"La evolución de los acontecimientos financieros podría provocar un
cambio tectónico en la situación social, económica y también política
del país, incluida la hegemonía de los partidos mayoritarios.
Esto
podría producir un vacío de poder impensable hasta ahora. Es necesario
construir un espacio político amplio y unitario al margen del
neoliberalismo con capacidad de aglutinar a sectores sustanciales de la
población. Hay poco tiempo.
No es suficiente crear este espacio sólo utilizando argumentos
racionales (explotación económica, desigualdad social) y argumentos
morales (la insolidaridad de las oligarquías, el egoísmo de los ricos).
Ambos son imprescindibles, pero hay que encontrar un aglutinante o
catalizador emocional que una todas las reivindicaciones en un
“discurso” comprensivo para sectores muy amplios de la población. Esto
es esencial, sobre todo, para conectar con las clases populares.(...)
Los estallidos espontáneos de rebeldía e indignación no se pueden
descartar, entre otras cosas porque forman parte de la cultura política
española (ver recientemente el 15-M pero también las movilizaciones
contra la guerra, etc.). Tienen que existir actores organizados y
coordinados con una relación lo más estrecha posible con el tejido
ciudadano, incluido el mundo del trabajo.
No siempre es necesario que
estos actores sean “visibles”: no se trata tanto de banderas o siglas.
Tal vez sea más apropiado hacer todo lo contrario: crear un esqueleto
que estructure dicho movimiento, le de un rumbo político antineoliberal
para que la rebeldía se pueda transformar en avances hacia otro modelo
social, político y económico.
No parece realista apostar porque la
indignación o la agudización de la situación social vaya a llevar
espontáneamente a una salida por la izquierda, no es admisible “esperar
acontecimientos”. Puede suceder todo lo contrario, que la salida sea por
la derecha o que se creen espacios políticamente estériles como “Los
Piratas” alemanes o algunos sectores del movimiento 15-M. (...)
La forma más realista es avanzar de forma inductiva: partir de los
espacios organizados o semiorganizados que ya existen, reforzándolos y
coordinándolos pero también creando otros nuevos (“nuevas teselas” para
un gran espacio tipo mosaico) destinados a ganar a sectores y ciudadanos
aún reticentes para un proyecto unitario y antineoliberal. También es
fundamental encontrar mecanismos de coordinación de las diferentes
piezas del mosaico. Este espacio plural es el que podría generar una
dinámica de incorporaciones y apoyos adicionales.(...)
Izquierda Unida no tiene capacidad de cubrir todo ese espacio, aún
cuando desde la incorporación de Izquierda Abierta o de los
Ecosocialistas de Murcia se haya convertido efectivamente en una
“coalición”. El espacio tiene que ser bastante más amplio e incluir lo
que hoy representa Izquierda Unida como una de sus columnas. (...)
El resultado debe ser, en el plano electoral, más bien una coalición de
tipo Front de Gauche en Francia o Syriza en Grecia, con las
particularidades españolas que habría que precisar. Esta coalición tiene
que solucionar varios problemas para conseguir generar a su alrededor
un movimiento social que genere un apoyo continuado a la misma, estar
respaldado por una ciudadanía todo lo activa y organizada posible.
Algunos de ellos son ¿cómo elegir a los candidatos y cómo incorporar a
los “no organizados” en ninguno de los partidos o espacios que lo
integran? En el plano de los movimientos sociales el objetivo es crear
una plataforma de movimientos ciudadanos que, siendo autónoma de los
partidos, avance en su articulación política en un sentido
antineoliberal.
La politización de los sindicatos es otra pieza clave de
este proceso. No está claro cómo se puede integrar todo eso: las Mesas
están intentándolo. (...)
Está despertando el interés de sectores socialistas antineoliberales
políticamente dormidos hasta ahora y que ahora se están activando con
más fuerza de la esperada. Éste es un hecho esencial pues el grueso
electoral de izquierdas sigue votando al PSOE. La Plataforma para la
defensa de los servicios públicos y las diferentes “mareas” son espacios
de acercamiento entre ONGs y sindicatos mayoritarios que también
apuntan en este sentido.
