"(Margarethe von Trotta)... dice de sí misma que es una mujer de izquierdas —”por eso nunca he
votado a Angela Merkel”— y europea convencida —”lo soy por el pasado de
mi país y porque creo que una Europa unida es como una especie de
flotador o salvación de cara al pasado alemán, para que nunca vuelva a
ocurrir lo que allí pasó”—.
Y lamenta las dificultades para vincular
mentalidades tan distintas como la disciplina protestante del norte y la
más alegre y católica del sur. “No se puede exigir lo mismo a unos que a
otros. No se puede exigir a los países del sur la mentalidad de ahorro
que impera en el norte, pero no entiendo la corrupción que impera en los
países del sur, donde parece que enriquecerse de manera ilícita y no
pagar impuestos es un deporte nacional.
Como persona de izquierdas abogo
por la solidaridad y la ayuda a otros cuando atraviesan dificultades,
pero también entiendo a ese trabajador alemán que paga sus impuestos y
que se rebela contra, por ejemplo, los griegos que nunca han hecho
frente a sus impuestos”.
Para evitar acusar a los pueblos de los desmanes de los banqueros, Margarethe von Trotta debiera aplicarse otros párrafos de su artículo:
‘Hay que pensar sin apoyos, sin nada a lo que agarrarse’. Mucha de la
incomprensión que sufrió tras su artículo vino por parte de gente que ni
siquiera se lo había leído y que se enganchó a la corriente de opinión
crítica contra ella.
De nuevo estamos ante unas personas que no supieron
pensar por sí mismas”, asegura Von Trotta, mientras degusta con apetito
unas aceitunas verdes acompañadas de un buen trozo de pan." (El País, 12/06/2013)
Pues eso, Margaretha, a pensar... por ejemplo, ¿cómo es posible que una economía minúscula destroce la Unión Europea?... ¿Fué la gallina, o fué la banca?
Pues eso, Margaretha, a pensar... por ejemplo, ¿cómo es posible que una economía minúscula destroce la Unión Europea?... ¿Fué la gallina, o fué la banca?
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