"(...) Hace unos meses se aprobó el presupuesto plurianual de la Unión Europea,
dentro de las normas establecidas para la preparación de presupuestos
en los próximos siete años (sí, leyó bien, siete años).
En estas
normativas, escritas en letra pequeña, se indica que cualquier
transferencia de fondos (que se definen como “ayuda”) a autoridades
municipales, regionales o nacionales (es lo que el lector ha podido ver
en las pancartas de su ayuntamiento o comunidad autónoma, en la que se
indica que el proyecto se ha financiado con fondos de la UE, con la
bandera de estrellas en lugar prominente) está condicionada a que el
gobierno del país se comprometa a seguir las políticas macroeconómicas
neoliberales (que no tienen nada que ver con el proyecto financiado) que
incluyen la retahíla de medidas que mencioné antes.
Y estas medidas
macroeconómicas las dicta y las supervisa la Comisión Europea, el grupo
de tecnócratas que nadie ha elegido y que, en su mayoría, son de
persuasión ultraliberal.
En otras palabras, la Comisión Europea le dirá al gobierno
español “usted no puede apoyar con fondos europeos la construcción, por
ejemplo, de un hospital en Girona, a no ser que usted, gobierno de
Madrid, se haya comprometido a bajar los salarios del país”.
El gobierno que ha promovido este
sistema (y que tiene una enorme influencia en la Comisión Europea) es el
gobierno alemán, máximo sostenedor de las políticas de austeridad hoy
en la UE y en la Eurozona.
Y lamento decirle que usted, ciudadano
español, no tiene ninguna voz o posibilidad de cambiar esto, a no ser
que se movilice para que España salga de este sistema que tiene al país
estancado. Por cierto, parte de estos fondos vienen de su bolsillo,
reciclados a través de la siempre presente Comisión Europea.
Y me sabe
mal informarle también que el Parlamento Europeo no pinta nada en esto.
Ni tampoco puede hacer nada. En realidad, intentó hacer algo, pero no le
dejaron. Había propuesto que los países pudieran utilizar fondos de la
UE que estuvieran catalogados como inversiones para estimular el
crecimiento, y también sugirió que en el cálculo del déficit público se
separara el gasto en inversiones del gasto en consumo.
Pero todo sigue
como la Comisión decidió. ¿Lo entiende? Y mientras, se define como
extremistas a aquellos que quieren salirse del sistema por considerar el
cambio dentro del euro como imposible. (...)
Está también claro que el hartazgo de las clases populares de la Unión
Europea hacia tal entidad política está alcanzando niveles amenazadores
para la reproducción de tal sistema de gobierno. Y es lógico que tal
hartazgo lo lideren aquellas fuerzas políticas que cuestionan más
radicalmente la existencia del euro y de la Unión Europea.
El
crecimiento de los partidos de la ultraderecha a nivel de Europa es un
indicador de ello. Su éxito se basa en su radicalismo en contra de lo
que llaman “las élites tecnócratas que roban el poder nacional”
(acusación que es difícil desmentir), proponiendo la salida del euro y
de la UE.
En cierta manera, su éxito se debe al fracaso de las
izquierdas en entender y responder al enfado de las clases populares
hacia esta Europa, la Europa que de sueño democrático y social se ha
convertido en pesadilla antisocial y antidemocrática. ¿Hasta cuándo
tendremos que esperar a que las izquierdas entiendan que esta Europa no
es cambiable y que otra Europa es posible?"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital
SISTEMA, y en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 15
de noviembre de 2013, en www.vnavarro.org, 15/11/2013)
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