"Podemos hablar en estos momentos de una ruptura. Por un lado, los
estados pretendían alinearse para construir un estado federal europeo
–los Estados Unidos de Europa-, pero esto ha resultado falso.
Porque los
estados nacionales han continuado existiendo. Además, se han dado tres
elementos nuevos que han cambiado la correlación de fuerzas: La caída
del bloque oriental y la ampliación al Este de la UE; la unificación
alemana; y el predominio de la política neoliberal, cuyo primer paso fue
el Tratado de Maastricht.
¿En qué punto se produce la ruptura? ¿Dónde se encuentra la gran novedad en la relación entre estados?
Con la crisis, el estado alemán inicia una nueva estrategia de
competencia con los demás estados para construir su hegemonía política y
económica. Es decir, el neomercantilismo. Una estrategia para ser más
competitivo que los demás estados de Europa, mediante dos mecanismos: la
devaluación interna y la reducción del estado social.
Es decir,
Alemania devalúa los salarios y se hace más competitiva, con lo que
genera asimetrías permanentes con el resto de economías europeas,
especialmente las del sur. Ya no se trata, en resumen, de una
integración regional, sino de la hegemonía alemana sobre los demás
estados.
Es decir, la crisis del proyecto de una Europa unida
En efecto, el proyecto de construcción de la Unión Europea ha entrado
en crisis y se ha consolidado un modelo centro-periferia. Este modelo
articula, por un lado, a los países centrales y poderosos (Alemania,
Austria, Holanda, Finlandia), que son exportadores y acreedores.
Están
organizados en torno a Alemania. De hecho, se trata de economías que
tradicionalmente funcionaban en torno al marco alemán y que, con la
consolidación del euro, consolidaron también su posición de dominio. En
el otro lado, dentro de este modelo de división internacional del
trabajo, se sitúan los países del sur (sobre todo, Grecia, Portugal,
España y, con matices, Italia, porque el norte desarrollado se halla en
proceso de definición).
La dinámica interna de estos países es
independiente de las aspiraciones del norte rico. Son importadores y
están crecientemente endeudados con los países centrales.
¿Qué futuro avizoras para la periferia de Europa?
Ciertamente, la crisis acentúa esta deriva centro-periferia. Se
desmantelan las estructuras productivas del sur y, del mismo modo, se
acentúan sus rasgos periféricos: una economía de servicios, dependencia
del turismo, industria muy débil y dependiente. Además, con derechos
sociales y sindicales muy disminuidos.
Pero la gente, en todo caso,
busca seguridad y protección. De esta afirmación se infieren dos
alternativas: por la izquierda, con tendencia al socialismo; o por la
derecha, hacia el fascismo.
Por otra parte, ¿Cómo
definirías, en términos sencillos, el “neomercantilismo” alemán,
expresión utilizada por los economistas críticos?
Se
trata, en pocas palabras, de una estrategia estatal para conseguir
arruinar al vecino. Alemania, una economía con superávit permanente en
la balanza por cuenta corriente, acumula reservas mientras que el resto
de países acumula deudas.
Se trata de una estrategia no cooperativa en
las relaciones internacionales, dentro de un marco de teórica
integración suprarregional. Alemania está imponiendo a los demás su
modelo económico –el ordoliberalismo- un capitalismo muy liberal y con
fuerte presencia del estado.
En esa correlación de fuerzas
entre estados, hablabas en un artículo en “El Viejo Topo” (septiembre de
2013) del “Vichy global”. ¿A qué te refieres?
Es una
metáfora. Cuando Alemania derrotó a Francia en la segunda guerra
mundial, le impuso el régimen de Vichy a los franceses. Lo importante es
que Alemania le resolvió entonces a la derecha francesa el problema
(pendiente desde hacía décadas) de acabar con la izquierda, el
movimiento obrero y el movimiento republicano. Ocurre ahora lo mismo en
la Unión Europea.
La burguesía, sobre todo la del sur de Europa, ha
sellado una alianza con el estado alemán para liquidar las conquistas de
las mayorías sociales, y promover las desregulaciones de carácter
neoliberal.
Es éste el Vichy global. Alemania es el instrumento, se la
presenta como a “la mala de la película”, pero a las burguesías locales
les interesa su actuación para la liquidación de las conquistas
sociales. Se trata, a fin de cuentas, de una alianza de clases.
Por tanto, consideras que existe hoy una hegemonía alemana en Europa que no admite discusión.
En la coyuntura actual, el principal obstáculo para una Europa alemana
es Francia. Es la única “anomalía” que le queda a Alemania por
destrozar. Francia es un estado fuerte y culturalmente republicano. De
ahí las dificultades germanas. Hollande está de acuerdo con la Europa
alemana y la erosión de la soberanía política, económica y cultural
francesa. También está de acuerdo la patronal.
¿Cuál es el problema?
Hollande le tiene miedo al pueblo francés. Pero esta contradicción le
lleva a un “callejón sin salida”. O cambia de política y refuerza a la
Francia republicana frente a la Unión Europea y Alemania, o convoca
elecciones legislativas, que ganaría la derecha y aplicaría otras
reformas.(...)" (Entrevista a Manolo Monereo, Enric Llopis, Rebelión, 06/12/2013)
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