidos por los dirigentes europeos es mejorar
la capacidad de las empresas europeas para conquistar cuotas de mercado
a sus competidores en el resto del mundo. Para ello, retomando su
expresión, es necesario reducir radicalmente el coste del trabajo." (ERIC TOUSSAINT, Attac Madrid, 26/03/2013)
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