" (...) La mayoría de los análisis que se están haciendo sobre la economía
española desde el comienzo de la crisis presentan dos clarísimas
deficiencias. En primer lugar, hacen un diagnóstico erróneo sobre las
razones que han provocado la actual crisis económica.
En segundo lugar, y
derivado de lo anterior, las recetas ofrecidas no hacen sino ahondar
aún más el empobrecimiento de nuestro país. (...)
España es un claro ejemplo de recesión de balances privados
por un endeudamiento excesivo, que al final ha acabado contaminando
también a la deuda pública o soberana, absolutamente desbordada.
En España el sector privado presenta problemas de solvencia. La deuda
de las familias, empresas y entidades financieras supera el 315% del
PIB, y el precio del colateral que soportaba la mayor parte de la misma
se ha desplomando. La banca española, que de manera irresponsable
concedió dicha deuda, es insolvente.
En los más de cinco años que
llevamos de crisis apenas se han corregido estos dos problemas. Si bien
hay una reducción tenue de la deuda de familias y empresas no
financieras, el sector financiero, que fue quien concedió esa deuda,
continuó incrementando la suya en plena crisis.
Como consecuencia del descenso del colateral y los elevados niveles
de endeudamiento, las familias disminuyen el consumo y recuperan ahorro,
las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya
instalado y despiden a trabajadores. Las entidades financieras cortan el
grifo del crédito, en un contexto de incremento de la mora, y tratan de
recapitalizarse a costa de los contribuyentes.
En este escenario, los ingresos públicos se hunden, aumenta el
déficit público y se incrementa la deuda del Estado. Si en el año 2007
la deuda de las administraciones públicas se situaba en el 41% del PIB
en el último dato disponible (segundo trimestre de 2013) alcanzaba el
108%. La relación causa-efecto es del sector privado al público, y no al
revés.
Si estamos ante una crisis de deuda privada y bancaria, que ha
acabado contaminando, y de qué manera, a la deuda pública, es necesario
atacar el origen de la misma. Por ello como condición necesaria, aunque
no suficiente, se debería haber promovido un saneamiento del sistema
financiero insolvente a costa de gerencia, propietarios y acreedores.
La
banca presenta un problema de solvencia y se ha convertido en un
sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante y, en muchos
casos, de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. Resulta
imprescindible detener esta sangría de fondos hacía un sistema
financiero que no cumple el papel que tiene asignado.
Siguiendo los estudios de aquellos economistas que fueron capaces de
entender el papel de la deuda en la actual crisis sistémica (ver Steve Keen), España, para poder crecer de manera sostenible en el tiempo, debería reducir su deuda privada hasta niveles próximos al 150% del PIB, cuando en la actualidad más que la duplica.
Por ello es necesaria una restructuración de la deuda privada. El
Gobierno podría, a la vez que sanea el sistema financiero, reducir el
valor facial de ciertas hipotecas a un nivel que los propietarios de
casas pudieran permitírselo, evitando ejecuciones masivas de las mismas.
Ello reduciría la deuda de las familias. Los mecanismos de reducción de
la deuda, la limpieza de balances y de reordenación del sistema
financiero ya se implementaron con éxito en el pasado en países como
Estados Unidos, Suecia o Islandia.
Sin embargo, ni se ha saneado aún la banca a costa de gerencia y
acreedores, ni se ha planteado ninguna reestructuración de la deuda de
las familias. Por ello, la crisis continuará." (Juan Laborda, Vox Pópuli, 09/10/2013)
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