"(...) cabe señalar algunas novedades que se han presentado este año.
La primera es que en los últimos meses el Gobierno y sus adláteres están empeñados en convencernos de que ha comenzado la recuperación. (...)
No hay ningún dato que certifique que una recuperación consistente y sostenida sea posible. Solo el sector exterior presenta una tendencia positiva, pero paradójicamente condicionada a que la economía no crezca, para que las importaciones no desborden a las exportaciones.
Fundamentar el crecimiento únicamente en el sector exterior además de arriesgado es inútil, tanto más cuanto que la apreciación del euro compensa con creces toda posible mejora adquirida en la competitividad a través de la bajada de salarios y de los recortes presupuestarios, y que Alemania continúa empeñada en mantener un superávit del 6% en su balanza de pagos.
Ningún otro factor apunta a una recuperación sólida. El consumo privado sigue colapsado como resultado del paro, de la reducción de los salarios y de la deuda contraída por los hogares en los años anteriores; incluso la reciente aprobación de la ley de la reforma del sistema público de pensiones contribuye a que los ciudadanos se retraigan en el gasto.
A su vez, el consumo público se encuentra en su nivel más bajo y todo indica que, como mucho, se mantendrá o, lo que es más probable, que se reduzca debido a la política de ajustes que el Gobierno continuará aplicando en su lucha sin fin contra el déficit.
Nada se puede esperar de la inversión pública y resulta difícil pensar que la privada pueda reanimarse estimulada únicamente, si acaso, por el sector exterior, y en ausencia de crédito. A pesar del optimismo que intenta infundir el Gobierno, la probabilidad de que el lastre del euro vaya a impedir la recuperación es muy alta.
La segunda novedad, si se puede llamar así, es que al fin los españoles se han enterado de que las alegrías del sector financiero les van a costar muchos miles de millones de euros. Hasta ahora se nos había dicho que las aportaciones a la banca eran puros préstamos o inversiones que se recuperarían más tarde. Las operaciones realizadas hasta el momento indican claramente lo contrario.
Las entidades saneadas con dinero público retornan al sector privado, sin que se recobre el dinero invertido. La prueba más clara de que la cantidad de recursos aportados por el erario público a través del FROB va a ser a fondo perdido es que Eurostat ha obligado a computarlo como déficit y a incluirlo dentro del monto de la deuda pública, con lo que esta ha llegado a alcanzar un nivel muy preocupante y jamás conocido por la hacienda pública española, cercano al 100% del PIB.
La tercera novedad a resaltar, y a la que quizá no se le ha concedido la trascendencia adecuada, ha sido la aprobación de la reforma del sistema público de pensiones, verdadero golpe mortal contra el Estado social y que amenaza con dejar en el futuro en la pobreza y en la miseria a una parte muy importante de la población.
La primera es que en los últimos meses el Gobierno y sus adláteres están empeñados en convencernos de que ha comenzado la recuperación. (...)
No hay ningún dato que certifique que una recuperación consistente y sostenida sea posible. Solo el sector exterior presenta una tendencia positiva, pero paradójicamente condicionada a que la economía no crezca, para que las importaciones no desborden a las exportaciones.
Fundamentar el crecimiento únicamente en el sector exterior además de arriesgado es inútil, tanto más cuanto que la apreciación del euro compensa con creces toda posible mejora adquirida en la competitividad a través de la bajada de salarios y de los recortes presupuestarios, y que Alemania continúa empeñada en mantener un superávit del 6% en su balanza de pagos.
Ningún otro factor apunta a una recuperación sólida. El consumo privado sigue colapsado como resultado del paro, de la reducción de los salarios y de la deuda contraída por los hogares en los años anteriores; incluso la reciente aprobación de la ley de la reforma del sistema público de pensiones contribuye a que los ciudadanos se retraigan en el gasto.
A su vez, el consumo público se encuentra en su nivel más bajo y todo indica que, como mucho, se mantendrá o, lo que es más probable, que se reduzca debido a la política de ajustes que el Gobierno continuará aplicando en su lucha sin fin contra el déficit.
Nada se puede esperar de la inversión pública y resulta difícil pensar que la privada pueda reanimarse estimulada únicamente, si acaso, por el sector exterior, y en ausencia de crédito. A pesar del optimismo que intenta infundir el Gobierno, la probabilidad de que el lastre del euro vaya a impedir la recuperación es muy alta.