Hay que impulsar este tipo de procesos:
acelerarlo pero no partiendo de la nada sino de todo lo que ya está en
marcha. El siguiente objetivo son aquellos sectores que se encuentran
fuera de la órbita de los sindicatos, del 15-M/ONGs y de los partidos en
general.
El esquema izquierda-derecha puede y debe estar en el núcleo de este
espacio: la cultura política española y europea aún se sustenta en buena
medida en él aún cuando haya sufrido una erosión debido al desprestigio
de los partidos y las promesas incumplidas. Pero el aglutinador debe ir
más allá si aspira a extender su hegemonía por encima de los espacios
progresistas tradicionales, preferentemente entre las capas urbanas
ilustradas y los grandes sectores populares abstencionistas.
Hay que
precisar un escenario de cómo hacerlo, es decir, cómo incorporar a los
sectores de la población que no vienen de la cultura política de la
izquierda -muchos despolitizados- pero que sufren las consecuencias de
la crisis (autónomos tradicionales, nuevos autónomos, clases medias
desclasadas, trabajadores de las pymes, pequeños empresarios etc.) a
este bloque.
Este espacio/bloque social no puede ser, en cualquier caso,
sólo electoral: la lucha institucional (jurídica, política, mediática)
no se puede ganar sólo con votos. Parece más prometedor iniciar un
contacto individualizado con estos espacios/sectores que hacer un
llamamiento sin más en espera de que se sumen: no es tan fácil que
acudan por mucho que se haya agudizado la situación (además: otros harán
otros “llamamientos” competidores).
Una línea de trabajo podría ser la combinación entre dos estrategias
coordinadas: una por abajo y otra por arriba. La estrategia “por abajo”
consistiría en reforzar la creación de espacios nuevos en la izquierda
alternativa con un programa antineoliberal. Aquí resulta decisiva la
consolidación de un espacio organizado socialista y antineoliberal.
Si
sigue así no se puede descartar la posibilidad de la celebración en
España de un gran mitin internacional de los socialistas
antineoliberales que cuente con la presencia de los pesos pesados del
socialismo antineoliberal europeo (...)
La estrategia “por arriba” consistiría en ir dándole un formato unitario
a todo este conglomerado de espacios: los discursos a desarrollar, las
formas de funcionamiento, los “grandes nombres”, el encaje del tema
constituyente-republicano etc.
Tiene poco sentido intentar hacerlo sin
la participación de los espacios creados “por abajo”: hay peligro de que
se quede en un acto voluntarista. Aunque hay un trabajo propio que hay
que hacer a este nivel: hay que crear un grupo de reflexión “por
arriba”: un grupo de personas con buenos contactos que empiece a
trabajar. (...)
Hay que abordar ofensivamente la cuestión nacional: la crisis puede
crear fuertes tendencias centrífugas que le den un respiro a la derecha
españolista y a una gran coalición con participación de los
socioliberales a costa de la izquierda alternativa estatal.
Entre dos polos se abre una franja política relativamente indefinida:
el del nacionalismo federalista o federalizante y el del
independentismo de izquierdas. Este último tiene un objetivo
estratégico: formar un Estado propio. Este es un objetivo antitético con
el nuestro por mucho que la lengua, las identidades y la ambigüedad del
concepto de “autodeterminación” sugieran lo contrario.
Es urgente
reforzar, o, mejor, construir ofensivamente –y no sólo reactivamente
como sucede ahora- el polo federalista para que se genere una nueva
dinámica en relación con el tema nacional, su redefinición, un nuevo
reparto de cartas.
Esto no se va a conseguir emulando al segundo polo como se ha hecho
hasta ahora, sino abordando de forma ofensiva cuestiones tales como la
lengua (plurilingüismo), el contenido redistributivo de la solidaridad
entre nacionalidades, la necesidad de reforzar el poder estatal frente a
los mercados financieros y, naturalmente, la democratización del Estado
en todas sus esferas." (Armando Fernández Steinko y Carlos Martínez García, en Crónica Popular, 27/06/2012)
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