"No sólo creo que salir del euro pueda ayudar a salir del sistema; es
que creo que no es posible salir del sistema sin salir del euro.
Básicamente porque el euro (y entiéndase éste no sólo como una moneda en
sí misma sino como todo un sistema institucional y una dinámica
funcional puesta al servicio de la reproducción ampliada del capital a
escala europea) es la síntesis más cruda y acabada de ese sistema del
que los autores pretenden salirse: capitalismo neoliberal en el marco de
un mercado único dominado por el imperativo de la competitividad, con
las consecuencias laborales y sociales que de ello se derivan, y en el
que la Eurozona ha acompañado la cesión de soberanía en materia
monetaria al BCE con las restricciones estatales en materia fiscal, vía
Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
Un espacio en el que la solidaridad
ha desaparecido como valor de referencia, si es que alguna vez existió
más allá de algunos fondos estructurales que constituían el mecanismo de
financiación para que los nuevos Estados miembros pudieran financiar
las infraestructuras necesarias para profundizar la construcción de ese
mercado único al que se incorporaban.
Por lo tanto, y en mi
opinión, plantear la salida del sistema sin plantear la ruptura con el
euro es una bonita forma de no plantear nada en un escenario de
emergencia económica y social como en el que estamos.
Es más,
yo no sé si fuera del euro es posible un proyecto de transformación
social de naturaleza socialista, como plantean los autores, pero desde
luego, de lo que no me cabe duda es que dentro del euro es imposible.
O
dicho en otros términos: la ruptura con el euro no es condición
suficiente pero sí necesaria para cualquier proyecto de transformación
social emancipatorio. (...)
el problema del euro no es sólo el euro, es la institucionalidad y las
políticas que le dan sustento. Si esas políticas, esas instituciones y
los valores y objetivos que le dan cuerpo se modificaran en un sentido
progresista y transformador el euro dejaría de ser un problema y
nosotros dejaríamos de plantear la necesidad de tener este debate.
Pero,
de momento, uno y otros han ido de la mano en un proyecto destinado a
conformar la Europa del Capital y no la Europa de los Ciudadanos y eso
es una realidad evidente frente a la que no caben muchas
interpretaciones. (...)
Yo no creo que la discusión es a qué redil queremos volver sino en
qué redil ni queremos ni podemos estar; por lo tanto, la cuestión no es
el tamaño del redil sino su naturaleza. Y, tal y como he dicho más
arriba, también creo que en el redil en el que nos encontramos
actualmente no hay margen alguno para políticas realmente
transformadoras; a lo sumo lo hay para políticas paliativas de tanto
dolor y sufrimiento social que está generando esta crisis, pero no para
alterar el sistema como tal.
Por lo tanto, plantear que lo que
hay que hacer es modificar el sistema como un todo y que, además, hay
que hacerlo en el marco supranacional donde, precisamente, el capital
financiero e industrial es más poderoso es la mejor forma de invocar el
inmovilismo.
Me parece hasta cruel para quienes sufren ahora
plantear que la alternativa solo puede ser europea e internacionalista.
¿Qué hubiera ocurrido en América Latina si Chávez, por ejemplo, hubiera
dicho que la alternativa de Venezuela solo podía ser latinoamericanista e
internacionalista y que mientras las condiciones no estuvieran dadas no
se podía avanzar? ¿Estaríamos hablando de lo mismo en estos momentos? (...)
Nadie está diciendo que con la recuperación de la soberanía económica se
recuperen los resortes del poder, pero sí que la ruptura con el euro
abre el horizonte de lo políticamente posible, incluido el cambio en la
correlación de fuerzas a nivel estatal. Un cambio que bien podría
alterar radicalmente la naturaleza del Estado y el ejercicio del poder
que éste despliega o bien podría, al menos, permitir un mayor control
sobre los resortes del poder estatal por parte de la ciudadanía. (...)
Me parece que esta situación es el resultado de un continuo que
viene desde la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea.
Desde entonces, el marco de las políticas aplicadas han producido, en
términos generales, un desmantelamiento de la estructura productiva en
un país que carece de patrón de desarrollo claro, definido,
autosostenible y de futuro.
Además, esta economía ha alimentado
sus años de crecimiento previos a la crisis actual con una burbuja
inmobiliaria sustentada sobre un endeudamiento que ahora se revela
inasumible y, por lo tanto, la apariencia de opulencia en la que
parecíamos vivir se ha demostrado completamente ficticia.
En
cualquier caso, y especialmente frente a estos últimos acontecimientos,
lo que no puede negarse es que el euro ha contribuido de forma decisiva a
facilitar esa dinámica insostenible.
Me basta con un dato para
demostrarlo: en el año 1992, cuando la economía española tenía un
déficit comercial del 3% del PIB tuvo que devaluar la peseta varias
veces hasta que ésta perdió en torno a un 20% de su valor; en el año
2007, antes de que estallara la crisis, el déficit comercial de la
economía española llegaba al 10% del PIB y, sin embargo, ese
desequilibrio estructural de la economía española –que con una moneda
nacional habría tenido que ser corregido mucho antes- no se consideró
preocupante porque estábamos, precisamente, en el marco del euro y
nuestros euros eran, se suponía, tan buenos y potentes como los de los
alemanes. (...)
¿Quién ha dicho que el nuevo patrón de desarrollo que pudiera salir de
la ruptura con el euro no podría ser más autocentrado, basado en
economías de cercanías y menos dependiente de la exportaciones y más
dependiente de la satisfacción de las necesidades de nuestros ciudadanos
y ciudadanas a través de la producción nacional o local?
Yo creo que,
puestos a elucubrar, sería en mayor medida ésta la opción por la que la
mayor parte de los firmantes del Manifiesto, si no todos, se decantaría." ( “Por una UE
democrática y socialista. Aportación a la Conferencia sobre Europa de
Izquierda Unida (22 de junio de 2013). La Unión Europea, más allá de una
moneda” de Alberto Arregui, Jordi Escuer y Carlos Sánchez Mato. Entrevista a Alberto Montero Soler, Salvador López Arnal, Rebelión, 05/06/2013)
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