"Entonces ¿todas las políticas son iguales y no hay solución?
No, no son iguales, algunas de las políticas capitalistas son más
feroces que otras. No es lo mismo que desde el extranjero te impongan
la esclavitud hasta que pagues deudas ajenas, como en Chipre, que caer
en un régimen de servidumbre para, a costa de una reducción de tus ingresos, como en Islandia, reforzar
por años el poder de los que te hundieron y sometieron.
Sí, no hay
solución a la explotación con políticas destinadas a perpetuar el
régimen de los explotadores y, en cambio, la hay si se desconoce la
lógica del capital.
Es
posible desconocer la deuda que previamente no haya sido declarada
legítima por una auditoría que analice, caso por caso, quién y
para qué la contrajo. Se puede estatizar los bancos y destinar el
crédito a la producción y la inversión, a cooperativas, mutualidades,
grupos de productores-consumidores, agricultores.
Nada impide
establecer un control de cambios, importar sólo lo necesario para la
producción y el consumo, establecer el monopolio estatal del comercio
exterior, cobrar impuestos directos proporcionales a los ingresos,
eliminar el IVA y otros impuestos indirectos para fomentar el consumo.
Es posible hacer un plan de choque de creación de puestos de trabajo
productivos y estimular las cooperativas. Todas estas medidas –aunque
no salen del capitalismo- afectan a los rentistas de todo tipo, a la
usura, a los monopolios y favorecen a los pequeños productores.
Sobre
todo, combaten la desmoralización, alientan la resistencia, disminuyen
la alienación y la naturalización del capitalismo, permiten a la
población autoorganizarse, proponer planes, asumir responsabilidades,
gobernar y dan origen a un aparato estatal más dependiente de la
voluntad popular y más flexible que podrá establecer otro sistema de
alianzas internacionales, siempre dentro del mercado mundial
capitalista, pero con mayor libertad de acción.
Ese capitalismo de
Estado democrático por supuesto no tiene nada de socialista pero no
corresponde a los intereses políticos del gran capital y podría ser un
punto de apoyo para nuevas luchas y un ejemplo para otros países.
Pero
tal política necesita quien luche por explicarla, por demostrar su
viabilidad, por comenzar a aplicarla con la organización de los
trabajadores. Esto nos lleva nuevamente a la necesidad de la voluntad
política para hacer posible una alternativa que existe, pero que
depende de la conciencia, la organización y la decisión de los explotados. " ('La realidad es más compleja: segundos pensamientos sobre Islandia y Chipre', de Guillermo Almeyra, Sin Permiso, 07/04/2013)
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