10.9.13

El problema es la dificultad que las economías occidentales afrontan para engendrar un crecimiento económico sólido y una creación de empleo suficiente

"Cuando se acerca el quinto aniversario del desordenado desplome del banco de inversión Lehman Brothers, algunos analistas repasarán las causas de una “repentina parada” mundial sin precedentes cuya consecuencia fueron enormes trastornos económicos y financieros.  (...) 

Por interesantes que esas contribuciones sean, espero que veamos también las de otro género: análisis de los resultados, anteriormente inconcebibles, que han pasado a ser realidad –con profundas consecuencias para las generaciones actuales y futuras– y que nuestros sistemas de gobierno aún no han abordado apropiadamente. Teniéndolo presente, permítaseme ofrecer cuatro.

El primero de dichos resultados –y el más transcendental con mucha diferencia– es la continua dificultad que las economías occidentales afrontan para engendrar un crecimiento económico sólido y una creación de empleo suficiente. 

Pese a la profunda reducción inicial del PIB en el último trimestre de 2008 y el primero de 2009, demasiadas economías occidentales aún no se han recuperado adecuadamente, por no hablar de conseguir unas tasas de crecimiento sostenido que compensaran completamente la pérdida de puestos de trabajo y de ingresos.

 De forma más general, sólo algunas han superado decisivamente la triplicidad de males que la crisis reveló: una demanda agregada insuficiente y desequilibrada, unas insuficientes capacidad de resistencia y agilidad estructurales y una deuda excesiva y persistente.

En vista de esa dura realidad, no es de extrañar que el segundo resultado anteriormente inconcebible se deba a reacciones normativas insuficientes, a saber, el gran desequilibrio persistente entre la hiperactividad de los bancos centrales y la frustrante pasividad de otras autoridades. (...)

La gran sorpresa a este respecto no es la de que los bancos centrales actuaran decisiva y audazmente cuando los mercados financieros se paralizaron y la actividad económica se desplomó. En vista de su acceso relativamente ilimitado a la acuñación de dinero y su enorme grado de autonomía operativa, era de esperar que los bancos centrales fueran los primeros en reaccionar y, además, activa y eficazmente y así lo hicieron de forma impresionante y mundialmente coordinada.

Lo que sorprende es que, cinco años después de la crisis y cuatro años después de que los paralizados mercados financieros reanudaran su funcionamiento normal, las economías occidentales sigan dependiendo abrumadoramente de los bancos centrales para evitar unos resultados económicos aún peores.(...)

 El tercer resultado anteriormente inconcebible se refiere a la evolución de los países en desarrollo. Tras haber sufrido al comienzo las consecuencias de la crisis financiera tanto como los países occidentales (de hecho, más en materia de producción y comercio), esas economías históricamente menos sólidas protagonizaron una recuperación notable... hasta el punto de que pasaron a ser el motor del crecimiento mundial. 

 Sin embargo, en ese proceso cayeron en una combinación de políticas desequilibrada, que ahora amenaza la continuidad de su crecimiento y su estabilidad financiera.

Unos nuevos riesgos de inestabilidad financiera señalan a las sorpresas cuarta y última: la falta de una renovación profunda, de forma creíble, sostenible y socialmente responsable, de los principales causantes de la crisis. (...)

En el caso de Europa, sólo ahora se está incitando a los bancos a abordar decisivamente sus déficits de capital, problemas de apalancamiento y activos débiles y residuales.

A riesgo de que se me considere un “angustias”, sigo preocupado por la magnitud del retraso que nuestros sistemas de dirección económica han demostrado a la hora de abordar esos cuatro resultados. (...)"                (Mohamed El-Erian, Project Syndicate, Jaque al neoliberalismo, 28/08/2013)

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