"El IPC de julio de 2013 confirma algo de lo que veníamos avisando en los últimos meses: España entra en deflación.
El peligro real para la economía española es un descenso de los precios
inducido por un montante total de deuda pública y privada que no se va a
poder pagar.
Se conoce como deflación por endeudamiento.
Olvídense, por lo tanto, de la mejoría de los mercados financieros en
los últimos dos meses, que no obedece a ninguna recuperación real de los
fundamentales patrios, y que tiene que ver con los ciclos de
aversión-propensión al riesgo en los mercados financieros inducidos por
la política monetaria de ciertos bancos centrales, especialmente la Reserva Federal de los Estados Unidos. (...)
Si profundizamos un poquito más en los datos sacamos otra conclusión que agudizaría aún más la idea de deflación. Gran parte de la subida de la inflación obedece también al repunte del precio de determinados servicios públicos.
Hay varios ejemplos, el índice de precios de la rúbrica enseñanza
registra un crecimientos interanual del 10,4%, el transporte urbano del
4,7%. Por lo tanto, las administraciones públicas además de subirnos los
impuestos no están encareciendo el precio de los servicios públicos, lo
que unido al descenso salarial tan deseado por algunos ignorantes,
acaba hundiendo la renta de las familias, de manera que ya no solo es
que no se consuma, sino que la necesidad de reducir deuda con caídas de
renta se traduce en descensos en las tasas de ahorro. Todo un desastre. (...)
Para entender estas dinámicas y las consecuencias negativas de las mismas deberíamos acudir al economista de la Gran Depresión Irving Fisher y su Teoría de Deflación por Deuda. (...)
Irving Fisher describió como este proceso de
desapalancamiento o reducción de deuda podría llevar a una deflación por
deuda: la liquidación de la deuda obliga a vender los activos en una
situación de dificultad o apuros, a una contracción de los depósitos, y a
una desaceleración en la velocidad de circulación del dinero.
Como
consecuencia se produce un descenso en los niveles de precios, de manera
que si no se implementan políticas económicas expansivas, se produciría
aún una mayor caída en la riqueza neta de empresas y familias,
precipitando bancarrotas, una reducción en la producción, comercio, y
empleo, generando más pesimismo y pérdida de confianza, lo cual llevaría
a una mayor desaceleración en la velocidad de circulación, y a una
mayor caída de precios.
Se producen, por lo tanto, aberraciones en los
tipos de interés: mientras los tipos nominales caen, los tipos reales
suben, de manera que la política monetaria es ineficiente o, como pasa
en la actualidad, cualquier intento de incremento en la base monetaria
de la economía no tiene impactos en actividad, al descender bruscamente
la velocidad de circulación del dinero.
Este esquema explica perfectamente la actual crisis económica y el
colapso del sistema bancario de nuestro país.
Por eso, si no queremos
profundizar en la deflación por deuda que se encuentra en sus etapas
incipientes, es necesario no retrasar más las auténticas reformas
estructurales, una reducción y reordenación de nuestro sistema bancario a
costa de acreedores, unido a una reestructuración de parte de la deuda
de las familias." (Juan Laborda, Vox Pópuli, 14/08/2013)
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