"(...) Las alertas y las críticas predecían la muerte de la nación
desde hace mucho tiempo. El estancamiento de la economía portuguesa
empezó mucho antes de que estallara la crisis actual. Después de
haber sido uno de los países en los que la CEE inyectó más dinero
per cápita, Portugal es uno de los que menos se benefició de
este maná.
Durante los veintiséis años de “ayudas” recibidas
para prepararlo y adaptarlo a las exigencias de la Comunidad Europea
los fondos se dilapidaron completamente a medida que entraban en los
cofres del Estado. Sirvieron esencialmente para crear una clase de
parásitos que se apoderó con toda impunidad de sumas colosales.
Los fondos estructurales de ayuda al desarrollo tuvieron como
contrapartida el endeudamiento de los gobiernos portugueses con
bancos del centro de Europa (Alemania, Benelux y Austria). En efecto,
la financiación de los famosos proyectos, elaborados por Bruselas,
obligaba a Portugal a participar con unos fondos propios (entre un
15% y un 25% del total) obtenidos, evidentemente, a unas tasas
usureras.
Una manera muy audaz de llevar al país a endeudarse con
los bancos. Aproximadamente 121.000 millones de euros (41% de la
actual deuda portuguesa) proviene de estos préstamos. (...)
A falta de elites competentes y honestas durante todos estos años
de “democracia”, los portugueses no pudieron forjar las armas
necesarias para afrontar eficazmente las economías avanzadas de
Europa. Y debido a su entrada en la Unión Europea en 1986, Portugal
tuvo que abandonar gran cantidad de sectores productivos esenciales,
modestos pero, sin embargo, capaces de relanzar su capacidad
exportadora y de garantizar a su pueblo un mínimo de
autosuficiencia.
Desde entonces casi todo lo que esesencial para la
supervivencia de su población se importa de otros miembros de la
Unión Europea. (...)
Todo empezó con Cavaco Silva, el actual presidente de la
República y entonces primer ministro. Él es responsable de la
quiebra de la economía portuguesa. Fue durante sus dos mandatos,
gangrenados por el favoritismo y el clientelismo, cuando empezó el
robo del dinero de la CEE.
De la noche a la mañana se vio aparecer
una “eficiente” clase de empresarios que apadrinados por los
cuadros de su partido y con el apoyo de los banqueros, supieron
desviar los fondos a negocios jugosos sin el menos control del
Estado.
Esta complicidad criminal entre políticos elegidos por el pueblo
y lo privado impidió la eclosión de auténtico empresariado, fuerte
y ajustado a los retos de la modernidad.
El sol brilló esplendoroso para la clase de nuevos ricos que
navegó alegremente sobre la ola de la rapiña nacional: ferraris,
villas de lujo, coches para toda la familia, viajes de ensueño y las
mil y una maravillas de la inesperada dolce vita a la
portuguesa.
Los ricos se enriquecieron desmesuradamente, las clases
medias recibieron algunas migajas del festín y se contentaron con
ellas y el país se sumió en la beatitud ideológica. De este modo,
el poder político pudo consolidar su fuerza y el nació“cavaquismo”
para desgracia del pueblo y de la nación.
Si con Cavaco Silva la corrupción tuvo libertad de acción, con
su sucesor, António Guterres, un socialista del PS, se erigió en
institución de Estado. Cuando el guterrismo sustituyó al cavaquismo
las tropas del nuevo primer ministro ya sabían lo que les esperaba.
Habían leído muy bien el manual de instrucciones de la gobernación
política y no dudaron en copiar los métodos de sus colegas
neoliberales.
Apareció una nueva subclase de oportunistas. Se les llamó “boys”
[chicos, en inglés, n. de la t.] de Guterres. Desde entonces ambas
formaciones, los neoliberales y los socialistas del PS, bailan juntos
el vals al son de sus himnos partidistas y sudiéndose el uno al otro
regularmente se las arreglan para compartir fraternalmente las
riquezas nacionales, los empleos suculentos y las instituciones del
Estado.
Durante el gobierno de Guterres continuó a toda máquina la
desindustrialización del país: se abandonaron prácticamente la
agricultura y la pesca, y la falta de creatividad, de innovación y
de competencia de la mayoría de los empresarios nacionales situaron
al país bajo una total dependencia del extranjero. (...)
Con el paso de los años se volatilizaron los apetitosos fondos:
construcción de estadios de fútbol, de autopistas y de muchas obras
de prestigio; compra de submarinos para una posible defensa de la
patria; adquisición de miles de coches de lujo para los altos y
medios funcionarios (más de 29.000 coches llenan el parque
automovilístico del Estado); creación de miles de entidades
públicas y público-privadas (más de 13.000 institutos y
fundaciones, muchos de ellos ilegales, obtienen de los presupuestos
del Estado todavía hoy, a pesar de las políticas de austeridad del
gobierno, unos 70.000 millones de euros, el 48% de la riqueza
nacional).
Estas entidades, tan apreciadas por los conservadores y
las personas del PS, son los cotos vedados de los apparatchiks
del régimen (altos salarios, jubilaciones doradas y privilegios de
clase).
Los políticos obnubilados por los beneficios del Gran Saqueo ni
siquiera trataron de poner fin a los peligros que acechaban a la
economía nacional. La corrupción, el clientelismo y los gastos
faraónicos del Estado continuaron a buen ritmo durante todos estos
años hasta que país entró en bancarrota. La justicia se tapó los
ojos ante este embrollo para no tener que intervenir en los sucios
asuntos de Estado.
La sumisión de los gobernantes a los señores del capital suscitó
la creación de una gran burguesía intelectual y culturalmente
mediocre que acabó por bloquear cualquier proceso de progreso
social, económico y cultural. (...)
Desde el año 1985 han gobernado Portugal seis primeros ministros.
Al analizar los aspectos de sus gobiernos, me digo que algún día
habría que escribir la historia de todos los gobiernos de los países
miembros de la Unión Europea. La verdadera historia de esta Europa
de “democracias podridas” se escribirá desvelando la corrupción
y la incompetencia de sus políticos, y, sobre todo, las tragedias
vividas por sus víctimas, los pueblos." (Sejo Vieira, Le Grand Soir, Rebelión, 05/09/2013)
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