"(...) En todo caso, el debate se ha animado lo bastante como para provocar
una airada reacción de los expertos que afirman que la desigualdad no es
para tanto.
Se equivocan.
El mejor argumento para restar importancia a la desigualdad es el
estado de depresión de la economía. ¿Acaso no es más importante
recuperar el crecimiento económico que preocuparse de cómo se
distribuyen sus beneficios?
Pues no. Para empezar, aunque solo se tenga en cuenta el impacto
directo de la desigualdad creciente en los estadounidenses de clase
media, no cabe duda de que el problema es grande. Además, es probable
que la desigualdad haya desempeñado un papel importante a la hora de
crear el caos económico en que nos encontramos, y crucial en nuestro
fracaso para salir de él. (...)
Empecemos por las cifras. Por término medio, los estadounidenses
siguen siendo mucho más pobres ahora que antes de la crisis. Para el 90%
de las familias que están en lo más bajo, este empobrecimiento refleja
que el pastel económico se está reduciendo y, al mismo tiempo, que la
participación en él es cada vez menor.
¿Qué es más importante?
Sorprendentemente, la respuesta es que las dos cosas son más o menos
comparables. Es decir, la desigualdad está aumentando con tal rapidez
que a lo largo de los últimos seis años ha lastrado tanto los ingresos
del estadounidense medio como pobres han sido los resultados de la
economía, si bien el periodo incluye la peor depresión económica después
de la década de 1930.
Desde una perspectiva más a largo plazo, el aumento de la desigualdad
pasa a ser de lejos el factor individual más decisivo para explicar la
caída de los ingresos de la clase media.
Aparte de eso, cuando se intenta entender la Gran Recesión y la no
tan grande recuperación que siguió, el impacto económico y sobre todo
político de la desigualdad proyecta una larga sombra.
Ahora hay un amplio acuerdo en que el endeudamiento creciente de las
familias contribuyó a preparar el terreno para nuestra crisis económica.
La explosión de la deuda coincidió con el aumento de la desigualdad, y
es probable que ambas cosas estén relacionadas (aunque no es
irrebatible).
Después de que estallase la crisis, el trasvase continuo
de los ingresos de la clase media a una pequeña élite lastró la demanda
de los consumidores, de manera que la desigualdad tiene que ver tanto
con la crisis económica como con la debilidad de la recuperación
posterior. (...)
Así que el presidente tenía razón. La desigualdad es, sin lugar a dudas,
el desafío que caracteriza a nuestra era. ¿Vamos a hacer algo para
enfrentarnos a él?" (
Paul Krugman
, El País, 22 DIC 2013)
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