14.6.13

"España está pagando el enorme gasto de la unificación alemana"

"Angela Merkel, está exportando a la Europa mediterránea el "experimento alemán", iniciado por Helmut Kohl en la RDA y luego probado por Gerhard Schröder tras la reunificación. 

Básicamente, ha consistido en dinamitar el sistema socio-laboral, aprovechando el shock que ha supuesto la crisis para la ciudadanía, y en imponer el pacto fiscal y el tope de deuda.  Rafael Poch (Barcelona, 1956) ha plasmado cómo se fraguó este modelo en su último libro, La quinta Alemania (Icaria),  (...)

 Merkel es la diana de las críticas de los países del sur por someterlos a la austeridad, pero usted sostiene que las primeras víctimas han sido los propios ciudadanos alemanes.

Ha sido un movimiento en tres tiempos, que parte de la reunificación. En primer lugar, Alemania llegó tarde al proceso que se conoce como Gran Divergencia o Gran Desigualdad. Es decir, a lo que en el mundo anglosajón comenzó a finales de los setenta, con Carter y Reagan en Estados Unidos y con Thatcher en Reino Unido, y que más tarde se exportó de una u otra forma al resto de Europa.

 En esa operación, Alemania se retrasó porque estaba en primera línea de la Guerra Fría y tenía enfrente una Alemania alternativa, la RDA, con la que mantenía una competición en lo social. La RFA debía serlo tanto como su enemigo histórico, lo que condicionó al establishment y determinó la economía social de mercado. En 1990, eso se disuelve, por lo que el poder se siente con las manos libres y decide ponerse a tono rápidamente con el resto del mundo.

 El problema es que esto lo empieza a aplicar en el Este, donde se produce un desmonte industrial sin precedentes y se aplican nuevas relaciones laborales. Y, al mismo tiempo, se gasta una ingente cantidad de dinero, unos dos billones de euros, en la absorción de la RDA. Este gasto es un fardo que lastra la economía y la política alemana. 

 Diez años después, en 2000, entramos en el segundo momento de esta operación. Por un lado, la Estrategia de Lisboa de la UE, que es una agenda neoliberal para Europa. Por otro, tres años después, la Agenda 2010 del canciller socialdemócrata Schröder, que extiende al conjunto de Alemania las relaciones laborales que se habían introducido ya en el Este, basadas en la precariedad. 

Esto nos lleva a la eurocrisis actual y, con Merkel, llegamos al tercer episodio, cuando Alemania exporta al resto de Europa esa agenda como modelo, en el contexto de la crisis.

Y, en el camino, los alemanes también han salido perdiendo.

 Los asalariados sufren mucho en este proceso y salen ganando los ricos y las grandes empresas. Al mismo tiempo, con esta agenda se consigue una competitividad (que no ha sido lograda a base de productividad e innovación sino de recortar costes salariales, lo que se llama un dumping salarial) que deja fuera de juego al resto de las economías de Europa.   (...)

¿Han terminado pagando España, Grecia y Portugal el alto coste de la unificación alemana?

Indirectamente, sí. El enorme gasto de la unificación fue uno de los grandes elementos que determinaron que Alemania practicara una política económica y monetaria muy agresiva.

¿Es tal el "milagro del empleo alemán" o responde a la proliferación de trabajos precarios, mal pagados y a tiempo parcial? ¿Cuajará la fórmula en España?

En Alemania no ha habido ningún milagro del empleo, aunque el Gobierno lo airea así. Medido en horas, se trabaja lo mismo que en 1990. No hay más trabajo sino que se ha repartido entre más gente. 

Al precarizarse, con esos sueldos tan exiguos esos ciudadanos no llegan a fin de mes y viven en parte de los salarios y, muchos de ellos, de las ayudas sociales. Es un estadio posiblemente mejor que el paro, pero no es un modelo. 

 En España se está recortando en nombre de pagar las deudas de los bancos, no hay ninguna estrategia detrás de eso.

Respecto al futuro de los minijobs en España (entendidos como explotación, bajo salario y feudalismo laboral), ya los teníamos antes de todo esto. Le están poniendo nombre a una relación laboral que en España es tradicional.

Si Alemania aprieta, las exportaciones al resto de países de la UE se ahogan. ¿Cómo ha previsto su Gobierno vadear este problema?

Lo que ha dejado de vender en el sur de Europa lo ha compensado con creces en los BRICS, en Estados Unidos y en Europa del Este. Si la coyuntura global no se enfría, puede funcionar, pero como ocurra las exportaciones pueden hundirse con facilidad. En China ya hay síntomas de ello y en el resto del mundo la situación es incierta.

Paralelamente, la pérdida del poder adquisitivo en la propia Alemania frena las importaciones desde los países del sur.

No todo el trabajo está precarizado. El sector exportador alemán, las joyas de la corona, siguen teniendo unas relaciones laborales decentes. Lo que pasa es que se ha creado un segundo mercado laboral enorme, sobre todo en el sector servicios. Ahí es donde realmente la gente está muy mal pagada y, por lo tanto, son malos consumidores. 

Por eso el consumo interno alemán es raquítico y no tiene ningún efecto de arrastre sobre el resto de Europa, siendo el país más poblado de la zona euro. La precarización laboral tiene consecuencias en la configuración general de la economía: bajo consumo, compra de productos baratos y, por extensión, fabricación de artículos con poco valor añadido. Esto está empezando, pero tiene un gran futuro a medio y largo plazo.

¿Cree que los mensajes apocalípticos de los gobernantes alemanes o españoles respecto a la insostenibilidad de los servicios sociales responden a una campaña propagandística?

Totalmente. La financiación de los servicios sociales bebe de diversas fuentes: la situación demográfica, la productividad, el sistema fiscal... La ideología neoliberal pretende anularlos, sólo se fija en la demografía menguante y, a partir de ahí, saca conclusiones definitivas. En este contexto, hay que recordar que el estado social europeo nació y se desarrolló en una época histórica en la que la pirámide social europea conoció el mayor envejecimiento de la historia.

¿Podría la canciller llevar a cabo lo que ha venido a llamarse como "austericidio" sin el shock de la crisis?

Las situaciones de gran desconcierto social son idóneas para imponer agendas impopulares. A una sociedad paralizada, que no sabe y asustada es muy fácil venderle ese discurso: "Recortamos porque hay consideraciones de fuerza mayor y no queda otra alternativa".       (Rafael Poch, Público, 12/06/2013)

No hay comentarios: