16.10.13

El populismo se consolida como refugio político de la crisis

" El ascenso del Frente Nacional en Francia, que, según los sondeos, puede llegar a un 24% en las próximas elecciones europeas, no responde a un movimiento electoral inevitable, provocado por el paro y el miedo a la inseguridad económica, sino, como demuestra la Historia, a errores de cálculo de los grandes partidos. (...)

Los dirigentes que aceptan recortar los derechos civiles, los portavoces que comparten el lenguaje autoritario de los extremistas, los grupos sociales que se limitan a realizar débiles intentos en defensa de la democracia, serán los responsables de que esos extremistas lleguen un día a ocupar extensas áreas de poder.

Dirán que la culpa la tuvieron los cada vez más furiosos parados o la atemorizada clase media, como ahora acusan a los ciudadanos de haber provocado el hundimiento de los mercados financieros con su consumo descontrolado.

 Pero la responsabilidad será de quienes, siendo políticos demócratas, una vez más, han caído, y nos habrán hecho caer a todos, en la peor de las trampas: hablar de los temas, de la agenda y de los intereses de quienes no lo son.

El Frente Nacional, y los grupos similares que están creciendo en casi toda Europa, ya no son vistos como extremistas, sino como alternativas políticas. Y eso ocurre porque “los grupos mayoritarios se han empeñado en hacerles el juego hablando de sus temas preferidos: inmigración, seguridad, delincuencia”, como explicaba hace pocos días en este diario Miguel Mora, corresponsal en París. (...)

¿Por qué aceptamos que el debate sobre inmigración ocupe un lugar predominante en el contexto de la crisis europea? Los inmigrantes no tienen nada que ver con ello. Da igual que millones de franceses lo puedan creer. No es verdad. Millones de alemanes llegaron a creer que los judíos eran responsables de la crisis de los años veinte y treinta.

 También entonces se les denunciaba como grupos de costumbres distintas y ropas grasientas. También a ellos se les atribuía todo tipo de delitos. ¿Qué tenían que ver con la crisis de los años treinta? Absolutamente nada. ¿Qué tienen que ver los rumanos, los marroquíes o los cameruneses con el estancamiento económico de Europa? ¿Con los millones de parados españoles, griegos o franceses? Absolutamente nada. (...)

Y mientras nos distraemos con esas cosas, el dinero atraviesa fronteras y se guarece en paraísos fiscales, y los políticos hacen como si ese tráfico no tuviera nada que ver con la crisis y, esperando tranquilizar a sus votantes y justificando de paso a los extremistas, tratan a los gitanos de Transilvania como si fueran ellos quienes amenazan nuestros puestos de trabajo y nuestros ahorros.

Nadie pretende negar que hay bandas organizadas de ladrones rumanos o búlgaros. Los vemos en nuestras calles. Son molestas y peligrosas. Tanto como las bandas de ladrones británicos o españoles. De lo que se trata es de qué ley se aplica a cada una.

 ¿Qué manera es esta de respetar el principio básico de la democracia de que todos somos iguales ante la ley, si se crean leyes distintas, según las castas o etnias? ¿Iguales ante la ley? Sí, pero de leyes distintas según el pasaporte de cada cual.

Quieren que olvidemos lo que aprendimos. No es una conspiración; es algo más peligroso, una necesidad derivada del pragmatismo. Pero si olvidamos, no dejaremos testimonio de que pudo haber sido de otra manera."          ( , El País, 13 OCT 2013 )


"Cuanto más complejo es el mensaje, mayor es la tentación de simplificarlo. Los partidos extremistas parecen entender bien la inquietud ciudadana ante fenómenos poliédricos y la capitalizan con habilidad.

 En medio de una crisis para la que no existen recetas claras, las formaciones más populistas ganan terreno en Europa —y no solo en Europa— con mensajes sencillos: vuelta al orgullo nacional, odio al extranjero, en guardia contra la construcción europea. 

El recrudecimiento de esa marea en un país tan representativo de los valores de la UE como Francia ha disparado esta semana las alarmas. (...)

 El refugio del electorado en partidos que propugnan soluciones extremas responde a una mezcla de factores. El que más aglutina es, sin duda, el recelo hacia la inmigración. “Es el elemento principal: los extremismos llevan años creciendo y obedecen a cambios estructurales en la sociedad, que teme no poder integrar al diferente”, analiza Jamie Bartlett, responsable del programa de violencia y extremismo en Demos, una reputada casa de análisis londinense. 

Demos publicó hace poco un extenso trabajo sobre el retroceso democrático en la UE, entre otros motivos por la intolerancia hacia las minorías. (...)

Tanto en Reino Unido como en Francia, las grandes formaciones han intentado responder al descontento de la ciudadanía con medidas más duras frente a la inmigración. El resultado es que quienes suben como la espuma son los impulsores de ese ideario: la ultraderecha. (...)

“La principal causa de la creciente fortaleza de los partidos extremistas es el declive económico, que ha vuelto a los votantes enfadados con los partidos mayoritarios. Pero también ayudan otras causas, como la inmigración y la globalización, que tienden a incentivar el nacionalismo y la reacción al cambio”, explica Charles Kupchan, del think tank Council on Foreign Relations.

 Aunque resulta inevitable vincular el ascenso de estas opciones políticas a la crisis económica, no hay una relación de causalidad exacta. Los movimientos populistas vienen de lejos, y la crisis, corolario de la globalización de los últimos 30 años, actúa como un ácido corrosivo que les facilita el camino.

La prueba de ese vínculo no del todo claro con las estrecheces económicas es el papel que desempeña la ultraderecha en territorios prósperos como Austria o los países nórdicos.

 En Austria, un país que no ha dejado de crecer pese al retroceso generalizado del continente, el ultranacionalista Partido Liberal obtuvo hace unos días el 21% de los votos en las elecciones generales. Esa formación aupó al poder al fallecido Jörg Haider, aún presente en la memoria europea como el primer líder de la UE con un discurso abiertamente ultraderechista. (...)

Un porcentaje similar al de los radicales noruegos obtuvo el Partido del Pueblo danés. También los Demócratas Suecos duplicaron su presencia en las últimas elecciones (hasta el 10%) y los Auténticos Finlandeses van segundos en las encuestas, con el 19% de la intención de voto. (...)"               ( , El País, Bruselas 12 OCT 2013 )

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