"El debate sobre el euro se encuentra en un nuevo estadio. Parece, solo
parece, que de momento el euro no colapsará y no lo hará porque, como
hemos podido comprobar, las autoridades europeas están dispuestas
incluso a vulnerar normas legales que se han dado a sí mismas (los
estatutos de independencia del BCE) para mantenerlo con vida. (...)
Eso nos conduce a un horizonte
marcado por el empobrecimiento y la depauperización de las clases
medias, de emigración creciente de mano de obra cualificada, de
deterioro y ampliación de la brecha tecnológica en la capacidad
productiva instalada, de persistencia de tasas de desempleo
insostenibles en el tiempo, de aproximación al límite de sostenibilidad
de la capacidad de pago de la deuda pública y privada, es decir, nos
aproxima al escenario de mezzogiorno que plantea el ponente. (...)
Es por ello que creo que la única cuestión sobre la que deberíamos
estar discutiendo ahora es sobre cómo salir de este atolladero. A ningún
ratón se le ocurriría discutir si la trampa en la que está atrapado es o
no reformable y mucho menos si, además, tiene al gato con la zarpa
preparada a la salida y si, para más inri, el ratón fue capaz de
anticipar los detalles de la trampa y la naturaleza del gato y, a pesar
de todo, verse abocado a caer en ella.
Pues bien, sirva la
sencilla metáfora para ilustrar que somos como ratones atrapados en una
trampa que se están jugando su supervivencia y tienen sólo dos opciones:
aceptar que las cosas son como son, porque carece de las fuerzas
necesarias para destrozar la trampa y seguir soportando la presión hasta
que el cepo termine con esa lenta agonía, o tratar de escapar aún
sabiendo que en el intento se van a incurrir en costes inevitables.
Eso
significa que la opción por la salida del euro debería dejar de ser
tratada exclusivamente desde los problemas que genera, que son muchos y
que no se pueden ni se deben rehuir, sino que también habría de ser
tratada desde la perspectiva de la ventana de oportunidades que puede
abrir para reconstruir este país.
En estos momentos, y a mi
humilde modo de ver, el esfuerzo de los economistas críticos de este
país debería estar orientado a pensar en cómo liberarnos de esta trampa
al menor coste posible (porque hay opciones para ello) en lugar de
alertar, haciendo de correa de transmisión de los intereses de las
élites industriales y financieras europeas, de la catástrofe que ello
supondría, como si lo que está ocurriendo no fuera suficientemente grave
ya; en analizar cuáles son las oportunidades que se abrirían una vez
fuera del euro y cómo sería posible aprovecharlas; en plantear qué
horizonte queremos y podemos construir y en alianza con quién o quiénes.(...)" (Alberto Montero Soler, Rebelión, 19/11/2013)
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