"Sin
embargo, el argumento entre los partidarios de la austeridad y los
keynesianos sobre cómo estimular la recuperación sostenida se cruza con
otro debate. Llanamente, ¿qué tipo de economía posterior a la
recuperación queremos? Es ahí donde la economía se convierte en política
económica.
Aquellos que piensan que todo estaba bien en la economía antes de la
crisis salvo los créditos irracionales que ofrecían los bancos, están
convencidos de que evitar crisis en el futuro demanda solamente una
reforma de la actividad bancaria. La nueva ortodoxia reformada es la
“regulación macroprudencial” de los bancos comerciales por parte del
banco central.
Algunos irían más lejos y nacionalizarían los bancos o
los dividirían. Pero su horizonte de reforma está igualmente limitado al
sector bancario, y pocas veces preguntan qué fue lo que provocó el tan
mal desempeño de los bancos.
De hecho, es posible considerar el crédito excesivo bancario como un
síntoma de fallas económicas más profundas. El economista Thomas Palley
lo percibe como una manera de contrarrestar el crecimiento de la
desigualdad de ingresos, en donde el acceso al crédito asequible
sustituye la garantía fallida de bienestar de la democracia social. Así
pues, las reformas demandan una redistribución de ingresos y riqueza.
Las políticas redistributivas y las orientadas al estímulo se combinan
bien porque se esperaría que aumentaran la demanda agregada en el corto
plazo (debido a una menor tendencia de las familias de bajos ingresos al
consumo) y minimizaría la dependencia de la economía en el
endeudamiento financiero en el largo plazo.
El perjuicio inicial de la
confianza del sector empresarial provocado por impuestos más altos sobre
la riqueza se equilibraría con la perspectiva de un consumo global
mayor.
Otros argumentan que deberíamos tratar de reequilibrar la economía no
solo entre riqueza y pobreza, sino entre consumo de energía y ahorro de
energía. La premisa de la agenda ambiental económica es que hemos
llegado a los límites ecológicos de nuestro actual modelo de
crecimiento, y que necesitamos encontrar maneras de vivir con un menor
uso de fuentes de energía no renovable.
Por ello, las políticas de estímulo deberían estar orientadas a fomentar
no solo la demanda per se, sino también a impulsarla, pero de forma
respetuosa con el medio ambiente. Por ejemplo, los ecologistas son
partidarios de un transporte municipal gratis en las ciudades más
importantes.
En general, señalan que necesitamos más empeño no más
autos, por lo que los fondos de los programas de estímulo deberían
destinarse a la salud, educación y la protección del medio ambiente.
La verdad es que cualquier política de recuperación impulsada por
aspectos fiscales está destinada a tener implicaciones reformistas. Por
esta razón, los partidarios de la austeridad están en contra de ella y
porque incluso aquellos que aceptan el supuesto teórico de un programa
de estímulo insisten en ponerla en aplicación únicamente mediante la
política monetaria.
Reequilibrar la economía mediante un menor consumo de gas y un mayor
ahorro de energía –y de menor consumo privado a más de tipo público–
acabará finalmente por alterar los fines de la política económica.
Maximizar el crecimiento del PIB dejará de ser la prioridad número uno,
en cambio, será algo que podríamos llamar “felicidad” o “bienestar” o
“buena vida”.
El supuesto radical es que la economía previa a la crisis estalló no por
errores evitables en el sector bancario, sino porque el dinero se había
convertido en el único árbitro de valor. Así pues, debemos ser
decisivos en la búsqueda de la recuperación, pero no de una manera en la
que solamente se reproduzcan las fallas estructurales del pasado.
Como lo ha señalado acertadamente Dani Rodrik: “si la economía
consistiera meramente en la maximización de los beneficios, sería solo
otra forma de llamar a la administración de empresas. Es una disciplina
social y la sociedad tiene otras formas de contabilizar los costos
además de los precios del mercado.” (
Robert Skidelsky, Project Syndicat,
No hay comentarios:
Publicar un comentario