La segunda novedad, si se puede llamar así, es que al fin los españoles se han enterado de que las alegrías del sector financiero les van a costar muchos miles de millones de euros. Hasta ahora se nos había dicho que las aportaciones a la banca eran puros préstamos o inversiones que se recuperarían más tarde. Las operaciones realizadas hasta el momento indican claramente lo contrario.
Las entidades saneadas con dinero público retornan al sector privado, sin que se recobre el dinero invertido. La prueba más clara de que la cantidad de recursos aportados por el erario público a través del FROB va a ser a fondo perdido es que Eurostat ha obligado a computarlo como déficit y a incluirlo dentro del monto de la deuda pública, con lo que esta ha llegado a alcanzar un nivel muy preocupante y jamás conocido por la hacienda pública española, cercano al 100% del PIB.
La tercera novedad a resaltar, y a la que quizá no se le ha concedido la trascendencia adecuada, ha sido la aprobación de la reforma del sistema público de pensiones, verdadero golpe mortal contra el Estado social y que amenaza con dejar en el futuro en la pobreza y en la miseria a una parte muy importante de la población.
La sociedad no ha tomado conciencia de lo que representan los cambios introducidos y tampoco de que las pensiones, a niveles ya muy bajos, van a perder año tras año poder adquisitivo. Sin duda va a ser un duro golpe para los actuales pensionistas, pero también y quizá en mayor medida para los futuros.
El Gobierno se ha propuesto sanear las finanzas públicas y hacer frente al enorme endeudamiento, haciendo recaer su coste sobre la parte más vulnerable de la sociedad, los jubilados. (...)" (Juan Francisco Martín Seco, 29/12/2013)
"(...) Rajoy nuestro presidente por votación popular, no se olvide jamás, dice que ha mejorado la economía gracias a las políticas que los votos le permiten hacer.
Puede que sí, ¿Pero gracias a qué ha sido esto? Pues muy sencillo, las bajadas de sueldos privados y públicos, los despidos masivos, los cierres de empresas, la reducción de “gastos” del Estado pagando menos pensiones, médicos, maestros y privatizando sectores públicos.
Pero sobre todo inyectando miles de millones de euros a los bancos y destruyendo las cajas de ahorros al tiempo que vendiendo deuda pública a esos mismos bancos para que ellos se enriquezcan con los intereses, es decir comprando al final dinero a los mismos a los que a su vez les ha inyectado dinero.
Y ¿lo del turismo? Camareros y camareras baratas y sin contratos, con horarios de peón agrario del 1951 y sin ningún derecho a la protesta. Sangre joven y preparada sirviendo copas de sol a sol o de puesta de sol al amanecer.
En Andalucía, con menos empleados han atendido más turistas que antes de la crisis. Ese es el secreto de la mejora económica: seis millones de personas paradas, contratos precarios, sueldos congelados en el mejor de los casos y más cara la luz, más dinero para la banca y menos para becas y hospitales.
Ese es el secreto ¿Demagogo? No, es que escribo en román paladino -en claro y llano- lo que está pasando.
Por si acaso y empezamos a decir las cosas por su nombre, igual la gente se entera y se acaba el silencio de los corderos. (...)" (Carlos Martínez, Attac España, 29/12/2013)
"(...) En suma, el año termina con una población activa en desbandada, con más de 500.000 parados adicionales, cerca de la deflación, con unas cifras de actividad industrial, de comercio en recesión, y sólo el turismo internacional ha aliviado en parte las cifras del crecimiento a final de año.
El espejismo de las exportaciones se ha acabado ya a final de año y
el triunfalismo del capital extranjero no tiene apenas impacto en las
economías domésticas. Todos los indicadores de desarrollo están
retrocediendo, y la población envejece, sin que se atisbe un cambio
estructural en su evolución.
La maternidad es un lujo y encima se
atropellan los derechos de las mujeres a ser madres cuando lo deseen. En
conclusión, no hay ningún elemento positivo que justifique la
propaganda y el triunfalismo, por más que el INE se esfuerza por dar
tímidas alegrías al Gobierno. (...)" (Alejandro Inurrieta, Cuarto poder, 30/12/2013)
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