"(...)¿Cómo vivió el día del desahucio?
Vinieron cien efectivos de la policía, se cortaron mi calle y las
paralelas. En el primer intento de desahucio hubo mucha gente apoyando,
casi cien personas, de modo que el pasillo de mi casa se llenó de gente.
Estuvo muy bien.
Lo que pasa es que esta segunda vez, la policía llegó
mucho antes, a las 5:45 de la mañana. A esa hora ya había cinco
lecheras. Además, aquella noche habían estado pasando continuamente dos
coches de policía, para ver quién pasaba la noche en mi casa.
Esta segunda vez hubo 17 personas contigo, pero finalmente no resistieron hasta el final. ¿Por qué?
Lo decidí yo. Dos personas quisieron resistir de manera decidida y el
resto también, pero yo creo que estaban un poco asustados. Aún así
querían quedarse. Pero yo dije que no. ¿Para qué? Iban a tirar con un
mazo de acero la puerta. Aunque aguantáramos, no iba a ser mucho tiempo,
como mucho dos horas.
Había dos abogados fuera hablando con la policía,
con los que hablábamos a través de la puerta cerrada. Incluso uno de
ellos, que es de la PAH, dijo que aceptara los dos años de espera para
pagar la deuda que me habían ofrecido, porque no se iba a poder parar el
desahucio. Así que me vine abajo y acepté, pero pedí que a cambio me
dejaran sacar mis cosas y permitieran salir pacíficamente a los que
habían venido a apoyarme. Que me dejaran en paz a mí y a ellos.
No cumplieron su promesa. Los agentes se quedaron un poco alejados de
la puerta, los que estaban conmigo salieron pacíficamente y al último
le pegaron. Y a mí sólo me dieron un cuarto de hora para sacar las
cosas. Salí a pedir ayuda porque no podía sacarlo sola, pero la policía
no me dejó.
Menos mal que hubo vecinos que pasaron por allí y obligaron a
la policía a dejarles pasar para ayudarme. Fue un momento muy duro,
porque además luego se puso a llover. Y mis cosas estaban en la acera.
Cuando el día 20 de septiembre se incorpora al trabajo, ¿con qué se encuentra?
Algunos de mis compañeros saben lo que ha pasado y otros no. Dos
compañeras que lo sabían me estuvieron preguntando. Pero mi coordinadora
se mofaba de mí, me decía que había salido en internet, en la web de
Telecinco. Que era famosa.
A pesar de ello, se incorpora normalmente.
Así es. Trabajé un mes más, hasta el día 25 de octubre, el pasado
viernes, rindiendo bien. Un compañero y yo éramos los que más rendíamos.
De hecho, el día 25 había vendido dos pólizas y tenía pendientes para
esta semana un montón.
Entonces, la semana pasada vino mi jefa y nos pidió una persona de
refuerzo para trabajar el sábado, y yo me ofrecí. Me llamaron el viernes
desde recursos humanos. Me dijeron que no llevara conmigo el móvil, y
yo pensé que era para arreglar ese tema de las horas de más que iba a
hacer el sábado. Para mí era un día normal.
Allí me dicen que me despiden. A la chica se le notaba nerviosa. No
me avisaron con quince días de antelación. De hecho, en la indemnización
me añaden un poco por esa razón. Lo que me señalan es la reforma
laboral y, sobre todo, me marca con el boli el 11 de septiembre, el día
del desahucio.
Tuve otras dos faltas en octubre, que eran faltas
médicas. Pero los días del desahucio fue lo que hizo que me echaran. La
reforma laboral permite que aunque las bajas estén justificadas te
puedan echar. (...)
¿En qué momento entra en contacto con los grupos de activistas del movimiento antidesahucios?
En mayo de este año. Me metí en internet a buscar ayuda, estaba ya
que no podía más. En la página de Stop Desahucios hay una sección de
Psicólogos sin Fronteras y decidí pedir ayuda psicológica.
Allí tienen
un equipo estupendo, y la psicóloga me dio la dirección de la Oficina de
Vivienda de Madrid, donde cogieron mi caso y me pusieron en contacto
con la asamblea del Barrio del Pilar para que mi barrio también
estuviera apoyándome.
Desde entonces, ha pasado a ser también miembro activo del
movimiento contra los desahucios. A nivel de conciencia, ¿le ha cambiado
esta situación?
Sí, he ido a parar varios desahucios y otras iniciativas. Esta
experiencia me ha cambiado muchísimo. Fui a un desahucio de una persona
de mi edad, que tenía una niña, y me sentí identificada. Por suerte en
estas circunstancias yo no tengo niños. Hay casos mucho peores, con
cargas familiares.
Ver un desahucio desde el otro lado impresiona mucho.
Antes, apoyaba desde mi escondite a la gente pero sin hacer nada. En mi
casita, desde mi sofá, diciendo que qué bien, que qué majos son estos
que paran desahucios. Ahora he pasado a ser parte activa.
¿Cuáles son sus perspectivas de futuro?
Estoy viviendo en casa de un chico de la asamblea del Barrio del
Pilar, que tiene una casa con tres habitaciones y me ha ofrecido una de
alquiler. Y estoy recibiendo solidaridad de mucha gente, dentro y fuera
del movimiento. Ahora mi objetivo es lo del despido y luego la
inmobiliaria. Y a partir de ahí seguir participando en cosas." (La Marea, 29/10/2013)
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