"Alemania atraviesa una edad de oro exportadora, sus ventas foráneas
suman más que las de Francia, Italia y Reino Unido juntas, pero cada vez
hay más voces que alertan de los efectos nocivos que tiene el superávit
cuasi crónico alemán.
Primero han sido instituciones como el FMI o el
G20, pero ahora ya hay voces internas en la UE que muestran una seria
preocupación por el efecto deflacionista en el Sur de Europa que está
causando el persistente excedente comercial alemán. (...)
Para alcanzar el equilibrio fiscal, adicionalmente, el gobierno
alemán ha reducido de forma drástica la inversión pública, la más baja
en la EU en relación al PIB, lo mismo que la de I+D y ha extendido una
política deflacionaria que ha decidido imponer al resto del Sur de
Europa.
El resultado en términos de inflación está claro. Las últimas cifras
de inflación en la UE apuntan a un 0,7% anual, lo que en España ya se ha
traducido en tasa negativa (-0,1% anual en octubre).
Pero si uno
elimina la carga impositiva puede observar cómo en España tenemos tasas
de inflación negativas desde el mes de abril, lo que explica el perfil
de nuestra demanda interna. Por eso sorprende el afán que tienen algunos
supuestos expertos en vender el modelo alemán como la panacea para el
resto de países de nuestro entorno.
La idea de la austeridad expansiva choca frontalmente con el riesgo
latente de deflación que asola a Europa, y que invalida el modelo
exportador como única fórmula para poder sobrevivir en un mundo
globalizado. La competitividad únicamente a través de la deflación
salarial permanente solo conduce a la exclusión social de todos los
sectores y trabajadores que no están inmersos en dicho proceso, como ha
ocurrido en Alemania.
Ni siquiera en las empresas punteras que se
dedican a la exportación han mejorado las rentas salariales, lo que está
conduciendo a un superávit corriente que únicamente revierte en mejorar
la cuenta de resultados de las empresas que evitan repartir, como
antaño, la tarta de la riqueza nacional.
Si se aumentasen los salarios en Alemania, si mejorase la inversión
pública, el superávit comercial se reduciría, sin menguar las
exportaciones, ya que aumentaría la demanda interna y con ella las
importaciones. Las empresas alemanas venderían más dentro de las propias
fronteras. Eso es precisamente lo que se preguntan los escépticos,
entre los que me incluyo, de la salida vía exportaciones en un mundo en
deflación y con rentas del trabajo a la baja.
Por eso no caben excusas
para que Alemania pierda el miedo a la inflación, cuyos riesgos son
nulos, y se avenga a impulsar su demanda interna y equilibre su saldo
comercial, sin perder exportaciones, apoyando una expansión controlada
de la demanda interna.
Sería un gran paso adelante que la próxima Comisión Europea que surja
del nuevo Parlamento Europeo diseñe y cambie todo el mecanismo de
cooperación y sanción en materia económica europea.
Se introduzcan
mecanismos de corrección de superávits crónicos que ahogan a una parte
de la población y redundan en empobrecer aún más a una gran masa de
europeos. Luego nos asustamos del rebrote del fascismo y del racismo." (Alejandro Inurrieta, Vox Pópuli, 10/11/2013)
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