"El sueño europeo. Fue lo que mis vecinos me decían
cuando me vieron marcharme con mis cuatro hijos a cuestas y una mano
delante y otra detrás". Bárbara llegó a España en febrero de 2007,
cuando a su alrededor la crisis se fraguaba en silencio.
Dejó su país
natal, Argentina, huyendo de una vida que colocaba a su familia en un
callejón sin salida. "Allí tenía que pelear por llevar un plato de
comida a casa; aquí, aunque parezca superficial, puedo comprar a mis
hijos unos zapatos o llevarles un día a cenar fuera".
Salió de su barrio
con lo puesto después de vender su casa. Casi siete años después, ha
conseguido un permiso de residencia gracias a un contrato de empleada
del hogar y no está entre sus planes volver a su tierra.
Como Bárbara, el 57% de los inmigrantes en España tienen intención de
quedarse definitivamente. A pesar de que sus expectativas de vida no se
han cumplido del todo, un 42,4% está bastante satisfecho con su
situación actual. Lo dicen las conclusiones del informe Claves de la integración de los inmigrantes en España 2013,
elaborado por la Fundación SM, que señala, entre otras cuestiones, los
obstáculos más pesados que enfrenta esta población.
El paro es el
primero (60%), seguido por el idioma autonómico (45%) o el propio
castellano (43%). Todos los datos son relativos al año 2011, cuando se
realizaron las encuestas sobre las que se fundamentan.
Otra dificultad para muchas personas inmigrantes es la
integración. Aunque un 66% reconoce que se sienten bien tratados, más de
la mitad considera que sus condiciones de trabajo son algo peores que
las de la población española.
"En varias ocasiones me he sentido
discriminada por no tener papeles. Indirectamente pago el IVA, pago la
luz, el agua, el alquiler... ", comenta Bárbara, cuyo salario no llega a
los 750 euros mensuales. Aterrizó en España en busca de un trabajo
digno, al igual que el 38% de los inmigrantes, según datos del informe.
Desde hace años trabaja como empleada del hogar en varias casas. En
algunas han accedido a darle de alta en la seguridad social, lo que le
ha permitido regularizar su situación; en otras, se niegan. "Eso sí
-puntualiza- el día que no trabajo, no cobro".
Solo
uno de sus hijos aún no ha podido obtener los papeles. Aunque ha ocupado
varios puestos de trabajo, nunca han querido contratarle legalmente.
"Estuvo durante unas semanas en un restaurante.
Echaba muchísimas horas
al día por menos de 800 euros. Desde el primer momento le dijeron que
cobraría en negro y, dos semanas después, le pusieron en la calle porque
encontraron a una chica que hacía lo mismo por 600".
Pese a todo, Bárbara dice que nunca se sintió desamparada. "Cuando
llegamos a España, los servicios sociales nos orientaron y nos guiaron.
En este sentido, este país me ha acogido mejor que el mío propio",
reconoce esta mujer, cuyos nietos ya son nacidos en España.
Al igual que
ella, según el informe, el 93,3% de los inmigrantes valoran
positivamente los servicios sociales públicos. O al menos así lo hacían
en 2011, antes de la entrada en vigor del Real Decreto que excluye a los ciudadanos sin papeles de la atención sanitaria y que afecta a más de 800.000 extranjeros residentes en España." (eldiario.es, 26/12/2013)
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