11.6.13

El nuevo patrón de desarrollo que pudiera salir de la ruptura con el euro, podría estar más autocentrado en economías de cercanías y menos dependiente de las exportaciones

"No sólo creo que salir del euro pueda ayudar a salir del sistema; es que creo que no es posible salir del sistema sin salir del euro.

 Básicamente porque el euro (y entiéndase éste no sólo como una moneda en sí misma sino como todo un sistema institucional y una dinámica funcional puesta al servicio de la reproducción ampliada del capital a escala europea) es la síntesis más cruda y acabada de ese sistema del que los autores pretenden salirse: capitalismo neoliberal en el marco de un mercado único dominado por el imperativo de la competitividad, con las consecuencias laborales y sociales que de ello se derivan, y en el que la Eurozona ha acompañado la cesión de soberanía en materia monetaria al BCE con las restricciones estatales en materia fiscal, vía Pacto de Estabilidad y Crecimiento. 

Un espacio en el que la solidaridad ha desaparecido como valor de referencia, si es que alguna vez existió más allá de algunos fondos estructurales que constituían el mecanismo de financiación para que los nuevos Estados miembros pudieran financiar las infraestructuras necesarias para profundizar la construcción de ese mercado único al que se incorporaban. 

Por lo tanto, y en mi opinión, plantear la salida del sistema sin plantear la ruptura con el euro es una bonita forma de no plantear nada en un escenario de emergencia económica y social como en el que estamos. 

Es más, yo no sé si fuera del euro es posible un proyecto de transformación social de naturaleza socialista, como plantean los autores, pero desde luego, de lo que no me cabe duda es que dentro del euro es imposible. 

O dicho en otros términos: la ruptura con el euro no es condición suficiente pero sí necesaria para cualquier proyecto de transformación social emancipatorio.   (...)

el problema del euro no es sólo el euro, es la institucionalidad y las políticas que le dan sustento. Si esas políticas, esas instituciones y los valores y objetivos que le dan cuerpo se modificaran en un sentido progresista y transformador el euro dejaría de ser un problema y nosotros dejaríamos de plantear la necesidad de tener este debate. 

Pero, de momento, uno y otros han ido de la mano en un proyecto destinado a conformar la Europa del Capital y no la Europa de los Ciudadanos y eso es una realidad evidente frente a la que no caben muchas interpretaciones. (...)

Yo no creo que la discusión es a qué redil queremos volver sino en qué redil ni queremos ni podemos estar; por lo tanto, la cuestión no es el tamaño del redil sino su naturaleza. Y, tal y como he dicho más arriba, también creo que en el redil en el que nos encontramos actualmente no hay margen alguno para políticas realmente transformadoras; a lo sumo lo hay para políticas paliativas de tanto dolor y sufrimiento social que está generando esta crisis, pero no para alterar el sistema como tal. 

Por lo tanto, plantear que lo que hay que hacer es modificar el sistema como un todo y que, además, hay que hacerlo en el marco supranacional donde, precisamente, el capital financiero e industrial es más poderoso es la mejor forma de invocar el inmovilismo. 

Me parece hasta cruel para quienes sufren ahora plantear que la alternativa solo puede ser europea e internacionalista. ¿Qué hubiera ocurrido en América Latina si Chávez, por ejemplo, hubiera dicho que la alternativa de Venezuela solo podía ser latinoamericanista e internacionalista y que mientras las condiciones no estuvieran dadas no se podía avanzar? ¿Estaríamos hablando de lo mismo en estos momentos?   (...)

Nadie está diciendo que con la recuperación de la soberanía económica se recuperen los resortes del poder, pero sí que la ruptura con el euro abre el horizonte de lo políticamente posible, incluido el cambio en la correlación de fuerzas a nivel estatal. Un cambio que bien podría alterar radicalmente la naturaleza del Estado y el ejercicio del poder que éste despliega o bien podría, al menos, permitir un mayor control sobre los resortes del poder estatal por parte de la ciudadanía.  (...)

Me parece que esta situación es el resultado de un continuo que viene desde la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea. Desde entonces, el marco de las políticas aplicadas han producido, en términos generales, un desmantelamiento de la estructura productiva en un país que carece de patrón de desarrollo claro, definido, autosostenible y de futuro. 

Además, esta economía ha alimentado sus años de crecimiento previos a la crisis actual con una burbuja inmobiliaria sustentada sobre un endeudamiento que ahora se revela inasumible y, por lo tanto, la apariencia de opulencia en la que parecíamos vivir se ha demostrado completamente ficticia. 

En cualquier caso, y especialmente frente a estos últimos acontecimientos, lo que no puede negarse es que el euro ha contribuido de forma decisiva a facilitar esa dinámica insostenible. 

Me basta con un dato para demostrarlo: en el año 1992, cuando la economía española tenía un déficit comercial del 3% del PIB tuvo que devaluar la peseta varias veces hasta que ésta perdió en torno a un 20% de su valor; en el año 2007, antes de que estallara la crisis, el déficit comercial de la economía española llegaba al 10% del PIB y, sin embargo, ese desequilibrio estructural de la economía española –que con una moneda nacional habría tenido que ser corregido mucho antes- no se consideró preocupante porque estábamos, precisamente, en el marco del euro y nuestros euros eran, se suponía, tan buenos y potentes como los de los alemanes.   (...)

¿Quién ha dicho que el nuevo patrón de desarrollo que pudiera salir de la ruptura con el euro no podría ser más autocentrado, basado en economías de cercanías y menos dependiente de la exportaciones y más dependiente de la satisfacción de las necesidades de nuestros ciudadanos y ciudadanas a través de la producción nacional o local?

 Yo creo que, puestos a elucubrar, sería en mayor medida ésta la opción por la que la mayor parte de los firmantes del Manifiesto, si no todos, se decantaría."         ( “Por una UE democrática y socialista. Aportación a la Conferencia sobre Europa de Izquierda Unida (22 de junio de 2013). La Unión Europea, más allá de una moneda” de Alberto Arregui, Jordi Escuer y Carlos Sánchez Mato. Entrevista a Alberto Montero Soler, Salvador López Arnal, Rebelión, 05/06/2013)

No hay comentarios: