8.12.13

“Las burguesías del Sur han sellado una alianza con el estado alemán para liquidar las conquistas sociales”

"Podemos hablar en estos momentos de una ruptura. Por un lado, los estados pretendían alinearse para construir un estado federal europeo –los Estados Unidos de Europa-, pero esto ha resultado falso. 

Porque los estados nacionales han continuado existiendo. Además, se han dado tres elementos nuevos que han cambiado la correlación de fuerzas: La caída del bloque oriental y la ampliación al Este de la UE; la unificación alemana; y el predominio de la política neoliberal, cuyo primer paso fue el Tratado de Maastricht. 

¿En qué punto se produce la ruptura? ¿Dónde se encuentra la gran novedad en la relación entre estados? 

Con la crisis, el estado alemán inicia una nueva estrategia de competencia con los demás estados para construir su hegemonía política y económica. Es decir, el neomercantilismo. Una estrategia para ser más competitivo que los demás estados de Europa, mediante dos mecanismos: la devaluación interna y la reducción del estado social.

 Es decir, Alemania devalúa los salarios y se hace más competitiva, con lo que genera asimetrías permanentes con el resto de economías europeas, especialmente las del sur. Ya no se trata, en resumen, de una integración regional, sino de la hegemonía alemana sobre los demás estados. 

Es decir, la crisis del proyecto de una Europa unida 

En efecto, el proyecto de construcción de la Unión Europea ha entrado en crisis y se ha consolidado un modelo centro-periferia. Este modelo articula, por un lado, a los países centrales y poderosos (Alemania, Austria, Holanda, Finlandia), que son exportadores y acreedores. 

Están organizados en torno a Alemania. De hecho, se trata de economías que tradicionalmente funcionaban en torno al marco alemán y que, con la consolidación del euro, consolidaron también su posición de dominio. En el otro lado, dentro de este modelo de división internacional del trabajo, se sitúan los países del sur (sobre todo, Grecia, Portugal, España y, con matices, Italia, porque el norte desarrollado se halla en proceso de definición). 

La dinámica interna de estos países es independiente de las aspiraciones del norte rico. Son importadores y están crecientemente endeudados con los países centrales. 

¿Qué futuro avizoras para la periferia de Europa? 

Ciertamente, la crisis acentúa esta deriva centro-periferia. Se desmantelan las estructuras productivas del sur y, del mismo modo, se acentúan sus rasgos periféricos: una economía de servicios, dependencia del turismo, industria muy débil y dependiente. Además, con derechos sociales y sindicales muy disminuidos.

 Pero la gente, en todo caso, busca seguridad y protección. De esta afirmación se infieren dos alternativas: por la izquierda, con tendencia al socialismo; o por la derecha, hacia el fascismo. 

Por otra parte, ¿Cómo definirías, en términos sencillos, el “neomercantilismo” alemán, expresión utilizada por los economistas críticos? 
 
Se trata, en pocas palabras, de una estrategia estatal para conseguir arruinar al vecino. Alemania, una economía con superávit permanente en la balanza por cuenta corriente, acumula reservas mientras que el resto de países acumula deudas. 

Se trata de una estrategia no cooperativa en las relaciones internacionales, dentro de un marco de teórica integración suprarregional. Alemania está imponiendo a los demás su modelo económico –el ordoliberalismo- un capitalismo muy liberal y con fuerte presencia del estado. 

En esa correlación de fuerzas entre estados, hablabas en un artículo en “El Viejo Topo” (septiembre de 2013) del “Vichy global”. ¿A qué te refieres? 

Es una metáfora. Cuando Alemania derrotó a Francia en la segunda guerra mundial, le impuso el régimen de Vichy a los franceses. Lo importante es que Alemania le resolvió entonces a la derecha francesa el problema (pendiente desde hacía décadas) de acabar con la izquierda, el movimiento obrero y el movimiento republicano. Ocurre ahora lo mismo en la Unión Europea.

 La burguesía, sobre todo la del sur de Europa, ha sellado una alianza con el estado alemán para liquidar las conquistas de las mayorías sociales, y promover las desregulaciones de carácter neoliberal.

 Es éste el Vichy global. Alemania es el instrumento, se la presenta como a “la mala de la película”, pero a las burguesías locales les interesa su actuación para la liquidación de las conquistas sociales. Se trata, a fin de cuentas, de una alianza de clases. 

Por tanto, consideras que existe hoy una hegemonía alemana en Europa que no admite discusión. 

En la coyuntura actual, el principal obstáculo para una Europa alemana es Francia. Es la única “anomalía” que le queda a Alemania por destrozar. Francia es un estado fuerte y culturalmente republicano. De ahí las dificultades germanas. Hollande está de acuerdo con la Europa alemana y la erosión de la soberanía política, económica y cultural francesa. También está de acuerdo la patronal. 

¿Cuál es el problema? Hollande le tiene miedo al pueblo francés. Pero esta contradicción le lleva a un “callejón sin salida”. O cambia de política y refuerza a la Francia republicana frente a la Unión Europea y Alemania, o convoca elecciones legislativas, que ganaría la derecha y aplicaría otras reformas.(...)"                    (Entrevista a Manolo Monereo,  Enric Llopis, Rebelión, 06/12/2013)

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