"(...) La asamblea semanal de la Asociación de Vecinos
se celebra en unos barracones con carácter provisional desde hace por
lo menos veinte años. Dentro, unas cincuenta personas escuchan el orden
del día.
Muchos nuevos pobres y algunos que antes de la crisis ya
caminaban el alambre: inmigrantes hipotecados, ex obreros de la
construcción, tenderas que han tenido que bajar la persiana, antiguas
empleadas de servicio, endeudados de todo tipo, parados desde hace meses
o que han perdido la cuenta de cuándo fue su último trabajo, marroquíes
pensando en regresar mientras los niños corretean entre sus piernas. (...)
En la asamblea de la Asociación de Vecinos, José Miguel lee la
sentencia del juez que tiene palabras como “ha lugar”, “expedita”,
“apercibiéndola”, “condena a costas” o “apelación”. José Miguel no
entiende, entre todos —y un poco en desorden—, se traduce. El juez le
insta a abandonar la casa que está ocupando bajo amenaza de desalojo y a
pagar una multa por el derecho a ser juzgado.
Los que ocupan no son
bien vistos por la justicia, aunque tengan tres hijos en una ciudad
donde te multan por dormir en un banco. A José Miguel le negaron hasta
el abogado de oficio. Lo más fácil es irse a otra casa de las 700 que,
se calcula, hay vacías en el barrio. Muchas, muchísimas, ya están
ocupadas.
Hay tantas, que en un mismo bloque pueden llegar hasta seis.
La Asociación de Vecinos apoya esta práctica siempre que sea en
propiedades de entidades financieras o inmobiliarias. Nadie en la calle,
nadie fuera del barrio. También se pide alquiler social, aunque a veces
ni siquiera eso se pueda pagar.
Simplemente no hay dinero.
Una tarde o una mañana cualquiera se ve
gente en la calle en horas de oficina. La cifra de paro del barrio
escala posiciones. Digamos que, por suerte o por desgracia, hay
contingente para parar desahucios. Y para hacer permanencias, repartir
alimentos, acompañar a juicios, cuidar niños de otros. Las mil y una
tareas que organiza la Asociación de Vecinos. (...)
Ahora en la asamblea, Fili, el presidente —cuarenta años de militancia
barrial y bigote de espadachín—, da una buena noticia: por fin el
Ayuntamiento ha accedido a sus demandas de montar un centro de formación
y un banco de alimentos. Para conseguirlo han estado ocupando un
espacio donde el Alcalde Trías imaginó un Fab Lab, una suerte de centro de tecnología avanzada con impresoras 3D —con un presupuesto de más de dos millones de euros— (...)
El agosto pasado, la Asociación de Vecinos lo ocupó para utilizarlo como banco de alimentos autogestionado. (...)
Esta no es la primera acción reivindicativa o de desobediencia que
llevan adelante. Han hecho muchas desde que empezaron a parar desahucios
en el 2011 con la ayuda de 500×20
—organización dedicada sobre todo a temas de alquiler— y también de la
PAH.
No hay cifras oficiales, pero los vecinos hablan de una de cada
cinco viviendas en proceso de desalojo, ya sea en propiedad o de
alquiler. Ellos mismos le han dado nuevo nombre al barrio:
Villadeshaucio. A algunos vecinos no les gusta. Piensan que la mala
imagen puede hacer bajar el precio de sus propiedades. (...)
Desde los primeros desahucios, una riada de gente se ha sumado a las
asambleas y las acciones. Como dice Cubi, a medida que ha ido
desapareciendo el dinero del barrio, la Asociación de Vecinos se ha
convertido en “gestora de la pobreza”. Sin embargo eso ha hecho resurgir
la movilización. (...)
El distrito pobre de la Barcelona rica, sin embargo, disfruta desde
entonces de un tejido asociativo sólido que ha hecho posible ahora una
plataforma como Nou Barris cabrejada
–una coordinadora de más de 100 asociaciones—. Coreografías
organizacionales para conseguir ser oídos por el ayuntamiento de CiU— (...)
En Nou Barris —lo saben desde siempre— hay que pelear cada columpio,
cada beca comedor aunque sea ocupando la Sede del Distrito. Una sede que
tiene que ser continuamente protegida por antidisturbios. La última
vez, allí mismo, los vecinos conformaron su propia cadena humana, cada
uno con una letra que componía las palabras: alimentos, vivienda,
trabajo.
Sin esa “gestión de la pobreza” que hacen las asambleas de vecinos la
explosión de la burbuja haría derramarse un líquido mucho más viscoso,
más difícil, más racista, más violento que el de la protesta ciudadana.
Estas cosas cuenta la gente que acude a la asamblea de vecinos de
Ciutat Meridiana un jueves cualquiera. La de hoy termina con aplausos
por las pequeñas grandes victorias y porque la semana que viene hay
concurso de tortillas en el mercado." (Diario de un retorno, 11/03/2014)
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