"Nuestras previsiones para 2014 suponen, como ya conocen ustedes, una continuidad de la crisis sistémica que se inició en 2008. (...)
Una de las mayores tonterías que uno puede leer en las previsiones de ciertos economistas es que la reducción de deuda de empresas y familias,
y por ende el incremento del ahorro de ambos, es un síntoma de
recuperación de nuestra economía. Justamente se trata de todo lo
contrario, es el diagnóstico de que estamos en una recesión de balances.
Como consecuencia del descenso del colateral y los elevados niveles
de endeudamiento, las familias disminuyen el consumo y recuperan, si
pueden, ahorro; las empresas no financieras no invierten, destruyen
capital ya instalado, y despiden a trabajadores. El objetivo es reducir
la deuda a toda costa. Se entra en una recesión de balances. (...)
Una vez que el sector privado de nuestra economía entra en una recesión como la actual, técnicamente denominada recesión de balances,
se hunden los ingresos fiscales, si bien en nuestro querido país lo han
hecho más allá de lo usual para economías desarrolladas. Sin embargo,
es desde el lado de los gastos donde la situación se ha hecho todavía
más insostenible.
La carga financiera de nuestra deuda pública así como
los diferentes rescates y avales a distintos sectores privados amenazan,
en nuestro escenario para 2014, con acabar provocando una crisis de deuda soberana. (...)
Por eso, piensen lo mejor, que realmente el consenso de mercado tiene
razón; y prepárense para lo peor, que mis negros augurios finalmente, y
espero equivocarme, se cumplen." (Juan Laborda, 25/12/2013)
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