" (...) Parece que el actual gobierno español simpatiza con Don Miguel y su
visión, quizá profética, de la “marca España” al dejar fuera de su
programa político real (no el electoral) buena parte de la ciencia y la
investigación que se ha desarrollado y aun se desarrolla en nuestro
país.
Y no lo decimos por los sostenidos e injustificables recortes o el
retraso constante en convocatorias de becas, contratos, proyectos y
ayudas a la investigación que hemos denunciado en repetidas ocasiones. O
porque el CSIC se ahogue a falta de 75 millones de euros mientras el dos de Agosto se aprueban de un plumazo 840 millones de ayudas a empresas privadas.
No. Lo decimos porque aprovechando este verano caluroso que nos ha tenido muy entretenidos con la corrupción y con Gibraltar, nos comunican oficialmente lo que veníamos sospechando:
el Ministerio de Economía y Competitividad no va a cubrir ningún tipo
de gasto (cuotas, viajes y otros) relativo a los comités científicos
internacionales, ni siquiera las cuotas del ICSU. (...)
Indudablemente, la participación española en ICSU y los
gastos generados (porque al final hablamos de dinero, mal que nos pese)
pueden optimizarse. No todos los euros gastados han dado frutos ni son justificables en un escenario de limitaciones presupuestarias.
España, como muchos otros países, tiene representantes en algunos
comités que no participan en reuniones y grupos de trabajo importantes
o, si lo hacen, es más por aprovechar la oportunidad de viajar y ver
mundo que la de traerse en la maleta nuevos acuerdos y resultados
tangibles de su participación.
Eso es fácil de detectar, y se podría
reducir el gasto en comités internacionales con rapidez, objetividad y
eficacia si se implica a la comunidad científica en el análisis. Pero no
ha sido así. Se ha optado por asestar un golpe bajo a la participación
española en ICSU sin avisar y con aires de esa alevosía a la que
aludíamos unas líneas atrás.
Estamos viviendo una época sombría y decididamente triste. Lo de menos, con diferencia, son los recortes.
Eso y la llamada crisis económica son cosas menores, como cuando uno
pasa unos días con fiebre en casa y toca aguantar. Lo grave, mucho más
triste y más difícil de arreglar, es la falta de autocrítica que
comparte toda la clase política española, y el desinterés de muchos de
los representantes electos del pueblo por las necesidades reales y
vigentes de una sociedad moderna como la española.
No es cuestión de aplicar más o menos recortes
sino de pensar bien dónde y cómo. Se aplican como si hubiera que
descabezar pollos, a diestro y siniestro. Pero podría ser aún peor. La
salida de España de los Comités ICSU podría reflejar que el gobierno
aprovecha la coyuntura económica para desmontar un sistema en el que no cree.
De ser cierta esta interpretación (no nos queda más remedio que
interpretar, porque este Gobierno no es proclive a explicaciones y aún
menos a justificaciones), podría explicarse así por qué los recortes se
ceban con las áreas más estratégicas para la sociedad, como educación,
sanidad, investigación o producción sostenible, y no sobre el apoyo
estatal a grandes empresas y entidades financieras que, a menudo,
incumplen con sus obligaciones sociales de mantener una economía
funcional y un buen nivel de empleo de calidad.
Sea esta u otra la
motivación, resulta palmario que las prioridades no se establecen con visión global ni con un mínimo consenso entre especialistas e implicados. (...)" (Fernando Valladares, Miguel Angel Rodriguez Gironés, Joaquin Hortal, Adrián Escudero y Jordi Moya, eldiario.es, 04/09/2013)
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