"La vía del alquiler, si se despliega acertadamente, puede tener sus
ventajas, como un pago mensual más reducido y olvidarse del
endeudamiento. Pero en cuanto a estabilidad, e incluso coste, no está la
cosa garantizada. (...)
Otra opción apunta a que el Estado tome las riendas de la situación
mediante viviendas de propiedad estatal ofertadas a través de un
alquiler social. En este apartado, el esfuerzo del Estado español
palidece también ante cualquier comparación europea.
Pero aunque parece
que en este caso se puede superar el antagonismo
propietario-arrendatario, en realidad este se pasa a expresar en otro
nivel: en torno al origen del financiamiento del Estado para cubrir el
coste de las viviendas sociales subvencionadas. (...)
Estos conflictos se expresan en el hecho de que lo que el Estado te da,
también te puede quitar. Un ejemplo ilustrativo es el caso del Reino
Unido. A finales de los años 70, aproximadamente un 40% de la población
vivía en viviendas de propiedad estatal. A mano de presiones fiscales,
una serie de reformas privatizadoras han ido reduciendo ese porcentaje
hasta el 12% actual. (...)
Aterrizando en nuestra realidad, la
dudosa buena fe estatal queda plasmada, por ejemplo, en los sonados
desahucios del Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) y la Empresa
Municipal de Viviendas y Suelo de Madrid (EMVS). Juntas lanzaron en
torno a 40 desahucios diarios en los últimos meses de 2012, según
cifras de la PAH, a la vez que mantenían vacías decenas de viviendas de
protección oficial.
Otro modelo, prácticamente inexistente
en el Estado español, pero con presencia significativa en diversos
países, es el de las cooperativas de vivienda en cesión de uso. En esta
modalidad, la propiedad de las viviendas reside siempre en manos de la
cooperativa, sus miembros participan en la gestión y disfrutan del uso
de su vivienda a través de un alquiler acordado y asequible.
Los
cooperativistas pueden residir en la vivienda de forma indefinida y
aunque no pueden vender ni re-alquilarla, sí pueden transmitirla a
familiares de primer grado.
Estas cooperativas surgen en el marco de organizaciones sociales como sindicatos y asociaciones. (...)
Los ejemplos van desde la Federación
Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) en
Uruguay, que aglutina a 15 mil familias, a las 125 mil viviendas Andel que existen en Dinamarca, con uno
de cada tres habitantes de Copenhague viviendo en este régimen de
tenencia.
Estas experiencias van más allá de pedir la intervención
estatal y toman la iniciativa para construir el derecho a la vivienda
desde abajo, conformando un parque de viviendas populares que perdura en
el tiempo. Sus prácticas van desde la ocupación de tierras urbanas
para forzar cesiones de espacios hasta presión para conseguir préstamos
por debajo del precio del mercado para comprar tierras y construir
viviendas.
Aunque no exenta de contradicciones o
limitaciones, esta vía aúna dos características importantes: acorrala
los circuitos en los que rige el lucro y permite autogestionarse el
hogar en un marco colectivo, liberado de la dependencia en un
propietario ajeno, sea privado o estatal. Esta es una vía que se está
explorando en el Estado español a través de asociaciones como Sostre Cívic, y en la que también resuenan los imaginarios que subyacen en las prácticas del movimiento okupa." (Blog de Econonuestra en Publico.es, Lorenzo Vidal, Economái Crítica y crítica de la economía, 01/04/2013)
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